Infierno Helado (libro 1)

Capítulo 5

Jesse Thompson se cierne sobre mí sin aplastarme, su cuerpo frío más el suelo medio húmedo me hacen temblar. No puedo disimular el alivio en mi rostro cuando descubro que es él y o un cazador o uno de esos hombres de hoy.
-¡Maldición!- Exclama medio sorprendido y medio enojado.- Casi te mato, tú no deberías estar aquí.
Quito su mano bruscamente de mi boca.-¿Y tú sí? Casi me matas de un susto idiota.
Miro la posición en la que estamos.-¿Puedes quitarte? me estás aplastando.
Jesse mira hacia abajo mientras se da cuenta que sigue sobre mí, se levanta rápidamente y yo hago lo mismo, mi espalda duele demasiado cuando lo hago, y se debe a que él es fuerte y rápido pero mi cuerpo sigue siendo humano, frágil. Miro a mi oscuro alrededor, todo está en silencio salvo por nuestras respiraciones.- Estás loca.- Lo escucho murmurar.
Lo miro mal.- Me refiero a que no deberías estar sola aquí.- Su ceño se frunce y se lleva una mano a su oscuro cabello.- ¿Qué pretendías hacer?
No voy a decirle por dos razones. Primero: Puede que arruine mi plan y segundo: Mi plan se escucha demasiado estúpido en voz alta y conozco muy poco a Jesse pero sé que me restregaría ese hecho en la cara. Porque ¿Quién sale de noche a buscar pistas sobre un posible asesino?
-Bueno, no soy la única loca, tú también estás aquí.- Lo señalo.
Me alarmo por un momento ¿y si más Thompson estaban aquí?. Mi voz tiembla mientras pregunto.- Digo ¿estás sólo verdad?
Seguro mi expresión es de horror porque me mira raro.- Si, estoy sólo pero podría decirle a tu madre yo mismo sobre encontrarte en medio del bosque.
-¡No!- Exclamo demasiado alto y él se acerca maldiciendo.
-Baja la voz.- Su tono es de molestia.
Miro otra vez hacia atrás y a mis lados.- Lo siento sólo... no digas nada.
-Bien, entonces vuelve a casa, no voy a estar cuidándote.
Me cruzo de brazos.-No te lo estoy pidiendo, vine aquí por mi cuenta y me voy por mi cuenta.
Jesse niega la cabeza mientras ríe.- Aún no tienes tus dones, van a matarte.
-Entonces quiero saber quién lo haría. Vine aquí por eso.-
Un momento ¿Qué hace realmente aquí? él fue uno de los que estuvo de acuerdo con que un origen novato fue el causante de todo esto.- ¿Qué haces aquí? ¿Qué buscas?-
No me mira así que me planto frente a él, me mira serio.- Vine a lo mismo que tú, sólo que con un mejor plan, claramente.- Contesta con voz gruesa y poco amable.
Ruedo los ojos.
-Entonces sabes que no fue un accidente.
Niega con la cabeza despacio.- No lo fue
-¿Y por qué estás sólo? tus hermanos también son orígenes, así que podrían ayudarte a investigar.
Su mandíbula se tensa.- Vuelve a casa Abby, no voy a cuidarte.- Me da una mirada intimidante antes de empezar a caminar.
Su ropa negra se camufla perfectamente con la noche, su paso es masculino y lento pero en un abrir y cerrar de ojos desaparece.
Vuelvo a estar sola.
Jesse Thompson de verdad que es un idiota.
Toco mi bolsillo trasero, mi celular no está ahí. ¡Maldición!
Me pongo a buscar a ciegas, lo único que siento son hojas secas y mugre.
Esto no es inteligente. Venir de noche al bosque y perder mi celular en el proceso. Si esto fuera una película de terror yo ya estaría muerta y sino, de todas formas mamá lo hará, no por venir, eso no puede saberlo. Pero va a preguntar por mi celular y entonces reamente se enfadará.
Me escabullo entre los árboles mientras busco el lugar en donde encontré a Natalia.
Escucho a un búho en algún árbol, también veo ramas que se mueven pero me digo a mi misma que son ardillas.
Estoy caminando a ciegas y estoy consciente de que debería regresar, ni siquiera puedo ver la hora en mi reloj.
Este es el lugar, puedo sentirlo. Aquí huele a azufre, la tierra está negra, los árboles con ramas gruesas caídas.
Piso algo duro, levanto mi pie. Algo brilla ahí. Mi cabello cae sobre mi cara cuando me arrodillo para ver qué es. Aparto la tierra quemada, está un poco enterrado, quito hojas y me encuentro con un cordón negro.
Jalo de él hasta que libero lo brillante.
Lo alzo ante mis ojos. Es una piedra amarilla, un collar.
El cordón se ata a una pequeña argolla que se une a la piedra, en si la piedra es extraña, sus colores son brillantes entre amarillo y naranja y tiene forma de lápiz, dos puntas en los extremos y lisa a los lados excepto por los bordes afilados en esta.
Sostengo el colgante en mi mano, no pesa nada. Tal vez es lo que busco, una pista. Si logro averiguar qué piedra es y su significado podría dar con algo.
Pienso en meterlo en mi bolsillo pero me da cierto temor perderlo, así que decido usarlo.
Ato el cordón a mi cuello, se nota en donde este se reventó. Está un poco sucio y siento la tierra quedar en mi cuello. La piedra queda escondida bajo mi camisa, siento como si mi pecho quemara con el contacto de la piedra, pero no de una manera dolorosa.
-Hay que irnos.- Escucho detrás de mí.- Aquí no hay nada.
Me giro ante la gruesa voz de Jesse.
-Pensé que te habías ido.- Digo sin más.
Se encoge de hombros.- Hay que irnos.- Vuelve a decir dándose la vuelta.
-Como te dije, vine aquí por mi cuenta y me voy por mi cuenta.
Se gira bruscamente.
-¿Viniste en auto?
Carraspeo avanzando.- No, caminando.
Lo paso de modo que queda detrás, él me sigue.
-Entonces ¿volverás caminando? demonios ¿no te duelen los pies? aún eres...
-Sí, aún soy una débil humana.- Ruedo los ojos.- Pero soy capaz de volver a como vine.
Lo escucho caminar aún detrás.
- ¿Cómo es que escapaste? ¿Por la ventana?
Frunzo el ceño, claro que no. No estoy loca.- Por la puerta.
Bufa.- Eres una pésima chica mala.-A ver, me imagino que tu saltaste por la ventana.



Abby Conrad

#14285 en Fantasía
#28978 en Novela romántica

En el texto hay: guerra, fuego, hielo

Editado: 15.02.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar