Juego del destino

Capitulo XIX

Ante su confección no puedo evitar sentirme un desgraciado con mucha suerte. No sé que tiene ella que quiera que todas sus primeras veces fuesen conmigo. Al ver que estoy solo me doy cuenta que me toca saltar, veo todas las cabezas emergidas en la parte de abajo y me acerco mas a la orilla. Pienso sobre lo que diré y una idea de corresponder la confesión de Elisa viene a mi cabeza pero la saco de allí y me lanzo a algo que si hice.

-Yo fui quién emborrachó al señor Ezequiel. Confieso y es la verdad, esperaba en todo momento la hora de que alejara a ese tal Néstor de Elisa. Pero mi plan falló en el momento en que lo subieron a su habitación borracho.

Me lanzo al vacío y en el momento en que entro en contacto con el agua siento la temperatura un poco fría pero agradable, emerjo y me encuentro a todos mirándome y riéndose por lo que dije. Doy unas brazadas y llego hasta donde se encuentran ellos, no sé que hacer después de la confesión de la pelirroja, pero en este momento uno de los muchachos toma la palabra.

-Elisa Cristina Villasmil necesito que me aclares eso de "Nunca nadie me había besado hasta esa noche".

-También yo necesito saber esa vaina. Contesta Jean.

-¿¡QUÉ!? Yo no estoy cuestionando sus confesiones, la de ninguno y créanme que debería de reprenderlos por lo que me hicieron, pero no lo haré así que no daré explicaciones.

-Es broma ¿Cierto? Pregunta Jean y veo como Elisa se sumerge hasta el fondo para salir nuevamente un minuto después.

-Toda la noche te estuvimos observando y con el único que estuviste fué con ese bobo amigo tuyo.

Al oír esto me doy cuenta que quizás se besó con ese idiota.

Ojala no...

-Piensa lo que quieras Fabricio.

No sé de lo que hablan pero siento un sabor amargo en la boca de solo imaginarme a ellos dos besándose, trato de alejar esa imagen de mi mente porque de repente siento celos. Si CELOS algo que nunca había sentido y esto también es nuevo desde que esa mujer llegó a mi vida.

-¿Caín? ¿Como que te fuiste? Pregunta Enzo.

-¿Perdón? Digo saliendo de mis pensamientos.

-No te sientas mal, también yo le dí licor a mi tío.

-Muy chistosos... mañana amanecerá con un gran dolor de cabeza por su culpa.

-Mañana podemos celebrar la octavita y así se le pasa rápido. Deberías de quedarte con nosotros y no irte nunca.

-Como si fuera tan fácil, pero créeme que últimamente lo he pensado.

-¿Por qué lo dices? ¿ellos se acercaron a ti?

-No. Lo dije sin querer... Está muy rica el agua. Dice esta vez y de nuevo siento que hay algo referente a un asunto que nadie de esta familia quiere decir.

Nos la pasamos un buen rato en el agua y sin duda es muy agradable nadar a esta hora de la noche. Veo como los jóvenes Villasmil bromean entre si y en todo el rato bromean con Elisa y esta también lo hace.

No sé cuanto tiempo ha transcurrido cuando oímos que Elisa estornuda tres veces consecutivas veo como sus primos se miran entre ellos.

-Se me olvidaba que esta pelirroja se refría de nada. Es mejor irnos. Dice Jean.

-Eres como un pavo chiquito. Así que antes de que mañana amanezcas enferma es mejor que salgas. Agrega esta vez Ender.

Elisa no dice nada y sale para vestirse mientras nosotros hacemos lo mismo y en todo momento me ronda algo en la cabeza con respecto a la confesión de hace rato.

Después de quitar todas las luces y cables del lugar, oigo como Leonardo y Fabricio se llevan el auto que iluminaba el lugar, además del alumbrado, Esta vez Ender es quien lleva a la pelirroja en su espalda. Va vendada al igual que como la traje, la oigo reírse a carcajadas por algún comentario de alguno de sus primos, mientras guardo silencio todo el trayecto a casa. Siguen riéndose y hablando sobre algunas travesuras de niños y enseguida ya estamos en el patio de la casa, la dejan en la puerta principal, esta vez ya no se oyen voces como momentos antes de salir.

-Antes de entrar queremos darte las gracias por venir, no sabes la falta que nos haces aquí. Oigo que dice Jean y decido quedarme a un lado de donde ellos están.

-No me hagas esto. Dice ella con voz quebrada.

-Tenía que decirlo, yo fui uno de los que se molestó mucho cuando te fuiste a la capital y de hecho nunca me despedí.

-Lo sé. Y no te culpo. Pero sabes que yo tampoco me quería ir. Desde donde estoy veo como una lágrima se desliza por la mejilla de Elisa mientras habla con su primo.

-Siempre maldigo a esa gente Eli, porque es la culpable de que ya no estés con nosotros.

-Yo los odio mas. Dice llorando y aquí sé que detrás de esta familia unida y bromista hay algo mas allá de lo que aparenta.

-¿Puedo ir a visitarte?

-Las veces que quieras. La casa de Caracas también es de ustedes. Así que no tienes ni siquiera por qué preguntar. Todos son bienvenidos las veces que quieran,

-Gracias te queremos mucho.

-Y yo a ustedes. Ahora entremos porque me enfermaré.

-Pavo chiquito. Dice Ender.

-Idiota. Responde ella.

-Bueno sube tu nosotros tenemos hambre así que pasaremos a la cocina.

-Recuerden dejar algo para mañana.

-Lo recordaremos. Los demás también coinciden lo mismo, así que con un apretón de manos me despido de cada uno de ellos y enseguida se alejan por la otra puerta.

-¿Subimos? Pregunta ella limpiándose el rostro y extendiendo su mano hacia mí, yo la sujeto y subimos los escalones poco a poco, esta vez la casa está a oscuras pero en ningún momento Elisa suelta mi mano. Al estar frente a su habitación ambos nos miramos pero es ella quien rompe el silencio.

-En el río... Esa noche... Tu fuiste el primero. Entre Néstor y yo no pasó nada. Buenas noches Caín. Luego de lo que acaba de decir deposita un rápido beso en mi mejilla y entra a su habitación.

Yo me quedo allí, como un idiota pensando en lo que me acaba de decir...Me acaba de aclarar que entre ella y el imbécil de su amigo no ocurrió nada. No sé por qué, pero el simple hecho de saberlo hace que quiera gritar de felicidad. Después de varios segundos entro a mi habitación.



Abeja Ajetreada

Editado: 08.01.2021

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