Fea.

Y así empieza esta historia.

Llegué a casa un poco desanimada.

Papa estaba en la cocina, cantando y cocinando al mismo tiempo. Mi padre es una persona excéntrica, más bien, muy raro, es el tipo de persona que tiene una canción para cada comida, pero como solo sabe cocinar unas cuantas cosas, apenas y son 6 canciones.

Hoy vamos a comer espagueti, perfecto para ponerle la salsa que aún tengo en el cabello

- Hola pa’ – saludé entrando a la cocina

- Hola, June… Wow, ¿y esa camiseta de marca?

- No es lo que piensas – acorté.

Subí de dos en dos las escaleras y al llegar a mi cuarto me quité la camiseta de Connor para reemplazarla por la del trabajo. Me recogí el cabello en una cola de caballo y me puse una gorra para disimular un poco los cabellitos que se levantan en la parte del frente, siemrpe olvido como se llama, pero sé que tiene un nombre. 

Lo googlearé después. 

Me hice una nota mental para meterla en la lavadora y plancharla antes de devolvérsela mañana. Con algo de suerte no lo encontraría extraño. Tomé el post-it pegado al calendario de mi pared para verificar que tocaba hoy. 

Al parecer la mayoría del trabajo estaba hecho pero aún tengo que aceitar el auto de la señora Louis.

Salté del último escalón al bajar y papá me miró.

- ¿vas a pasar metida en el taller de nuevo? – preguntó el

- Tengo que hacer algunas cosas – sonreí

- Tan cabeza dura como tu madre.

Ante la mención de mamá paré en seco. Dos pasos atrás y me senté a su lado en la mesa, mientras el cortaba los hongos. Tomé la funda de las pasas, aunque las detesto, ya me había acostumbrado a su sabor en el espagueti que preparaba papá. 

- ¿por qué lo dices?

- Siempre era así de obstinada, a tu madre nunca le gustó que tu jugaras en el taller, por eso siempre estaba inventando nuevos juguetes y distracciones con los materiales que sobraban de los carros chatarrizados. Tu favorito era ese oxidado conjunto de cables, según tu madre era un dinosaurio, pero yo estaba seguro de que era una pelota – dijo riendo, también solté una risita – cuando tu madre murió botamos todos los juguetes, ¿recuerdas? – preguntó y asentí – pero hice esa pulsera para ti usando los cables del dinosaurio

Miré la pulsera en mi muñeca y pasé los dedos sobre ella casi con cariño; segura de que mamá también lo había hecho. Todo lo que hacía lo hacía con amor. Nunca lo diré en voz alta pero hasta ese segundo yo estaba convencida de que el juguete era de Oscar, el come-galletas.

- Gracias por contarme – le dije en un susurro a papá y él sonrió con melancolía.

Papá realmente amaba a mamá. No tengo muchos recuerdos de cuando era niña, pero sabía que había algo en los ojos de papá que se había apagado desde la muerte de mamá. Me hacía cuestionarme si, de seguir viva mamá, mis padres serían de esos matrimonios que salen en las revistas de inmobiliaria con tres hijos rubios y un gloden retriever. 

Nunca me contaba de mamá, por eso cuando lo hacía intentaba recordar las palabras tal y como él las decía, luego, antes de dormir, las hacía mi mantra.

Abracé a papá con algo de diversión y rápidamente terminé de cortar los hongos robándole el cuchillo. Bajé al taller después de un corto ``me guardas la comida´´

Ahora mucho más feliz, comencé a hacer mi trabajo toda cantarina. Suena estúpido, lo sé, pero  había aprendido a ser feliz con cosas minúsculas, ya que las grandes jamás llegaban. 

Justo entonces escuché el claxon de un carro desde afuera, mi corazón de aceleró un poco al pensar que podía ser Connor, pero me obligué a mí misma a desaparecer ese sentimiento. Connor tiene novia... Y no eres tú. 

Aun así contuve el aliento cuando abrí el garaje.

Este también era un auto último modelo, pero definitivamente no era el de Connor. Se introdujo en el garaje y apagó el motor una vez dentro.

Limpié un poco mis manos en mi ropa. El conductor se bajó del auto con el celular en mano y me dispuse a soltar la cancioncilla repetitiva de ''Bienvenido al taller de Katy, ¿En qué puedo ayudarle?''. La primera palabra se me atoró en la garganta al reconocer el cabello castaño claro y los bíceps de ensueño. Misma altura, mismo estilo, mismas pestañas kilométricas. 

No había duda; era Alex Klein. 

El me miró de reojo mientras respondía un mensaje de texto, apagó su celular y me dedicó toda su atención. Al ver mi expresión incrédula sonrió apenado

- Hola – saludó

Sacudí la cabeza con fuerza y me centré en mi trabajo

- Hola… ¿Cuál es el problema? – pregunté un poco ansiosa de poder curiosear en este auto

Nunca había puesto las manos en uno de estos y sinceramente ya me estoy llenando de expectativas, ¿tal vez es el rumoreado motor de 4 tiempos ? Creo que mis ojos pueden llegar a brillar. Tal vez. Con unos segundos más y una pizca de morfina.

- No hay ningún problema con el auto

- Eh… esto es un taller – avisé un poco incómoda

Él sonrió divertido. Una sonrisa digna de este carro, en realidad.

- Lo sé… verás, June… ¡es Logan! – exclamó – el hijo perfecto, el novio perfecto, el compañero perfecto, ¿y yo dónde quedo? Mamá siempre dice que Logan heredará la compañía, lo entiendo porque soy el menor, pero es como si lo dijera porque no soy lo suficientemente capaz de hacerlo – dijo todo esto y se detuvo para tomar aire

Y yo no podía estar más sorprendida, ¿por qué esta diciendo todo esto? Es más; ¿por qué a mí?

- Entonces… ¿viniste para hablar? – pregunté y eso pareció sacarlo de sus pensamientos.

- Espera, estoy en medio de mi actuación dramática – me susurró y solté una bufido, estupefacta – mi hermano es mejor que yo en todo, incluso tiene mejores notas que yo… esta vez quiero que sea diferente, tengo puesto el ojo en una chica pero a Logan le gusta también, ya no quiero ser la sombra de mi hermano.



Kity

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En el texto hay: comedia, romances, complejo

Editado: 12.01.2021

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