Hija de la Oscuridad #1

Capítulo 22

Bridget, la mejor amiga de Alice, colocó una compresa húmeda sobre la frente de Melanie. Después de la partida de Ethan y Alice, había caído en un sueño profundo; tendida en la fría madera cómo una muñeca sin vida. Había intentado por todos los medios despertarla, incluso Alexander. En los días en los que se refugiaron en esa cabaña abandonada en medio de la nada, Melanie sólo gemía y se retorcía. Estaba teniendo pesadillas. Pronto tendrían que marcharse o alguien los encontraría, y eso, no era nada bueno. Alexander no iba a poder defender solo ese lugar.

 

Fuego. Mucho fuego. Alice siendo perforada en el pecho por una espada dorada. Miles de imágenes se arremolinaban en la mente de Melanie. Todas terminaban con Alice sin vida. No había escapatoria. No había nada que pudiera hacer para cambiar el curso del destino. Nunca aprendió a manipularlo, la magia temporal era prohibida. Eso era lo que le decían desde niña. Y eso siempre requería un sacrificio. Ciertamente nunca creyó que necesitaría hacerlo. Ahora era diferente. Tenía personas a las que amaba y quería proteger de cualquier manera. Tal vez eso era el significado de las visiones de la posible muerte de Alice. “Despierta, despierta” – se repitió.

Su cuerpo no respondió a sus intentos de moverse. Tampoco pudo abrir los ojos. ¿Qué sucedía? Alguien lo estaba evitando. No le quedaba la menor duda. Magia oscura. Podía sentirlo. Estaban tratando de evitar que se reuniera con Alice. Buscar una manera de comunicarse era lo único que podía hacer. Había una forma y muy arriesgada. Separar su alma del cuerpo. Eso significaba que su cuerpo quedaría vulnerable, a merced de quien quiera que estuviera manipulando su voluntad. No iba a poder regresar. Tendría que luchar con todos sus fuerzas por recuperar el control de su cuerpo.

Tomar decisiones ¿eh? Ahí, en medio de esa espantosa negrura, cada vez se volvía difícil intentar escapar, o siquiera respirar.

“Abre los ojos, debes ir en busca de Alice”

Esa voz era de…

Un suave tirón la devolvió a la realidad.

Llevó la mano hacia su pecho. Esa calidez. No tenía ninguna duda.

 

***

 

El cielo se veía tan despejado.

No había rastro de nieve.

El aroma floral inundó sus fosas nasales. El césped estaba cubierto por miles de flores de todos los colores posibles. Una visión agradable. No como en Rhemys, ahí todo parecía estar congelado. La brisa, el movimiento de los árboles se sentían cómo un susurro en sus oídos.

“Qué lugar tan agradable” – pensó. La verdad es que quería merodear un poco.

Ethan no parecía darle gran importancia al lugar. Él ya había estado ahí.

Al acercarse a los portones de la ciudad Rossi – eso le dijo Ethan al ver la gran interrogante en su rostro -, fueron atacados por una ola de flechas, que, por suerte, lograron evitar gracias a la espada y la grandiosa habilidad de Ethan. Alice estaba segura que algo cómo eso no iba a detener al mago, pero no iba a luchar en serio a menos que fuera realmente necesario. En segundo de un mínimo descuido, los rodearon cinco guardias y apuntaron a sus cuellos con unas relucientes y afiladas espadas, esperando la orden del líder, para decapitarlos.

–¡Miren a quién tenemos aquí! ¡Nuestro buen amigo, Black! – se notaba el sarcasmo de las palabras – ¡Qué agradable sorpresa! – dicho eso, un relámpago se estrelló en la tierra, y tomó la forma de un hombre joven, o eso es lo que aparentaba. Tenía un sedoso cabello plateado, atado en una cola de caballo, que combinaba exquisitamente con esos ojos celestes. Sus facciones eran suaves y su piel era tan blanca cómo la de Alice. Llevaba una túnica color esmeralda, igual que sus guardias –. Sospecho que has traído a la legítima heredera del reino, la princesa Alice Morgan – se dirigió a la pelirroja e hizo un ademán para que los hombres bajaran sus armas. Dio un paso hacia Alice y besó el dorso de su mano con tanta delicadeza, que esos labios hicieron cosquillas –, es un placer conocerla, finalmente. Los comentarios no hacen justicia a su belleza, me temo. Mi nombre es Gian Fantini. Soy el mago líder de la ciudad Rossi.

–Déjate de cuentos, no estamos aquí para tus ridículos discursos – dijo Ethan de mala gana. Éste se cruzó de brazos.

–Ah, se me olvidaba que tienes un terrible temperamento – Gian parecía conocer a Ethan desde hace mucho, pero, no es que tuvieran la mejor de las relaciones – Querida, me atrevo a afirmar que viajas con este hombre contra tu voluntad. Pobrecilla.

–Estoy segura que viajo por mi propia voluntad – la pelirroja esbozó una sonrisa fingida. No le gustaba la idea de que ese tipo que apenas conocía estuviera suponiendo cosas que no sabía en absoluto sobre Ethan.

Guiados por el joven, atravesaron los portones de la ciudad. A decir verdad, él parecía estar disfrutando mientras describía detalles importantes sobre los habitantes de la hermosa ciudad Rossi. Según él, casi siempre pasaba tranquilo. El castillo, custodiado por guardias era tan monumental, que Alice tuvo que levantar la vista para observarlo con detenimiento. Era una obra de arte, tanto por fuera cómo por dentro. La pelirroja tuvo que admitir que los Fantini tenían buen gusto.

Fueron escoltados hacia el comedor, donde los esperaba una joven idéntica a Gian, y muy guapa. Llevaba un vestido corto sin mangas, color turquesa, y su cabello plateado estaba trenzado. Sus ojos eran dorados, a diferencia de Gian. Ninguna joya. Hizo una reverencia y sonrió. Verita. La menor de los hermanos Fantini. Su otra hermana era una habilidosa bruja y cazadora, y según ambos, no era muy fanática de la realeza. Prefería vivir alejada, lejos del bullicio de la gente.



Andrea L. Grey

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En el texto hay: romance, magia, sobrenatural

Editado: 17.01.2021

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