Juegos Peligrosos

《Capítulo 7. REENCUENTRO》

Fénix Olcese
Los días han pasado, pero el recuerdo no desaparece, en mi mente está presente su rostro golpeado, sus labios rotos y su ropa manchada de sangre color carmesí, también están las cosas que ella ha hecho. Intento quitar esas cosas de mi mente, necesito estar concentrado.

Tengo que salvarla antes de ya no pueda hacerlo.

Tomo la chaqueta negra y salgo de casa. Enciendo el corcel oscuro y voy en busca de una vieja compañera.

Después de unas horas llego a la ciudad vecina de Crowald.

Pasé los primeros años de mi vida en este lugar. Hasta que la "suerte" llegó a mi y me tuve que mudar a Crowald.

Por otro lado ella tuvo mejor suerte, se quedó en este lugar con una familia que le dio mucho amor, aunque eso no le haya importado.

Este lugar ha cambiado mucho desde la última vez que estuve aquí, excepto mi primer hogar, sigue igual como lo dejé, sigo conservando el recuerdo de la última vez que estuve aquí.

Luego de dar un paseo por la ciudad llego a un parque.

El Rincón de los suspiros, que nombre más empalagoso— bufo al pronunciarlo.

Veo el reloj en mi mano, aún quedan cinco minutos para la hora pactada.

Lo bueno de este lugar es que puedo ingresar con el corcel oscuro.

Llego a un gran árbol, me bajo de la motocicleta y me quito el casco para que pueda identificarme.

El tiempo pasa y no la veo por ningún lado. ¿Será que no vendrá? No, ella no me fallaría.

Levanto la cabeza y la veo caminar hacia mi, a cambiado mucho, se ha convertido en una mujer muy atractiva, sus caderas se han ensanchado y su cuerpo parece tallado por la misma Afrodita. Lleva pantalones cortos de color negro, medias largas que cubren sus piernas y botines del mismo color, un top blanco y un chaleco color verde petróleo, ¿No tiene frío? estamos en pleno invierno. Su rubia cabellera está suelta y mechones de cabello escapan de sus orejas y cubren parte de su rostro pálido.

—¡Hey Fénix!— me besa a un lado del rostro y me sonríe, sigue teniendo una sonrisa muy bonita.

—¡Alessia Black!— hago énfasis en su apellido —Mírate, has cambiado mucho, estos 5 años te han hecho muy bien— tomo su mano izquierda y le doy una vuelta.

—Estás muy atento ¿debo preocuparme?— levanta una de sus cejas.

—Siéntate.

—Eres muy volátil ¿Te lo he dicho?

Sonrío —Siempre tan ocurrente.

—¿Cómo tus pecas?— sonríe —es impresionante como le dan color a tu piel pálida— con sus frías manos acaricia mi rostro.

—No te llamé para hablar de mis perfectas pecas— quito suavemente sus manos de mi rostro.

—Lo sé, pero es que me encantan tanto. Es bueno saber que las sigue conservando, niño pecoso— sonríe, pero se cubre la boca con las manos —¿Recuerdas?

—¿Cómo olvidarlo? Pecosa— extiendo mi brazo para traerla hacia mi y abrazarla.

Nos quedamos así por unos minutos, en completo silencio observando el horizonte.

Ella rompe el silencio —¿Qué ha sucedido? Asumo que está ocurriendo algo que se te escapó de las manos para que recurras a la chica que siempre salvó tu trasero cuando eras un niño.

—Asumes bien.

—Summer está en peligro.

—¿Franz otra vez?

—No, Franz sólo está dolido por Helly, con el tiempo se le pasará, no he tenido noticias de él, ni de su plan de venganza.

—¿Qué haces con la pelinegra?— hace la pregunta muy serena, ni un músculo se le mueve —Creí que las chicas como ella no eran tu tipo.

—¿De qué estás hablando?— la miro esperando una respuesta.

—Ya sabes, las que les gusta el peligro, jugar con fuego, como Helly— hace una pequeña pausa —hasta que se quemó la rubia— sus labios rojos se ensanchan en una sonrisa silenciosa.

Había olvidado lo cruel que puede llegar a ser esta mujer.

—¡Callate! No hables de ella.

—¿Porqué? ¿Aún la amas verdad? ¿Ella lo sabe? Sería una pena que la mojigata se entere— le pone una tristeza burlona a su voz al pronunciar la última frase.

—Tus preguntas son irritantes, estoy aquí por Summer, no por Helly— respondo con desinterés.

Levanta sus cejas en asombro —Admiro la firmeza con la que has mencionado esos dos nombres en una sola oración— su voz sigue teniendo ese tono burlón.

—No tienes porqué.

—¿Qué quieres que haga por ti?

—Algo simple, encuentra al hombre de las sombras— me dejo caer en el resplandor de la banca del parque mientras veo su rostro inexpresivo; al notar el menor interés por hablar interrumpo el silencio —¿Qué sucede? Creí que te gustaría la idea de ir de cacería a Crowald— su rostro sigue neutro, segundos después toma una bocanada de aire y responde un tanto molesta.

—¿Estas hablando del hombre que mató a Helly?— saca una caja de cigarrillos del bolsillo de su chaleco, enciende uno, le da una calada y retiene el humo por unos segundos, luego lo deja salir en dirección a mi rostro —¿Qué cambió Fénix? Recuerdo que cuando mató a la rubia no quisiste que me involucrara. Aún sabiendo que yo pude haber traído su cabeza en bandeja, pero sólo te aislaste y me sacaste de tu vida para jugar al gato y al ratón con Franz; debo admitir que me dolió que lo hicieras ¿sabes? pero ya te perdoné por eso— con su mano derecha alborota mi cabello y me da una sonrisa de boca cerrada.

—Raptó a Summer y no voy a esperar a que lo vuelva a hacer, o que me arrebate a ella también. Lamento lo que pasó hace años Alessia— miro sus ojos verdes y recuerdo lo mucho que me gustaban mirarlos cuando era niño, sus ojos siempre significaron esperanza para mi, la extrañé mucho en estos años.

—Así que una vez más la vida de tu amada está en sus manos— sonríe —Tienes una maldición o ese sujeto está obsesionado contigo.

—Lo que tengo es un enemigo que se niega a la resignación.

—Sea cual sea el motivo, él no te dejará en paz, está claro. Tienes suerte de que la haya dejado en libertad, o tal vez sólo fue una advertencia.



Aracely Yataco

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En el texto hay: misterio, peligro, amor

Editado: 05.01.2021

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