Herederos: El PrÍncipe De Hielo

VII

Josabet

Actualidad

Reviso mi guardarropa de cabo a rabo, no tengo la más mínima idea de que debo ponerme. Hoy es el cumpleaños de la abuela Bridge y por primera vez la celebración será aquí, en Ambur. Lo que se traduce en que el Rey y la Reina vendrán, junto con el Príncipe y Lady Lyris, miro mi reloj de pulsera, de hecho falta poco para que lleguen.

―Aún sigues en esas fachas ― dice Coral entrando en mi habitación, algo que hace muy a menudo. Ruedo los ojos mientras me volteo.

Como no, ella esta despampanante en su vestido de encaje blanco sobre la rodilla y cuello en V, dando una buena vista de sus atributos, bajo mi mirada a mi pequeño pecho, pequeñas, nosotras podemos. Vuelvo mi vista al armario y dejo escapar un suspiro.

―No tengo idea que ponerme ― comento mientras paso mi mano a través de las prendas, o son mucho o muy poco.

Coral se para a mi lado, su cabello caoba cae a un lado de su cara.

―Pienso que este vestido te va perfecto ― me muestra un vestido blanco de corte recto, sonrió al verlo, fue regalo del abuelo Lex para el día de mi graduación, abrazaba mis pequeñas curvas de una manera fantástica ―Resaltará el color de tus ojos.

Mis ojos... es el aspecto más peculiar de mí, su color violeta me había llevado a tener más problemas que satisfacciones. Muchos los veían fascinados, otros solo como algo extraño. Para mí, el color de mis ojos siempre ha sido más una carga que una bendición.

―No deseo llamar la atención ― digo un poco brusca, definitivamente no quería llamar la atención, si podía pasar desapercibida como una roca a un lado de la carretera, sería feliz.

―No digas tonterías ― vuelvo a verla de frente, entrecierro un poco los ojos mientras hago un puchero.

―¡Te has maquillado! ― exclamo, en los dos años que llevamos viviendo juntas en el castillo Lennox, es la primera vez que la veo maquillada, es natural, casi imperceptible, pero está ahí. Coral es de esas bellezas, que no necesitan hacer nada para estar bella, podría vender un costal de yute, si lo deseara.

Suelta un suspiro, mientras sus mejillas se sonrojan. Esto es sospechoso.

―Ya entiendo, quieres impresionar al príncipe.

Me mira divertida, y suelta una carcajada que provoca que levante una ceja, ha perdido la cabeza.

―Al príncipe te lo dejo a ti― me guiña el ojo, deposita el vestido sobre la cama y sale por la puerta. Dejando en mis pensamientos, mi tortura personal, el príncipe.

Ese príncipe tonto, había cometido varias locuras por salvarle el pellejo. Si no fuera por mi, ya estaría tres metros bajo tierra hace mucho tiempo. Yo misma estaría en esa situación de no ser por Bridge. Tenía complejo de súper héroe con ese idiota.

Suspiro resignada, tomo el vestido y camino hasta el baño.

Confirmo una vez más que todo esté en orden, las habitaciones preparadas, la comida lista, estoy un poco obsesionada con el control, todo debe estar perfecto, para que no haya ninguna novedad, una vez los invitados estén aquí.

Bridge lleva semanas diciéndome, que viene su familia, que debería tratarlos igual que lo hago con ella y el abuelo Lex, pero lo que me pide no es nada sencillo, es nada más ni nada menos que la familia real y yo... bueno una arrimada que vive y come, gracias a la bondad de los Lennox. No hay punto de comparación.

Me doy un respiro, apoyo mi cuerpo en el lumbral de la ventana, cruzo los brazos frente a mi pecho y observo como comienzan a caer los copos de nieve, el invierno está en la puerta. Parece que tendremos una blanca navidad, como todos los años.

Bajo hasta las cocinas donde todos están tomándose un descanso, han sido unos días de trabajo duro. Le doy un beso a todos, nos conocemos desde hace mucho tiempo y los aprecio a todos.

Tomo asiento junto a Jared, hijo de Donovan y Paulie, empleados de confianza y toda la vida de los Lennox.

Jared es un alto ejecutivo en la empresa estatal de energía, por lo que pasa la mayor parte del año en la capital, es un hombre guapo y extremadamente sexy, su cuerpo bien trabajado y siempre impecable, los treintas estaban haciendo maravillas en él.

―¿Cómo has estado, Bet? ― la voz de Jared es tan suave como un ronroneo. Paulie coloca frente a mí un plato repleto de fruta, se me hace agua la boca.

―Un poco complicada, planificando la fiesta de la abuela Bridge, la universidad... ya sabes la vida en general.

Suelta una carcajada ronca, varios pares de ojos se vuelven a nosotros.

―Deberías considerar terminar tus estudios en la capital, sabes que podrás llegar a mi casa allá.

Comparto una mirada con Paulie, no es sorpresa para nadie que Jared se había fijado en mi la última vez que estuvo de visita, pero había sido clara en que no tenía ningún sentimiento hacia él, pero no por ello perdía oportunidad de dejarme en claro que aún está interesado.

―Pienso quedarme en Ambur, Jared. No puedo dejar solos a los abuelos.

Hace una mueca, y su semblante cambia.

Frunzo el ceño sin entender el cambio de actitud. Tomo un bocado de piña cuando Coral entra.

―Bet, acaban de llegar, la abuela nos quiere en el salón para recibirlos.

Me tenso al instante, han pasado más de diez años desde que conocí al príncipe. No esperaba que se acordara de mí, como hacerlo con la reputación que tenía. Además no es que hayamos compartido algo tan profundo.



Kath B. Carlton

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En el texto hay: realeza, amor, principe

Editado: 18.10.2018

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