Historias del Cáncer

Mi querido Antonio P.

El día que conocí a Antonio, él ya estaba con el doctor Balistrelli en la sala de quimio. Había llegado a la consulta con su familia antes de mi horario de llegada. Lo que más me sorprendía era que el doctor Balistrelli hubiera llegado temprano, pues era el más impuntual de los cinco. Antonio estaba sentado cómodamente como si estuviera en el sillón de su casa. Tenía el aspecto de un abuelito muy tierno que solo te provoca ganas de abrazar y no dejarlo ir. Tenía el cabello algo rojizo, escaso y bastante alborotado. Y sonreía con sus labios y sus ojos, con mucha honestidad. Cuando hablé con él me terminó de encantar. Era tierno, amable, pero además era muy divertido y pícaro. Todo el tiempo me sacaba una risa tras otra. Su forma de ser me alegraba cada vez que lo veía y siempre levantaba el ánimo de todos los pacientes y familiares que estaban el día que le tocaba tratamiento.

Tenía un cáncer pulmonar bastante avanzado pero con buen pronóstico dentro de lo posible. Su tratamiento era de alrededor de cuarenta y cinco minutos a una hora con un solo suero de glucosa, pero eran cinco días seguidos por veintiuno de descanso.

El primer ciclo fue el más fácil porque al desconocer cómo reaccionaría su cuerpo al cóctel de drogas, su buen estado de ánimo y optimismo fueron clave para que se entregara sin reservas al tratamiento. Pero para el segundo ciclo del procedimiento todo fue en detrimento. Todavía conservaba su sonrisa cálida pero a veces podía notar que era algo forzada. Por lo que pude saber, su cuerpo reaccionó bastante mal las semanas posteriores a las sesiones de quimioterapia. Sintió como su cuerpo se debilitaba y sus uñas se resquebrajaban. Sus locos cabellos estaban opacos y sus ojos habían perdido el brillo natural de antaño. Casi todo lo que llevaba a su boca era rechazado en forma inmediata, por lo que también bajó de peso y casi llegó a deshidratarse en más de una oportunidad. Pero los grandes tumores que se alojaban en sus pulmones habían disminuido considerablemente su tamaño. Era un gran logro a pesar de que los resultados no estuvieran a la vista. A este paso tal vez en dos o tres meses más sería posible la extirpación quirúrgica y si Dios lo permitía la erradicación total de los tumores de sus pulmones.

Pero después de finalizar el segundo ciclo, algo pasó. Antonio ya no volvió ni a sus controles ni a su tercer ciclo de quimios. El doctor Balistrelli no supo de él, ya que el único contacto que teníamos era el número de teléfono de una de sus hijas, pero siempre nos daba como desconectado. La verdad es que tanto trabajo y tantos pacientes hicieron que me olvidara de Antonio, pero cada vez que abría mi cuaderno de registro de pacientes y veía por casualidad su nombre lo recordaba con una sonrisa con la casi certeza de que no lo volvería a ver.

Había transcurrido casi un año cuando vi a Antonio llegar al consultorio. No pude ocultar mi gusto por verlo y lo abracé y lo besé cariñosamente en ambas mejillas. Saludé a su hija y a su yerno, que lo acompañaban y a pesar de mi curiosidad por saber de él cerré mi boca por temor a ser inoportuna.

Su aspecto era mucho mejor de lo que yo hubiera esperado. Su piel estaba rozagante, su cabello brillaba y hasta había recuperado un poco de peso.

Después de que salió de la consulta con el doctor Balistrelli vino hacia mi sala de trabajo y me besó la mejilla.

-¿Nos vemos la semana que viene a la misma hora?-me dijo

-Claro, ahora le apunto la cita Antonio-respondí con una sonrisa.

Inmediatamente fui a ver a Balistrelli para saber cómo sería el nuevo tratamiento. Golpee dos veces la puerta y entré una vez que me lo indicó la voz del galeno.

-Pasa Juana-

-¿Qué pasó con Antonio?-Tenía muchas preguntas más para hacer pero esa me pareció la más acertada por el momento.

-Antonio fue a hacer un tratamiento alternativo con algo similar a la homeopatía. Físicamente él se sentía muy bien pero el comenzó a tener algunos síntomas que lo alarmaron y volvió a verme en el hospital. Le indiqué algunas pruebas y exámenes y se confirmó mi sospecha, el cáncer ha vuelto y se ha ramificado por sus pulmones y también ha hecho metástasis en los ganglios linfáticos y las costillas. Ahora vamos a comenzar un tratamiento mucho más agresivo. Aún no tiene la medicación que vamos a utilizar pero urge que comencemos lo antes posible, así que usaremos la que tenemos en stock hasta que él pueda traer la suya y repondremos la misma. ¿Le diste turno para la próxima semana?-

-Si doctor. Y está arreglado. ¿Cuál es el tratamiento a seguir?- dije sin poder evitar hacer una mueca de pena.

-Aquí están las indicaciones y además te especifiqué algunos detalles que quiero que tengas en cuenta para el caso-dijo entregándome un papel escrito con su puño y letra.

El tratamiento ciertamente era mucho más agresivo, pero era la lo necesario para este nuevo escenario.

En mi interior sentí mucha rabia porque tal vez hoy no estaríamos en ésta situación si él hubiera terminado su tratamiento anterior, aunque nunca podríamos saberlo con seguridad. Pero no era tiempo de lamentarse. Era tiempo de actuar.



Anavíazul

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En el texto hay: esperanza, medicina, historiascortas

Editado: 10.04.2020

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