Herederos: El PrÍncipe De Hielo

XIII

Josabet

El abuelo Lex me ve con el ceño fruncido cuando sube a la habitación y encuentra a Coral dormida a mi lado, y la comida que trajo para mí, apenas tocada.

-Josabet, ¿no te dije que quería los platos vacíos? - oh, ha dicho mi nombre completo eso no suena nada bien.

Asiento y suelto un pequeño suspiro, tengo los ojos irritados, el abuelo tiene los brazos cruzados frente a su pecho, está muy enfadado.

-Le conté la verdad a Coral - digo muy bajito mientras salgo de la cama con cuidado para no molestar su sueño. El abuelo me ve sorprendido y su rostro cambia, cuando le doy una sonrisa triste - no fue fácil, pero me siento genial.

Acorta el espacio entre ambos con dos pasos, me envuelve entre sus brazos, siento su calidez, su cariño, esta es mi familia, no la que me trajo al mundo sino aquella que me ha dado cariño incondicional cuando más lo necesitaba y sigue amándome como soy.

-Mi niña - murmura dejando un pequeño reguero de besos en mi cabeza - siempre tan valiente.

Nos separa un poco y toma mi cara entre sus manos.

-Lo importante es que liberes todo aquello que te haga daño mi cielo, no te voy a mentir, no será fácil, pero con el tiempo dolerá menos.

Asiento y me dejo consentir un poco más.

-Bueno señorita, ya que la comida se ha enfriado, vamos a bajar y calentarla de nuevo - le sonrió, es una sonrisa verdadera.

Toma la bandeja con cuidado de no molestar a Coral.

- ¿Los demás ya están durmiendo?

Niega con la cabeza mientras bajamos las escaleras.

-Paul está en el despacho con Marine y Bridge, Hale supongo que en su habitación y Lyris se quedó dormida en el sofá del salón.

Suelto un suspiro, dicen que cada vez que se suela un suspiro se pierde un minuto de vida, hoy ya perdí medio día.

-Lo siento, Lex - me mira curioso - sé que se armó todo un circo de lo que paso esta mañana, recibí un correo de Grace, y he visto toda clase de cosas en línea.

-Tranquila, mi cielo. No es nada que no tenga solución, quizás sea un tanto molesto unos días pero se terminarán olvidando como siempre.

-Espero que así sea abuelo.

Entro en la cocina, no pude dormir bien, son las cinco y media de la mañana y no estoy de muy buen humor que digamos.

-Buenos días mi niña - me dice apenas aparezco - Santo Dios, ¿Por qué tienes tan mala cara?

Estoy pálida y ojerosa, es el hermoso reflejo que me regalo el espejo esta mañana.

-Fue un día difícil Paulie, además creo que pesque un resfriado y me siento como un zombie.

Paulie ríe ante mi comparación.

- ¿En qué parte de tu vida fuiste un zombie?, para que sepas como se siente - dice divertida, mientras rebana el pan recién hecho, huele delicioso.

-No lo recuerdo bien - finjo pensarlo - pero creo que fue en medio de mi etapa vampiro y la de bruja - asiento con la cabeza - si definitivamente ahí fue.

-Niña loca - dice riéndose de mi ocurrencia, Paulie siempre sabe cómo sacarme una sonrisa.

En medio de nuestras risas aparece un malhumorado Hale.

-Buenos días

-Buenos días, su alteza - dice Paulie dejando de lado el buen humor.

-Buenos días Hale - digo un poco amarga, justo cuando comenzaba a mejorar mi día.

Se sienta a mi lado, y m mira directamente, su mirada es tan intensa que comienza a ponerme incomoda, intercambio una mirada con Paulie que se encoge de hombros, lo veo de regreso, también tiene las ojeras bastante marcadas.

- ¿No deberías estar en la cama? - pregunta con un tono nada amistoso y frunzo el ceño.

-Soy lo suficientemente grandecita para saber si quedarme en cama o no - le aclaro, si me sigue hablando de esa manera, va a conocer una parte no muy agradable de mí.

Toma su cabeza entre sus manos, parece un poco atormentado. Y dicen que las mujeres cambiamos de estado de ánimo, como cambiarnos de ropa.

-Lo siento, creo que hoy amanecí un poco gruñón - dice sonriendo tristemente, no entiendo que es lo que pasa por la cabeza de este hombre.

Le doy un vistazo y noto que lleva la misma ropa de ayer y despide un fuerte olor a alcohol.

Frunzo la nariz, no me gusta ese olor, no me trae muy buenos recuerdos.

-Bebí un poco anoche - dice como si se lo hubiera preguntado.

-Pues no parece que un poco, parece que asaltaste la cuba del abuelo.

Suelta una carcajada ronca, pero no tiene nada de emoción en ella.

Paulie coloca una taza humeante de café frente a él, y una de té para mí. Le sonrió como agradecimiento.

-Te lo agradezco mucho, realmente lo necesito - le dice a Paulie, lo que nos deja boquiabiertas a ambas, comienzo a sospechar que Hale tiene más estrógenos que yo.

-No hay de que, alteza - dice Paulie volviendo a sus quehaceres.

Lo veo tomar con tranquilidad su café.

-Me voy a gastar si me miras tanto.

-No puedo evitarlo - digo sin pensar. Oh, mierda lo dije en voz alta.

Lo veo esbozar una sonrisa que oculta detrás de la taza.

-Me gusta que no puedas resistirte - veo que el café está comenzando a hacer efecto y vuelve a ser el de siempre.

Me encojo de hombros y tomo mi taza de té, para ocultar mis mejillas sonrojadas.



Kath B. Carlton

#1522 en Novela romántica
#282 en Joven Adulto

En el texto hay: realeza, amor, principe

Editado: 18.10.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar