Horas de Cafe

¿La...la...la? (Narrativa Catártica)

Esto, es una suerte de broma o más bien un ejercicio porque si les soy sincero no sé muy bien de que tratara. Me vine temprano a la facultad porque, no me quedo de otra: desde el accidente que no puedo o no me animo a tomar un colectivo y justo mi viejo tenía que trabajar temprano. En fin, vine temprano. Para no perder la costumbre salte derecho al buffet, jugo y sándwich a $ 80, una ganga.

No sé qué más agregar a esta historia realmente, tal vez pueda explicarles el intento de título que he elegido. Básicamente la idea es emular una incontinencia verbal, como cuando estas en un examen y justo te preguntan esa pregunta de la que no tenes idea o como cuando esa “persona especial” te habla de frente, sin pantallas intermediarias que te permitan pensar la respuesta, es un quedarse sin palabras un intento de gesticulación verbal que queda al aire y solo termina por salir el más idiota de los murmullos un “eh…” transformado en un intento de mensaje, “la…la…la”.

¡Pero que manejo de la palabra! No es por soberbio, pero ¿se dan cuenta? No he perdido la poética. Se puede adornar este simple “La…la… la” con buena poética con una prosa fulminante, incluso podría transformar ese murmullo en algo terrorífico, tal vez, con la ayuda de los adjetivos correctos o bien ser vago y volverlo algo “indescriptible” ¿Se dan cuenta? ¡Aun me queda algo de prosa! Si ya van dos párrafos enteros hablando prácticamente de nada. Y ahí es donde tenemos el problema, no es que escribir ya no salga como antes, sino de que no tengo idea de qué carajo puedo escribir. Hay un dicho común “Todo lo que puedas imaginar, ya se ha hecho” y puede que tenga razón, pero al menos antes podía darle mi propio toque, volverse hacia la experiencia para crear la narrativa, pero hoy ya no hay nuevas experiencias y siento que se me ha agotado la vida ¿Qué acaso me estaré muriendo? Bueno, en realidad si lo hago como todos que vivimos como medio de la muerte. Los escritores, sin embargo, somos diferentes. Nosotros nos volcamos en el papel para quedar vivos para siempre, y doy por hecho que los grandes autores de seguro lo pueden logar. Nosotros, los independientes, también lo hacemos por supuesto aunque a menor escala. Quedamos vivos en el último estante de la biblioteca familiar o en las manos de aquel único lector que compro nuestro libro en la feria autogestiva.

Pero vamos al punto que este cuento no es una queja de la triste carrera de escritor independiente. En realidad aún no sé de qué se trata el cuento, simplemente arranque a escribir sin filtro como una suerte de liquidación de cierre de la prosa, porque como ya lo he establecido aún me queda algo de poética, sigue estando allí pero lo que no existe es una temática. Básicamente me he quedado sin ideas. Así que he aquí les dedico mis últimas palabras, porque casi seguro que en cuanto ponga el punto final a la hoja me quedare sin habla, un “la…la…la” definitivo, eterno e inmutable.

Tal vez la razón de mi perdida de la mal llamada “inspiración”, se la presión que siento. Tantas materias que tengo que rendir en una carrera que detesto o el dolor infinito de mi pierna derecha, los libros guardados en una caja de mi cuarto que quedan sin vender o el hecho de que justo hoy me vengo a enterar que mi ex novia se va a casar con otro tipo. Sea tal vez pasajero el asunto, la cuestión es que alguno de esas razones me ha dejado sin palabras.

Entonces, tal vez… puede que este no sea un cuento. Tal vez sea puro descargo emocional, aunque la verdad ¿Qué tipo de escrito no es eso en esencia? Además, este escrito en particular tiene todo lo que un cuento. Ya les he presento a mi palabra, el personaje principal, y su conflicto: su lenta metamorfosis, su devenir en un murmullo, la decadencia hacia un “la…la…la”. Solo me queda dejarlos con un final.

Lo más probables es que el final aparezca pronto, incluso puedo imaginarlo. Imagino el noticiero de canal 7 o del 2, el final de un último cuento que trasciende el tiempo, un alumno de la facultad que harto de todo se ha traído un arma a escondidas en la mochila y que antes de irse se ha llevado a todos los que pueda. Tal vez sea solo la imaginación, pero nada mal estaría. Lo que vale hoy en día es la acción y si soy sincero, yo ya me canse de escribir…



Franco L Fernández

Editado: 26.09.2019

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