Gamaliel

CAPÍTULO 2 Jueves, 25 de junio de 2009. Noche

Tengo la cara llena de mierda… y no estoy hablando figurativamente, no estoy haciendo de esto una metáfora porque alguien con mal aliento me esté hablando cerca o porque un mitómano me cuente sobre sus posesiones ficticias que solo él ve, cuando lo digo es porque mi rostro esta clavado en el suelo y tengo toda la cara embadurnada de las gracias que los anímeles hicieron en todo el día, y no sé qué rayos comieron pero como nota mental (no volverles a dar de comer lo mismo) mi pecho también se embarro, el mal olor y la sensación es sumamente asquerosa, no cargo franela puesta, y cuando intento levantar la cabeza, una bota me presiona hacia abajo para que siga admirando el arte abstracto de los perros, también hay barro, ha estado lloviendo todo el día, estoy sobre mis rodillas y me duelen, también me duele el abdomen, por una patada que me dieron justo en el centro, donde ningún musculo protege, esta todo oscuro y lo único que veo son luces de linternas y celulares, también puedo oír una conversación a lo lejos, parece ser la voz de papá y mamá, hablan con otro hombre, a él no lo he escuchado hablar antes, tiene una voz ronca, pero desagradable y autoritaria, déspota podría decir. Los demás sonidos aunque hay muchas voces suenan como ruido y nada más, hay insultos, risas burlonas y muchas preguntas.
Hace como quince minutos atrás estaba teniendo un buen sueño, la modelo del calendario de la puerta de mi habitación estaba presente y a punto de besarme cuando… un sonido seco me despertó, me levante de un brinco de la cama, están tumbando la puerta principal de la casa… entre despierto y dormido, me dispongo a ver qué pasa y que quieren, me encuentro a mi hermano en el pasillo y me dice, «es la policía, están tumbando la puerta, tienes que esconder el arma». Por un momento me quede pensativo, “el arma” ¿Cuál arma?, entonces lo recordé, una vieja y oxidada escopeta recortada que estaba detrás del frigorífico, tengo que admitir que la situación me tomo por sorpresa y los nervios me desesperaron y no me permitieron pensar con claridad, estaba asustado, corrí y saque el arma de donde estaba y me disponía a lanzarla al patio en medio de aquel caos, sonaban los ladridos de los perro, el retumbe de la puerta mientras recibía patadas y unos otros caminaban por el techo de láminas de Acerolit , hundiéndolo y dañando todo.
No me di cuenta que ya estaban en el patio y cuando llegue donde colocaría el arma, una luz me apunto directo a los ojos y me cegó, fui a dar la vuelta para regresar pero… otro, ya estaba detrás de mí, y en ese instante llegaron otros tres, saltaron por la casa del vecino, con quien compartimos una media pared, no vi una buena razón para seguir escondiendo la vieja escopeta de ellos y simplemente me quede de pie esperando para entregarla, después de todo el cargo por posesión de arma que era lo que me podían aplicar, no dura mucho tiempo en disolverse, cuando mucho serán tres días, —pensé— (lo que ocurre es que si presentan cargos, no pueden quedarse con las incautaciones y por lo tanto te suelan a las 72 horas y no te regresan nada). Uno de los agentes, me apunto su vieja mágnum a la cabeza, mientras otro me arrebato la escopeta que no estaba cargada, «nunca lo estaba» yo no me resistí, pero aun así sentí el mango de la pistola en la nuca y un golpe en la cara, pensé en defenderme, los oficiales de policía que me rodeaban eran unos debilucho, me llegaban al pecho cuando mucho, —lo pensé— pero no lo hice, no hubiera servido de nada, ellos tenían el poder de acallarme y mi familia estaba presente, el que estaba detrás me maniató con las esposas y apareció uno más grande, un poco más que yo, ese comenzó a preguntarme, donde estaba el arma homicida y me golpeaba el abdomen y los costados, anteriormente hacia muchos abdominales y los golpes no parecían la gran cosa así que no me inmute, mientras más golpeaba yo lo miraba con más superioridad, tendría que durar un buen rato para que sintiera algo, la situación hizo que se desesperara y me dio una patada con esas botas pesadas de policía, las que todos llevas, en ese momento me saco el aire y escupí un poco de bilis y sangre, rápidamente me incorpore e hice como si no fuera nada, eso provocó la ira de todos los demás quienes me comenzaron a golpear y escupir mientras me maldecían, me decían groserías mixtas y variadas, y murmuraban “¿Qué se siente, mata policías?” por fin las piernas me comenzaron a fallar, sentía la sangre, la bilis y la cena revueltas en mis entrañas, caí sobre mis rodillas en el barro y enterraron mi cara en el estiércol de los perro y el barro con una bota, la misma talla 42” que me dio en la barriga.
El sonido de la conversación de mi familia con el que llevo a esa bola de barbaros, se fue aclarando y escuche una parte:
-¿Por qué, entra a mi casa de esa manera y maltrata a mi hijo? Pregunto mi padre.
-Me disculpo señor, no debieron hacer nada mientras yo no estaba, tendrán sus reprimendas. Estamos siguiendo una investigación que nos llevó hasta este lugar. Hay testigo que afirman que su hijo está implicado en un delito que se cometió, hace unas horas atrás, además tenía un arma ilegal en su posesión y solo por eso tengo que llevármelo.
-Pero él es inocente, tiene todo el día aquí y no ha salido a ningún lugar. Dijo mi madre.
- Señora, todas las madres dicen lo mismo, pero la realidad es que siempre tienen a un demonio entre sus faldas. Dijo eso mientras se acercaba a mí.
- De igual forma usted entro en esta casa sin ninguna orden y de manera arbitraria, daño la puerta, dañaron el techo y golpearon a uno de mis hijos tanto que escupe sangre. Prosiguió papá.
La bota que me hacía presión contra el suelo se quitó y me levantaron la cara, para que el pudiera verme. Entonces lo vi, el rostro de quien se encargó de la operación para capturar a un zapatero. Aquel que trajo consigo un montón de asesinos con un uniforme que les permite hacer lo que les venga en ganas. Un maldito pelón de ojos marrones y una nariz grande, tenía una barba bien cuidada en forma de candado. Me miro, y en su rostro vi que se dio cuenta de algo, su expresión decía, “me equivoqué” pero su orgullo, lo hizo ponerse de pie y hacer como si nada. También vi que se trataba de alguien astuto, sus ojos lo decían, los ojos de una serpiente.
Volteo a ver a mi mamá y le dijo, —bueno de todas formas traía un arma consigo. No se preocupe señora, el muchacho sale en tres días—.
Con eso salió, y me arrastraron detrás de él, —las piernas no me respondían— me montaron en la patrulla y comenzó mi traslado a… las puertas del inframundo. Ese es sin duda el recorrido más largo que he dado, parecía que no llegábamos nunca al destino, están teniendo conversaciones de cómo pueden hacer que hable y confiese. «Yo me pregunto ¿Hablar de qué? ¿Confesar que cosa?» uno de ellos propone que es mejor matarme y dejar de pensar en el asunto, entonces sus conversaciones cambian y se centran en la mejor y más dolorosamente forma de asesinarme. Hay mucho frio, no cargo franela o algo que me cubra el pecho, estoy descalzo, me duele todo y la posición en la que quede es muy incómoda, pero por alguna razón en determinado momento, cuando acepte lo que ocurría y comencé a escuchar sus palabras e insultos en voz baja, cerré los ojos y deje de oírlos, sentí una calma que no puedo describir bien, y apareció ella, lo único que evoco mi mente en ese momento fue su rostro, el de la única mujer que de verdad llegue a amar, «después de mi madre» Cris … su hermoso rostro invadió mi mente y no tenía miedo, ni dolor, ni ansiedad. “Cris me estas rescatando otra vez”… ¿Qué hubiese pasado si estuvieras a mi lado? Tal vez le estarías gritando maldiciones a quienes me llevaron, o quizá te hubieras puesto delante de la patrulla para impedir que avance. No lo sé, no estas. Pero en vez de dolor, esta vez al recordarte me siento bien, sosegado. Gracias por darme la fuerza solo con tu recuerdo Cris... Después de eso el camino se hizo más corto, solamente pensé en ella y nada más, solo su rostro sonriendo, no me di cuenta, cuando el auto se estaciono. Todos abrieron sus puertas y bajaron del auto. Me sacaron y me lanzaron en un cuarto oscuro donde se oía el eco de lo que ocurría afuera.
Ese se convirtió en el día que, por fuerza y vasallaje, se me arrebato la capacidad de elegir donde quería o no estar, simplemente no me dieron opción ni oportunidad de defenderme, me quitaron “la libertad”.



Roberth A.R

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En el texto hay: amor, romance, carceles

Editado: 13.12.2018

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