Infierno Celestial (libro 1.5)

Capítulo 6

Miguel no podía cerrar los ojos. Temía que aquello solo fuese producto de su imaginación, que en cualquier momento despertaría, dándose cuenta de que todo no fue más que solo un sueño.

 Acostado en una cama de hotel, sus brazos se tensaron alrededor de su compañera. El cuerpo de Lilith se complementa con el suyo a la perfección, se veía tan frágil y era la cosa más hermosa que Miguel hubiera visto nunca. Y era completamente suya. Reprimió un gruñido de satisfacción ante aquel pensamiento. No la dejaría ir. Nunca.

 Su mente no dejaba de dar vueltas en los acontecimientos de las últimas horas.

 Cuando ella le había revelado sus verdaderas intenciones con las misiones, su propósito en la tierra y su mayor temor, el corazón se le había encogido, y una furia imparable se había apoderado de él. Una rabia nacida del odio hacia Lucifer por mantenerla encerrada. 

 Y ahora entendía porque había aceptado su muerte aquella vez que se conocieron. Quería ser libre y lo había logrado, entonces la muerte sólo sería un regalo definitivo. Respiro con dificultad al notar el dolor que sentía por ella. 

 Tenía inmensas ganas de cortar algunas cabezas.

 Pero lo que más lo había dejado perplejo había sido el hecho de que ella le confiase algo tan íntimo como aquello. Como arcángel estaba acostumbrado a que los humanos le pidiesen cosas, le hablasen y contaran cosas de su vida. 

 Él estaba acostumbrado a ser confidente y escucha. 

 Pero con Lilith se había sentido un inexperto, como si no supiera qué hacer y cuando ella le confesó sus secretos se había sentido el ser más privilegiado del mundo. Su pecho por poco se infla de orgullo y alegría.

Mas tarde, sus pensamientos no lo dejaban tranquilo y había decidido darle aquello que quería. Él la llevaría a recorrer el mundo y vería su rostro iluminarse como tantas veces había imaginado.

  Pero en la mañana algo había cambiado, su energía se sentía diferente, lo atraía de una manera incontrolable. Y después de todo el tiempo que habían pasado juntos, jamas se la había podido sacar de la cabeza. Su corazón se tornaba en una carrera que hacia que su respiración se agitara y su pulso aumente. Y cuando la había llevado a París y enseñado todo aquello, se sentía honrado de ser quien presenciara su risa y alegría. Su radiante presencia y provocadora esencia lo volvieron loco. Y se había logrado controlar.

Pero todo cambio en la noche y la verdad que tanto se había esforzado por negar, se había vuelto contra él.

Él lo sabía. Ella era su compañera. Y el destino los había juntado desde el comienzo de la vida. Uno para el otro.

La mirada en el rostro de ella le había enviado descargas a través del cuerpo y tuvo un debate consigo mismo.

Después de todos estos días con la demonio, llego a conocerla mas de lo que jamás se había permitido acercarse a alguien y aún más, confiar en ella.

Siempre había creído que una compañera no sería más que una simple molestia en su vida, una carga con la que debía lidiar. Pero pasar tiempo con Lilith le hizo, no solo darse cuenta de lo equivocado que estaba, sino de anhelar la compañía que tanto tiempo llevaba evitando.

Y no era cualquier compañía la que quería. Sino a Lilith. No podía imaginarse a otra en su lugar, el simple pensamiento le provocaba una mueca.

Y si ella era para él, la cuidaría con su vida. Su fiera y desafiante guerrera. Suya para confiar. Suya para proteger.

Y suya para amar.

Y así lo había decidido. No importaban las dificultades, las distancias y peligros, él la había encontrado, la había conocido y se había enamorado perdidamente de ella. 

 No la soltaría tan fácil.

 Lilith merecía el paraíso y libertad con el que soñaba y se ocuparía de hacer que así fuese.

 En este momento solo pudo mirar el perfil de ella. Tan sereno y reflejando esa paz que él sentía con ella. Su dedo trazó su mandíbula, una y otra vez,  maravillándose de la suavidad de su piel. 

 Lilith gimió suavemente.

 Los recuerdos de la noche anterior asaltaron su mente y su cuerpo se encendió como un faro en mitad de la noche. Lo que había sentido con ella, había sido la experiencia más magnífica de su vida. Y dudaba de que alguna vez pudiera cansarse de aquello. 

 Los ojos de su compañera se abrieron. La sonrisa en sus labios y el brillo en su mirada, hicieron que su sangre hirviera.

 Sin darle tiempo de reaccionar, Miguel cubrió sus labios con los de ella, y sofocó un gruñido al sentirlos tan suaves. "Son el maldito paraíso

 Y cuando ella le respondió con la misma intensidad, supo que no saldrían de allí tan pronto.

                                                         ~°~



S. Luque

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En el texto hay: corto, demonios y angeles, amor imposible

Editado: 12.06.2018

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