Heridas Ocultas

Capítulo 15

Era viernes por la noche, estaba en el bar del gimnasio con Derek y Jay. La primer semana en la universidad no fue tan estresante como esperaba, aunque sí era un gran fastidio tener que toparme con Josh por los pasillos. Muchas de las veces, estuve a punto de golpear su estúpida cara. Me irritaba tener que respirar el mismo oxígeno que él en alguna de las clases, pero logré controlarme. Lo menos que necesitaba era meterme en problemas a los pocos días de haber ingresado, estaba siendo considerado al respecto.

En esa semana, me reunía con Megan en la cafetería. Era un alivio cuando sonaba la hora del almuerzo, lo único que quería era verla. No sabía por qué, pero me dejé llevar por los instintos de estar junto a ella en la mesa. Jay, por otro lado, no le afectaba en absoluto estar acompañado de sus amigas, quienes por cierto, estaban satisfechas en escuchar sus ocurrencias.

Se me había hecho un hábito estar esperando a Megan al final de las clases para luego ir por su hermano al instituto. Se volvió una rutina agradable durante estos días y aunque no lo admitiera, me gustaba conversar con ella en el auto. 

Derek seguía diciéndome que era un cobarde, ya que podía tomar la oportunidad de invitarla a lo que sería una "cita". No sabía exactamente cómo llevar a cabo una situación así. Era demasiado idiota para ese tipo de cosas y la verdad, no quería estropear la amistad que iba surgiendo entre nosotros.

Me sorprendía de mí mismo por no hacer lo que cualquier hombre haría, que era conseguir un rato de placer y diversión. Pero pensar de esa manera con Megan, como si fuera un juguete, era repugnante. Había algo más en ella que solo satisfacción. 

―Y dejaré de fumar ―escuché decir a Derek apacible. 

Parpadeé, volviendo a la realidad y lo miré, procesando el significado de sus palabras.

―¿Qué? ―fruncí el ceño, asombrado. 

Jay, quien estaba a mi lado, rió y le lancé una mirada asesina.

―Estás perdido, Dominic. ¿En qué piensas? ―dijo Jay, recargando sus brazos en la barra.

―O más bien, ¿En quién piensas? ―aclaró Derek con una sonrisa mientras tomaba un trago de vodka.

Puse los ojos en blanco mientras sacudía la cabeza. Pude sentir como el rostro y las orejas se me ponían calientes. Diablos. Era una reacción que me costaba evitar.

―¿De qué estaban hablando? ―cambié el tema rápidamente.

Derek suspiró, derrotado y se sirvió otro trago.

―De las apuestas, están jodidas está noche ―dijo, haciendo una mueca. 

Era cierto, el dinero recaudado, según Ernest, era una miseria. Era por eso que él se ausentaba con frecuencia estos días a excepción de los fines de semana, que era cuando el gimnasio se llenaba al máximo.

―¿Pelearás? ―pregunté con interés ya que yo no lo haría. Tenía pensado guardar las energías para mañana.

Negó con la cabeza.

―Sería una pérdida de tiempo ―estiró las piernas y sacó la cajetilla de los bolsillos para luego encender un cigarrillo―. Entonces, ¿tienen planes para ésta noche?

―No creo, estoy muy agotado. Lo único que quiero es descansar, pasé toda la tarde en el negocio ―contestó Jay, tecleando en su celular y sin despegar la vista de la pantalla.

Derek asintió y se volvió hacia a mí.

―¿Qué hay de ti, Dom? ¿Verás a Megan? ―preguntó con diversión.

Di un trago a mi bebida, queriendo ganar un poco de tiempo para responder. Después de haber llevado a Megan a su departamento, me comentó que tal vez vendría con una de sus amigas. No confirmó nada, pero aún así, aquí estaba con la esperanza de encontrármela. 

―No lo sé ―me limité a decir.

―Son un par de aburridos ―dijo Derek, rodando los ojos.

―Bueno, entonces cuéntanos de tus planes, Derek. Debe ser muy interesante ―Jay apartó la vista por un momento, fingiendo emoción.

―A diferencia de ustedes, yo sí tengo algo mejor qué hacer que estar aquí por el resto de la noche ―se defendió.

―Déjame adivinar, ¿Estarás con Cecy? ―aseguré.

―Así es ―sonrió y dio una calada al cigarrillo.

―¿Qué pasa con Marissa? ¿Ya no la tienes en la lista? ―quiso saber Jay mientras guardaba el celular.

Derek expulsó el humo por la boca y frunció el ceño.

―En primer lugar, no tengo una maldita lista; y en segundo, Marissa y yo perdimos la comunicación desde que se fue de viaje.

Había algo de nostalgia en su voz, aunque no podía descifrar exactamente si se trataba de ese sentimiento ya que Derek jamás demostraba estar bajo el control de una mujer. Sabía que estaba jodido por Cecy, pero no iba a reclamarle. No tenía cara de hacerlo cuando yo comenzaba a estar jodido por otra persona.

―Era lo mejor, amigo ―lo animó Jay, dándole una palmada en el hombro.

La relación que Derek y Marissa mantenían era desconocida, pero lo que sí sabía, era que él había atravesado por esas etapas en la que te encariñabas con una persona que te mandaba a la mierda. Derek me platicaba que sólo tenían sexo sin compromisos y se conformaba con eso. No admitió que tenía interés en ella y al final, sus caminos se desviaron.

Diablos, era por eso que intentaba no involucrarme en algo como eso. Pero al parecer, no ponía mucho esfuerzo en mis intentos cada vez que el rostro de Megan aparecía en mi mente.

Sacudí la cabeza cuando comencé a pensar en su sonrisa, su mirada e incluso el sonido de su risa, y tomé un trago largo de whisky. Por lo menos el ardor en la garganta, despejaba aquellos pensamientos.

La campana del ring sonó y me dediqué a prestar atención a la pelea. Agradecía que no hubiera tantos espectadores, los únicos ruidos eran de los golpes, murmuros de unos cuantas personas y los movimientos moderados del bar. El lugar estaba armoniosamente tranquilo a comparación de los fines de semana. 

Ernest llegó a la barra y estuvo conversando un rato con nosotros hasta que terminó el último round. No dejaba de felicitarnos por haber sobrevivido a la primer semana de la Universidad sin meternos en problemas. No quería ni imaginar su alegría el día que lograra graduarme, si es que sucedería.



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En el texto hay: romance, accion, amor

Editado: 03.11.2020

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