Eureka / Un verano para Encontrarte

Capitulo 42. «¿Tu vida o la de ella?»

Music: The Scientist By Coldplay

¿Tu vida o la de ella?

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Diez veranos atrás.

—¡Estoy cansado de esto! —recriminó el joven apoyado contra el umbral dela habitación—. ¡Estoy cansado de verte así, joder!

—Entonces deberías vendarte los ojos —rebatió ella con amargura, y se arrepintió al instante ¿Qué estaba haciendo? Ella no era así, al menos no solía serlo—. Lo siento... maldición, perdóname —rogó con un nudo en la garganta hundiendo su rostro en la esponjosa almohada—. Yo, ya no puedo más. Simplemente no puedo...

El joven suspiro con pesadez, compadeciéndose de la hermosa mujer que tenía en frente, de su esposa... Acortó la distancia que los separaba dando un par de lentos pasos hasta la cama, y luego, con suma delicadeza se sentó sobre ella antes de posar una mano sobre la rojiza cabellera de la muchacha, que con sus treinta y tres años no era precisamente una niña, pero su ternura e ingenuidad la hacían lucir como una.

—Hel... —pronunció el diminutivo por el que solía llamarla con una suavidad determinante, ya no podía verla más de esa manera, lo odiaba, él la amaba demasiado como para soportar un día más viendo cómo se autodestruía, ya ni siquiera le encontraba sentido, ya no—. Tienes que decírselo —le aconsejó, ella de inmediato negó con la cabeza aun hundida en la almohada—. Si no lo haces tú, entonces se lo diré yo —se levantó de la cama de golpe, decido a cumplir con su palabra.

—¡No! —se apresuró ella a negar reteniéndolo por un brazo—. ¡No te atrevas, Eric!

—Ya han pasado ocho años, por el amor a Dios ¿No te parece eso suficiente? Tienes que decírselo.

—No lo entiendes, no puedo hacerlo, yo... es que... —en ese momento quiso soltarlo, quiso contarle la verdad al único hombre que había estado para ella siempre, a su mejor amigo, pero... ¿Cómo contarle algo tan atroz, algo que había estado soportando durante años? No podía, él no la iba a entender, muchos menos iba a perdonarla por ocultárselo, por eso en cambio le dijo—: Simplemente no puedo, ella es mi hija y lo tienes que respetar.

—¡También en mi hija! —recalcó con cierto enfado—. Esa niña es tan mía como tuya, y aunque me duela admitirlo, y aunque siga odiando a ese infeliz por lo que te hizo, el muy miserable ha demostrado ser un buen padre, y tanto él como Emma se merecen la verdad.

Las palabras quemaron al pasar por su garganta, pero era cierto, él lo sabía. Amaba a esa pequeña pelirroja de sonrisa dulce y de voz angelical más que a su propia vida, pero algo tenía claro y era que por mucho que le costara admitir, esa niña no era de él, no genéticamente hablando, por lo menos.

—¿Dónde está ella? —preguntó la pelirroja con repentina preocupación, haciendo caso omiso a las palabras de su esposo.

—Con Anny —respondió él con el ceño fruncido, sin comprender, los verdosos ojos de ella se ampliaron ante la respuesta—. ¿Qué sucede? —le preguntó sintiendo que ella le ocultaba algo, algo importante.

Helen vaciló en responder.

Al mismo tiempo la pequeña Emma jugaba en el jardín trasero de la casa de su abuela con su hermano Oliver, como era costumbre durante el verano, su verdadero progenitor los observaba con una sonrisa en los labios desde la ventana trasera en la casa de al lado, dando pequeños sorbos a la taza de café que sostenía entre las manos, en tanto, su mente solo podía pensar en el gran parecido que tenía esa niñita revoltosa y volátil con la mujer aún él seguía adorando, pensaba en la dos veces que la había perdido, imaginándose que quizás las cosas pudieron resultar diferentes si no se hubiera equivocado la primera vez, soñando con ser él quien hubiera colocado el anillo en su dedo anular, imaginando que esa pequeña, a la que observaba correr con una varita en la mano mientras perseguía a su hijo menor entre los grandes árboles, podría haber sido suya, negando con su cabeza para reprocharse nuevamente por sus errores, por lo jodidamente estúpido que había sido, y recordando lo que había sucedido entre ellos el día anterior:

✯✯✯

Richard caminaba por una acera bastante concurrida en el centro del pueblo, su cabeza no paraba de pensarla, como siempre sucedió cada año cuando ponía un pie en el lugar, decidió que las paredes de la casa ya comenzaban a asfixiarlo y se tomó la molestia de salir al sol y dar un paseo por los alrededores, y entonces ocurrió, sucedió eso que llevaba días deseando que pasara: La vio.

Allí estaba ella.

Sentada en una mesa a las afueras de Taylor's Lunch & Bar.

Su corazón se saltó un latido.

«Está tan hermosa como siempre» fue lo único en lo que pudo pensar.

Con las manos cosquilleando y la frente sudorosa se apresuró a cruzar la calle, ella se estaba poniendo de pie, dejando un billete sobre la mesa y reacomodando sus gafas de sol sobre su tabique.

«Esto es real» Se dijo para reafirmar lo que sus ojos veían «Es ella»

La vio alejarse, el volado amarillo de su vestido bailando entre una ráfaga de brisa que azotó el momento, él hipnotizado con la imagen, dando pasos por inercia para alcanzarla, el claxon de un auto que casi lo atropella al cruzar, el hombre asomando su cabeza por la ventanilla, «Suicida» le gritó muy alto, Helen a unos metros dándose vuelta para observar lo que suscitaba, y al final... sus ojos se encontrándose.



Pao Molina

Editado: 29.10.2020

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