Herederos: El PrÍncipe De Hielo

I

―Príncipe, esta será la agenda de la princesa de Ilis ― empieza Bernard, mi ayudante, hijo del consejero real, es un chico menudo apenas graduado de la secundaria, su cabellera rubia aun tiene vida propia y es difícil de domar, sus ojos dorados tienden a cambiar de color según sus emociones, pero mas que nada, fuera de estas paredes es mi mejor amigo ― Se espera que arribe al país esta tarde, en compañía de sus doncellas y guardia. Sus aposentos serán en el ala norte del castillo, el Rey ha ordenado que la guardia real custodie el castillo.

Tamborileo con los dedos en el escritorio, debo pensar algo, pero primero necesito saber y Lyris está de acuerdo con toda esta farsa, o al igual que yo se ve obligada a hacerlo.

―El día de mañana, tendrá audiencia con la Reina en horas de la mañana.

―Solicita una audiencia con la princesa.

Alza las cejas con sorpresa y se aclara la garganta.

―Por ordenes del Rey de Ilis, únicamente la Reina puede encontrarse con la princesa.

Suelto un bufido, por supuesto que no esperaba que fuera sencillo, pero esto es demasiado, ¿Qué es lo que intenta esconder el Rey?. Es posible que la princesa no sea tan grácil, como se espera. Normalmente no seria algo que me molestaría, somos personas por igual. Pero este caso es la excepción, necesitaba la mínima excusa para cancelar todo.

A mis veinte y dos años, esperaba tener unos cuantos años mas de paz, antes de dedicarme por completo a Hannover. No se que le dio a mi padre por apresurar las cosas.

Si mi madre es la única que puede encontrarse con la princesa, entonces tendré que convencerla para que me ayude. Es la manera correcta de hacerlo, la incorrecta sera colarme a la habitación de la princesa y no estoy seguro de si saldré vivo de hacerlo.

―Bernard, no puedo seguir con esto adelante, todo dentro de mi, dice que detenga esta locura.

Deposita la tablet encima del escritorio y se sienta frente a mi.

―No puedes decirlo en serio, Hale, todo esta preparado para esto, además si la boda no se realiza es posible que haya consecuencias, Ilis es un reino hermano, pero una afrenta así, lo puede convertir en enemigo.

Comienzo a masajearme las cienes, comienzo a tener jaqueca. Tiene razón, debí oponerme desde un inicio, ahora debía asumir la responsabilidad.

―No se que es peor, que se desate una guerra en este momento por cancelar el matrimonio, o que lo haga después cuando la princesa le diga a su padre que no es feliz.

Respira hondo mientras comienza a retorcerse las manos.

―La tienes liada, hermano.

―Nací con mi vida liada, eso no es ninguna novedad.

Asiente ayudándome a soportar el peso que tengo sobre mis hombros.

Su expresión cambia y se vuelve mas sombría.

―No tendrá que ver con la niña del pueblo a la que le hiciste esa promesa ridícula.

No había querido admitirlo, ni siquiera a mi mismo. Ese era un capítulo de mi vida del que pocas personas conocían.
 

Ambur, Hannover 2009

Miro los muros de la secundaria, nunca he podido ver que hay detrás de ellos y no creo que pase nada por darle un vistazo.

Reviso a mi alrededor, verificando que no haya nadie, ¡perfecto!.

Camino a hurtadillas a través de los arboles que se levantan imponentes hacia el cielo. El muro debe medir más de tres metros, pero esta un poco dañado, lo que me permite escalarlo con facilidad. Tendré que agradecerle a Bernard mas tarde, por enseñarme a trepar arboles.

Frente a mis ojos se extiende gran cantidad de bosque, cubierto por completo por la nieve. Siento un cosquilleo en todo el cuerpo por la adrenalina que fluye desmedida por mi cuerpo, una parte de mi sabe que debo regresar, pero otra me dice que siga adelante. Por Dios tengo quince años, no sucederá nada malo.

El bosque es espeso y no se escucha mas que el sonido de la nieve cayendo encima de sus copas, hay mucha paz en este lugar. Comienzo a aburrirme de ver el mismo panorama, camino por quince minutos más y suspiro decepcionado, esperaba encontrar algo mas emocionante.

Giro sobre mis talones y veo lo mismo, no me di cuenta cual es la distancia que había recorrido, la nieve cae mas y mas, borrando a si mis huellas y la única forma que tenia para volver.

¡Seré Idiota!

Esta fue una pésima idea, comienzo a cambiar sin rumbo. Camino y camino, no cambia nada, y la tormenta se esta volviendo peligrosa, debo encontrar un refugio rápido si quiero salir vivo de esta.

Diviso a lo lejos una cueva, sera lo mejor que pueda encontrar en esta situación, para este momento ya debieron darse cuenta de mi desaparición y dar el aviso para que me busquen, si , me digo, todo estará bien.

Eso espero...

Escucho un ruido detrás de mi, me sobresalto, el corazón comienza a latir acelerado, esto no fue una buena idea.

―¿Ha... hay alguien ahí?

Mi voz suena entre cortada, tengo miedo. Comienzo a pensar que no regresare a casa.

No hay respuesta, pudo haber sido un animal, si, si eso debió ser.

El silencio vuelve a reinar en la cueva, la tormenta azota sin piedad, así jamas podrán buscarme. El cuerpo comienza a entumecerse, la temperatura esta bajando rápidamente. Esto no pinta nada bien. Comienzo a sentir los parpados pesados, sé que no debo dormirme o sera mi fin. Pongo todo de mi en mantenerme despierto, pero cada vez es más difícil. El frío me cala hasta los huesos. Siento que este sera el fin. La oscuridad se apodera de mi.
 



Kath B. Carlton

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En el texto hay: realeza, amor, principe

Editado: 18.10.2018

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