Eureka / Un verano para Encontrarte

Capítulo 32. «¿Donde esta Cristina?»

¿Donde esta Cristina?

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Cinco semanas atrás...

Observaba el techo sin poder conciliar el sueño. Había montones de preguntas lloviendo dentro de la cabeza de la mujer castaña de mediana edad que yacía sobre el colchón matrimonial en aquella habitación.

«¿Qué hace mi sobrino aquí?»

«¿Está sucediendo algo malo... de nuevo?»

«¿Debería llamar a Richard para pedirle una explicación?»

«Es demasiado tarde» Pensó entonces.

O debería decir: demasiado temprano. Ya eran más de las cinco de la madrugada para ese momento, lo más propicio era esperar que al menos saliera el sol. Luego de eso podría obtener todas las respuestas que necesitaba.

Aunque no lo podía negar, se sentía feliz, tener al menos a uno de sus sobrinos en casa, luego de tantos años era algo maravilloso. Ella jamás estuvo de acuerdo con su hermano por alejarse de aquella manera. Por dejarla sola. No valían de nada los cheques mensuales que le hacía llegar si no podía tener lo más importante, a su familia consigo.

Andrew Williams ha sido un gran apoyo, un perfecto compañero de vida, un gran amor. Pese a su complicado trabajo, a su horario de locos, y a sus constantes viajes, por encima de todo eso, conocerlo para ella fue una especie de salvación, y en parte eso era gracias a su hermano, de no ser porque él había contratado a un agente especial para que monitoreara la seguridad de Cristina desde hacían diez años atrás, Andrew y Cristina jamás se hubieran conocido.

Anteriormente quien que se encargaba de ella era otro agente, pero éste, por presentar algunos problemas personales se vio obligado a cederle el trabajo a su colega y amigo Andrew W., quien no pudo mantenerse alejado de tan preciosa mujer, ella lo cautivo, y él de a poco dejo de cuidarla desde las sobras, para hacerlo desde su propia cama.

Sin embargo, para la castaña con cuerpo de adolescente, tener a un guapísimo novio, uno que la hacía sentir amada, protegida y sobre todo envidiada, no era suficiente, la ausencia de su familia se había estado acentuando en ella cada vez más.

Ese pensamiento la hizo recordar aquel día. La última vez que había visto a su hermano.

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—Me tengo que ir, quedarme es peligroso para ti Cristina, quien intentó matarme puede volver, Luke hoy pagó por mis errores. Jamás me perdonaría que tú también terminaras pagando por ellos —esas fueron las palabras que uso Richard con su hermana luego del asesinato de su cuñado, el mismo día en el que también murió...

—¡Ya! Basta, deja eso ya —gritó ella arrancándole las prendas de las manos que él intentaba guardar apresuradamente en la maleta. Ni si quiera había tenido tiempo de procesar que su marido estaba muerto y ahora también eso. Su hermano huyendo como un fugitivo de la ley—. ¿Qué mierda está pasando? ¿Quién lo mató? ¡¿Quién quiere matarte a ti?! ¿Le debes dinero a alguien? ¿Estás en un negocio chueco? ¡Mierda! ¡Dime! ¿Qué está pasando? —ella gritaba histérica dentro de la habitación. Su marido seguía en la morgue. Ella ni siquiera lo había visto su cuerpo aún. Nada de eso parecía real.

No podía ser real.

No podía estar muerto.

¡No!

—¡No! Nada de eso. Ya le dije a la policía que no tengo ni puta idea de quién está detrás de todo esto. Lo único que sé es que esa jodida bala iba para mí. Y solo conozco a una persona en la vida que ha intentado matarme ¡Y eso sería imposible! —gritó tirando de sus cabellos con desesperación—. No sé qué mierda esta pasando. Pero no dejaré que te dañen a ti. No por mi culpa.

—¡Richard! Basta. No seas absurdo ¿Como vas a protegerme dejándome sola? Luke está muerto... —su voz se quebró pronunciando esas palabras—. Y, y ahora tú también me vas a dejar...

—Yo nunca te dejaría desprotegida, eres mi hermanita, créeme cuando te digo que ya tengo todo planeado, tú vas a estar bien —prometió—. Te amo Cris, te amo tanto que no puedo permitir que corras peligro. Mi presencia aquí es sinónimo de eso. El funeral Luke va a ser un punto fácil para que me encuentren nuevamente. No me puedo quedar, lo siento mucho, pero te pido, entiéndelo... —rogó esta vez más calmado, tomando el empapado rostro de su hermana entre sus manos para luego darle un fraternal beso en la frente—. Luke era mi mejor amigo, yo jamás me voy a perdonar por esto. Pero al menos, por favor, perdóname tú. Perdóname...

La joven mujer no pudo contenerse más, un llanto torrencial fue atrapado por la camiseta de su hermano, la misma que seguía salpicada con la sangre de su esposo, Richard la apretó con más fuerza contra su pecho mientras, sin poder evitarlo dejó que sus lágrimas también corrieran por sus mejillas.

«¿Por qué?» «¿Por qué nos pasa todo esto?» Se preguntaba el castaño al tiempo que aspiraba el aroma de su hermana. Uno que pretendía guardar en su memoria, para jamás olvidarse de ese trozo de su corazón que iba a dejar aquel día en ese pueblo.

Su corazón se estrujó un poco más, porque en ese momento fue consciente de que irse no solo implicaba dejar a su hermana. También significaba renunciar para siempre a la mujer que seguía amando con cada célula de su ser.



Pao Molina

Editado: 29.10.2020

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