Juego del destino

Capitulo VII

-¡¿QUE?! Digo sobresaltado ante este repentino comentario. El me hace señas que baje la voz, y que aún no ha terminado de decir su mensaje.

-Sus pies están sangrando. Al decir esto hecho un vistazo a la protagonista de nuestro secreto, quién se encuentra sirviendo los platos, pero la mesa impide que yo mismo observe el daño.

-¿Como lo sabes? Digo a su mismo tono de voz.

-Porque se le vé.

-Secretos en reuniones es de mala educación. Dice en voz alta Vanesa y ambos dejamos el cuchicheo.

Veo como la maestra se aleja rumbo a la casa y el niño que hace momentos estaba conmigo va a su lado, así que después de esperar al menos 5 minutos y con excusa de ir al baño, tomo el mismo camino que los dos primeros, por lo que al llegar al interior de la casa, me encuentro con la sala solitaria al igual que la cocina pero al salir de ella veo a Rodrigo con un pequeño maletín.

-¡Ey! Digo al verlo en el piso de arriba.

-Tío. Me asustaste. Dice sobresaltado al verme al pie de la escalera.

-La maestra está en mi cuarto, le dije que quería mostrarle mis trabajos y la deje allí. Si está herida. Sonrìo para mis adentros al ver que a su corta edad y ya tiene a una hermosa mujer en su cuarto.

Subo los escalones de dos en dos y enseguida estoy con él.

-¿Eso es para ella? Digo señalando el pequeño maletín en sus manos.

-Si es un botiquín de Mamá, lo usa para cuando me caigo y sangro de las rodillas, pero te confieso que no me gusta la sangre. Dice avergonzado.

-Si quieres yo la puedo ayudar. Digo como quién no quiere la cosa.

-Me parece bien, tómalo. Yo estaré fuera.

Así que recibo el botiquín de primeros auxilios y veo como el pequeño niño baja las escaleras. Por lo cual, una vez solo y con un encargo pendiente. Otro con respecto a la misma mujer. Voy a la habitación azul, con el Goku pintado. Una vez en frente de la puerta toco y abro para efectivamente encontrar a la pelirroja frente a un pequeño escritorio lleno de papeles.

-Bolívar solo se casó con María Teresa, Manuela era digamos.. su N... Perdón pensé que era Rodrigo. Dice al voltear y encontrarme allí.

-Creo que se fué y me dejo a cargo de ti.

-¿De mí? Dice sonrojada.

-Sí, ven siéntate.

-Francamente no entiendo que haces tú aquí con eso. ¿Estás herido?

Con esto, me doy cuenta, de que está herida, como se preocupa por mí en vez de ella misma, sinceramente esta mujer no es normal. Al ver que no se mueve de su lugar y me mira como si estuviese loco, voy a su lado y la tomo de su mano ignorando esta sensación que siento al tocarse nuestras pieles, la llevo a la cama y es aquí donde me doy cuenta que efectivamente cojea como si tuviese algo en los pies.

Una vez sentada, halo un pequeño banco de jugar de Rodrigo y me siento en el, tomo uno de sus pies y lo coloco en mi regazo

-¿Qué haces? yo creo que no deberías hacer eso. Dice mientras trata de alejar su pie de mi agarre.

-Rodrigo dice que estas herida y eso le preocupa, así que me envió a revisarte. Y diciendo esto al quitar su zapato veo que efectivamente su pie está sangrando en el empeine y detrás del tobillo.

-Veo que estoy destinado a dañarte cada vez que puedo. Digo en voz baja.

-Soy número 37. Susurra y recuerdo que el zapato que la vendedora me dió fue dos tallas menos.

¡Maldición!

-Perdón. Digo sinceramente por esta situación y muy en el fondo por haberla arrollado con la moto hace exactamente un mes y medio.

-Si me hubieses dicho lo que pretendías hacer al entrar al camerino, a ordenarme que me cambiara y me quedara allí, te lo hubiese dicho.

-¿Segura? ¿Hubieses dejado que te hiciera este detalle?

-No. confiesa bajando la mirada a sus manos entrelazadas en su regazo.

-Lo importante es curarte y esa tortura desechémoslas. Así que me ocupo en sacar del botiquín gasas, algo llamado gerdex para desinfectar la herida y quitándole el zapato mojo un trozo de gaza y limpio la herida.

En todo mi trabajo veo que ella no se queja, y al quedar limpia la zona me doy cuenta que fueron ampollas lo que tiene a causa de lo ajustado del zapato, encuentro entonces un frasco de yodo y aplico un poco y aquí ella si se queja y solo saber que le duele me hace sentir incomodo.

-Perdón. Digo por segunda vez.

-Deberías de dejar de pedir perdón a cada rato. Dice y al mirarla a la cara veo que tiene los ojos cerrados como si fuese una niña. Así que a esa cercanía noto que es hermosa con sus pecas y su cabello rojo.

-¿Terminaste?

-No. Digo y después de colocar una bandita en el lugar dañado comienzo con el otro pie, estos en comparación a mi mano parecen leche y es que a diferencia de esa vez que fui a su casa, hoy sus uñas estan pintadas de rosa y no de verde como ese día.

-Aplicaré el yodo. Digo para que sepa que puede arder.

-¿YODO? Soy alérgica a ese medicamento.

-¡¡¡MALDITA SEA!!! Digo apartando la gaza de su piel.

-¿Por qué no me lo dijiste? Pregunto y es que ahora son dos daños a su persona en menos de un día. Veo que comienza reírse y al abrir los ojos y observarme deja de hacerlo.

-Es broma no soy alérgica no te molestes. Dice y comienza a reírse algo que hace que yo también lo haga

-Muy chistosa. ¿Segura que no eres alérgica?

-No. Es broma. Al decir esto dejo salir el aire.

Menos mal.

-Que bueno. Termino de colocar el yodo, y después también tapo con banditas para que al final quede descalza, la tomo de las manos para asegurarme que está bien, pero cuando lo hace quedamos muy cerca y en este momento veo que es tan pequeña, tan frágil, tan hermosa que nace en mi interior el sentimiento de cuidarla para que nadie le haga daño, nadie y mucho menos alguien como yo.

No sé que ha ocurrido, pero me doy cuenta que me he perdido en esos ojos verdes aceituna, pero más aún en este preciso momento, sé que nuestros rostros están muy cerca, hasta puedo sentir su agitada respiración aunque no sé si es ella o yo.



Abeja Ajetreada

Editado: 08.01.2021

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