Herencia

Capítulo 5


Los dolores de cabeza se habían vuelto más intensos. Se pasaba la mayor parte del tiempo encerrada Consuelo en su habitación con malestar. El médico le recetó reposo y algunos analgésicos para su malestar. Lo atribuía a lo ocurrido, haber estado bajo demasiada presión.

Tere seguía su rutina habitual, jugaba gran parte de la mañana, y por las tardes sus lecciones con Nany. Había preguntado por los acontecimientos recientes, pero lo que siempre le respondían era que no debía preocuparse, todo estaba en orden.

Esa tarde de jueves la pequeña se encontraba en uno de los jardines después de haber comidos. Recostada en el césped boca abajo, se entretenía con su cuaderno de dibujo a un lado y al otro un libro de cuentos. Galleta retosaba trepado en una de las ramas gruesas sobre su cabeza.

Su abuela, la señora Emma se encontraba descansado, al igual que su madre en sus habitaciones. Podía ver la ventana de la recamara de su mamá desde donde estaba, tenía las cortinas recorridas y la veía desde su habitación. Tere intentaba concentrarse, pero siempre volvía alzar la mirada, topando con la mirada distante de ésta haciéndola sentir incomoda.

Sintiendo la mirada de su madre, Tere alzó la vista nuevamente; Galleta había bajado del árbol y se encontraba ronroneando en su regazo. Un hombre miraba por la ventana en su lugar; de porte delgado, vestido de negro y un sombrero de copa , permanecía inmóvil con la mirada fija hacia el horizonte.

Tere se puso de pie, con galleta en brazos. Curiosa de ver de quién se trataba. El médico no era; a menos que hubiera decidido visitar a su madre nuevamente, porque ésta había sentido mayor malestar.

Camino por el jardín, sin apartar los ojos de la ventana, cuando hubo estado debajo de ésta, él la miró.

Tere se asustó, unos intensos ojos rojos se habían posado sobre ella para después desparecer del marco de la ventana.  Con el corazón acelerado, abrazó a Galleta contra su pecho, cerró los ojos con fuerza girandose para dar la espalda a la ventana.

 

Los sollozos de la pequeña, llamaron la atención de una de las criadas, quién se acercó a la niña para saber el motivo de su llanto. La niña no dijo nada, refugiándose en la muchacha.

La joven, con la infanta acurrucada contra su costado la acompaño dentro de la casa nuevamente. Tere alzó la vista una última vez hacia la alcoba de su madre, la silueta de aquel hombre había regresado, lo vió pasearse en su interior.

Ya dentro de la casa, habían insistido que fuera a su habitación,a lo cuál se prestó renuente a ir, prefiriendo quedarse con algunos de los criados, los acompaño a la cocina, pues habian horneado galletas, así que le resultaba más tentador ir a comer algunas.

 


El resto de la tarde se la paso en compañía de la servidumbre, realmente no deseaba ir a su habitación. Evitaría todo lo posible, hasta que fuera inevitable subir.

Faltaban dos semanas para su cumpleaños. Había conversado animosa sobre lo que deseaba comer en esa ocasión, y lo que tenía planeado hacer. Había previsto montar la obra de los piratas en esa ocasión. Pero lo más probable es que fuera su madre, quién decidiera a aquienes invitar. Muchos de los cuales eran adultos, y en su mayoría amistades de sus padres, relegando la a ella a su recámara, siendo que era su cumpleaños. Ésta vez deseaba que fuera diferente.

 

- Qué haces en la cocina? - sorprendida se giró en dirección de dónde provenían la voz,  con mitad de la galleta en la mano y la otra en su boca, vio a su madre en el marco de la puerta de la cocina. Lucía unas terribles sombras debajo de los ojos, su cabello lucía opaco, cómo si de repente su cabello negro le hubiesen brotado canas - No debieras estar aquí...- afirmó Consuelo con severidad - Sal de inmediato - la pequeña con una leve sonrisa agradeció a todos en la cocina, bajando del taburete donde se encontraba. Una de las criadas se acercó entregándole una pequeña canastita con golosinas - Tienes demasiado tiempo libre, no es sano para una niña tanto tiempo de ocio - afirmó con severidad mientras ésta pasaba junto a su madre y salía de la cocina - Veré emplear a otro instructor - hablo detrás de la niña, antes de que ella saliera completamente del pasillo que daba desde el comedor a la cocina.

Tere subio deprisa las escaleras, encontrándose con su abuela al paso - Bona tarda ávia* - le saludo aproximándose hasta ella, la rodeó con los brazos por la cintura.

- Bona tarda princesa* - saludos Emma mientras correspondía el abrazo de su nieta , para después depositar un beso sobre su cabeza - Qué llevas en la canasta? -pregunto con una sonrisa amable.

- Dulces ávia - abrió la canasta para mostrarle.

- Lucen deliciosos - acarició su rostro mientras la miraba atentamente. Tere pudo notar un dejo de tristeza en su mirada, que apenas alcanzaron a iluminarse cuando sonrío - No te los termines todos, luego no te apetecerá cenar -.

- No ávia, comeré sólo unos pocos -. Su abuela le regaló un gesto acertivo a su respuesta.

- Acompañame, tocaremos el piano - Tere sonrío con entusiasmo. Tomó la mano de su abuela para bajar junto a ella.

 


En uno de los salones se encontraba un piano de cola en su centro. La Señora Emma disfrutaba de tocarlo en algunas ocasiones, incluso había estado enseñando a Tere, quién resulto ser una entusiasta pupila.

- Buenas noches Señora Emma - saludo su nuera mientras caminaba hasta ellas.

- Buenas noches Chelo* - respondió mientras supervisaba los dedos de su nieta sobre el piano.

- Cómo se encuentra ? - preguntó Consuelo  colocándose cerca del piano.

- De maravilla, y tú? - se giró a verla. Arqueo una de su cejas. Su nuera lucia sumamente cansada y apagada. Era un mujer sumamente delgada, lucia aún más escuálida y demacrada - No luces muy bien...- .

- Me encuentro muy bien , muchas gracias. Un poco cansada de estar en la habitación solamente- Intentando dibujar su mejor sonrisa hacia su suegra, de quién podía notar su escrutinio. Estaba agotada de estar en la habitación. Sentía que el aire le faltaba. Incluso había intentado dormir pero siempre una sensación de peso sobre su cuerpo la asfixiaba sobreslatabdola y dejándola aturdida - La cena estará lista en breve - agregó no sabiendo que más decir. Miró a su hija,quién estaba concentrada en las teclas del piano,y en ningún momento ella alzo la vista para saludarla o si quiera mirarla. Cómo aborrecía dicha actitud, eran los mismos desplantes de indiferencia que recibía de Valentín, su marido.



Jo Libelle

#189 en Paranormal

En el texto hay: misterio, familia, conflictos

Editado: 25.11.2019

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