Inmunes

5

Hunter

—¡Date prisa, que no tenemos todo el día!

—Lo hago tan rápido como puedo, Hunter —de todas las personas con las que había tenido la desgracia de trabajar Levi era él peor.

—Pues no parece. Te estas tardando demasiado y aun nos faltan seis botellas por llenar —la primera vez que lo vi me dio la impresión de estar junto a un delincuente; el típico buleador que causaba temor a cualquier geek que se metiese en su camino— ¡Rápido! —pero luego de vivir con él me di cuenta de que toda esa seriedad solo era una falsa mascara—que ocultaba el rostro de un tipo que apenas sabía lo que hacía.

Tener que cargar gasolina dentro de todas esas botellas que habíamos acumulado, desde el día que partimos, no era algo fácil porque el tiempo podía no estar de nuestro lado.

—¿Cuántas te faltan?

—Tres.

—Veré sí encuentro alguna por aquí. ¿Viste vehículos?

—No —el lugar estaba vació. Eso podía garantizarnos de que esta vez no nos encontraríamos a un otro loco ahuyentando nos con una escopeta—. Maldita sea —una ilusión que en realidad sería el menor de nuestros problemas.

Todavía estaban los camiones de vigilancia.

Quien diría que habían pasado tres semanas y media desde que escapamos de nueva Jersey. Admito que conducir en medio de la carretera junto a tres desconocidos fue como creer que había entrado a un nuevo mundo.

Levi solamente decía agresiones, como sí quisiera apartarse del grupo con el que forzosamente estaba obligado a permanecer y las chica eran demasiado abiertas.

—¡Ahí estan! —Lacey y April salieron de la tienda con un par de bolsas— ¿Es en serio?

—Era lo que había —Lacey se sentía apenada.

—Solo son latas de atun.

—También encontramos papas fritas —continuó April— y algunos paquetes de galletas saladas. Supongo que los guardaremos para el postre.

Sí es que podíamos llamar a eso "Postre".

Lacey me afirmó que no había nadie; solo un tipo derribado junto a una escopeta.

No había cadáveres de animales o de algun niño. Eso siempre nos daba buena señal.

Las chicas guardaron las provisiones, mientras que Levi se encargó de llenar las pocas botellas que quedaban.

—¡Ya esta! —Por fin terminó— ¿Encontraron cigarros?.

—No, pero sí goma de mascar.

—Wow marca Doubletmint.

—Solo lo mejor —el paquete estaba nuevo.

—¿Y encontraron mantequilla de maní?

—Lo siento. Agotada.

—No puede ser.

—¿Hablas en serio? —April no se veía contenta por la emoción— sí eso es lo primero que desaparece en estos días.

—Ojala encontremos algo así en la siguiente parada.

—Sí es que no esta derretido o vencido —la realidad era más cruda de lo que creíamos.

La única opción que podía ofrecernos la supervivencia era viajar a cualquier tienda, poblado, parada, motel o sitio turístico que pudiera ofrecernos suministros y quizás una noche de sueño sobre algo que no fuera el asiento de mi auto, como en los primeros días.

Aun lo recuerdo como sí hubiese sido ayer.

Todas las ciudades fueron atacadas de manera inexplicable por personas que en un tiempo fueron como nosotros.

Seres humanos actuando como bestias salvajes contra sus amigos y familiares.

Pero eso solo fue el inicio.

Las entradas a cualquier ciudad fueron bloqueadas por barricadas y camiones de la policía o el ejercito. La mayoría de las autopistas estaban cerradas y para poder pasar entre ellas debías de ser muy rápido; solo así lograrías escapar al momento de ser perseguido por guardias que te hablaban con hermosas palabras antes de dispararte, clavarte un cuchillo o quemarte vivo.

Viajamos sin rumbo durante los primeros dos días buscando ayuda al azar.

Ninguno conocía a algún lugareño que nos pudiera darnos un hogar.

Los habitantes de poblados pequeños vivieron otra historia. Sabían del virus Night pero no tuvieron casos de contagio, como sí fuesen inmunes, y no estaba enterados de lo que ocurría porque todas las señales de radio, televisión e Internet fueron bloqueadas.

Al tercer día encontramos un motel; las habitaciones tenían doble cama, aire acondicionado y televisión; también contaba con piscina y desayuno. Solo que la pregunta era cuanto tiempo podríamos vivir ahí.

No había Internet, como tal no podíamos usar nuestras tarjetas de crédito o cuentas de Paypal y el dinero que teníamos solo nos alcanzaba para pagar tres noches, siempre que todos estuviésemos en el mismo cuarto, y admito que dormir en la misma cama que Levi fue muy incomodo.

No dejaba de moverse, como un niño inquieto que solo era el menor de mis problemas.

Sí se nos acababa el dinero seriamos desalojados y no tendríamos a donde ir.

Durante nuestra estadía vimos al dueño sacar a los inquilinos de las habitaciones con una escopeta porque no pagaban la renta. Entre ellos vimos a una pareja joven cargando a una niña que dejó caer por accidente un conejo de peluche color verde.

Necesitábamos dinero y el tiempo se nos estaba acabando.

El cuarto día llegó y todo empezó como sí nada.

Llegaban huéspedes, el dueño desalojaba a los que no pagaban y nosotros estábamos nerviosos porque no sabíamos qué hacer. Incluso April considero la idea de prostituirse a cambio de más noches.

Eso sí él dueño se interesaba.

Ese día fui a la recepción pensando que iría a ofrecer a una chica como sí fuese un chulo. La recepción estaba repleta por huéspedes que tenían el mismo problema y el dueño no se veía dispuesto a negociar nadie.

Tenían a su arma y estaba listo para disparar. Sin embargo ese día recibió una visita que nos ayudó a comprender un importante mensaje.

En este nuevo mundo el dinero no tiene valor.

Un enorme camión blindado color plateado se estacionó en la entrada principal. Del que salieron tres hombres con traje de negro. Ninguno de ellos habló y el dueño espero a que alguien le respondiera sobre cuanto le ofrecerán a cambio de sus habitaciones.



C. M. Kenday

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En el texto hay: uber, apoyo confianza, virus

Editado: 17.10.2020

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