Keratox

Capítulo 2

Aquellos que se han despertado en el cuerpo equivocado, no encontraran extraño sufrir de ataques de pánico y horror; sobretodo si aparecen monstruos gigantes de color rojo y empiezan a comerse a los que te rodean. Y precisamente, cuando me estaba poniendo de pie…

― ¡Llegaron! ― gritó el primero en ser atrapado.

La enorme criatura que parecía un crustáceo y un mamífero al mismo tiempo, partió por la mitad el cuerpo del desdichado soldado. Golpeó la parte inferior contra el suelo y le mordió la cabeza; el casco del fallecido se rompió y de este empezó a sonar música electrónica <Pobre tipo, tenía buen gusto>.

Y justo después, alcancé a soltar un grito súper masculino, antes de que varios proyectiles plasma impactaran la bestia convirtiéndola en un manojo de carne rosa.

Apenas el cuerpo de la criatura toco el suelo, tres más aparecían tras una colina de arena roja; el viento soplo con fuerza y una enorme nube de tierra rojiza nos cubrió. Sentí que alguien me agarraba del brazo y me ayudaba a levantar.

Me paré  y le di las gracias; sin temblar y sin nada de miedo visible.

 ¿Qué tienen de aterrador unas criaturas que despedazan personas con las manos?

Apenas vi que se lanzaban sobre nosotros, el haber malgastado toda mi juventud jugando videojuegos pagó sus frutos, todas las estrategias de los juegos cobraron sentido, mi vista era como la del águila y mis reflejos como los de un tigre. Sin dudar agarré mi rifle…pistola… como se llame de plasma y empecé a correr, sin llorar y de manera profesional.

¿En serio pensaron que jugar videojuegos ayudaría?

― Bien pensado Keratox― dijo el anciano.

― ¡Vamos, aun falta bastante para el punto de extracción! ― gritó otro.

Y así fue como con lágrimas escurriendo de mis ojos, termine escapando junto con cinco soldados, Daft Punk del futuro, amantes de la electrónica…; de las… de las… ¿Qué mierda eran esas cosas? Mmmm… dejémoslo en langostas oso asesinas de Marte.

Solo otro día más en donde quiera que me encontrara. =)

Corrimos entre las palmeras, los proyectiles plasma y unos extraños hongos gigantes de color negro por unas dos horas. Para que, pero todos teníamos un físico excelente, sobretodo yo; no me sentía cansado ni nada parecido, al igual que nuestros perseguidores.

―Mi señor Keratox. Sé que usted no necesita que nadie le diga esto; pero si salimos del oasis, las tormentas de arena lo pueden matar, si continua sin casco ― dijo uno de los soldados.

Seguí corriendo durante diez segundos sin darme cuenta que yo era Keraton… Keratox y para cuando note que nadie respondía y yo era el único sin casco, una pequeña sonrisa se dibujo en mi rostro <Señor… jejeje>.

 ― ¿Y donde lo tengo?, no lo veo ― pregunté mirando al joven soldado, que me tenía mas miedo que a las langostas.

― Amnesia y estupidez ¡lo que nos faltaba! ― reclamó el tal Galban, que ya empezaba a molestarme.

¿Por qué no me podía tratar con la misma reverencia que el joven?

―Señor… ― dijo el soldado, señalando un pequeño botón verde en la parte superior del traje, al lado de su clavícula derecha.

―Gracias― le respondí con una sonrisa. De inmediato volteé y le hice mala cara al señor mis simpatía.

― ¡Si tienes algo que decir, dímelo a la cara!, oh señor todopoderoso Keratox ― espetó enojado Galban haciendo una reverencia irónica.

En ese momento frenó en seco, me agarró del cuello y me empujo contra una palmera. Su casco desapareció, y me encontré con el típico  extraterrestre rubio, de ojos azules y por el que todas las mujeres alíen mueren < De seguro este será el malo de la historia>.

Lo más increíble es que se parecía mucho a un humano, pero sus rasgos eran más finos y fuertes; su pelo era una mezcla entre dorado y castaño; sus orejas, nariz y labios eran perfectos <que carajos estoy diciendo>; sin embargo lo más increíble era que sus ojos azules parecían el universo en si.  A ver… ¿Cómo lo digo sin sonar rarito?

Sus iris de color azul parecían galaxias en movimiento y sus pupilas parecían hoyos negros, alrededor de los cuales giraban las galaxias. Por unos breves segundos me perdí en sus ojos; por dios, eran hermosos… mierda.

Nota mental, no te esfuerces en describir a los hombres de esta raza <no seas un mari…>

― ¡Dejen sus problemas de pareja para la nave, tenemos que salir de aquí! ― alcanzo a decir la mujer antes de que una langosta oso asesina se nos lanzara encima.

Galban la redujo a un motón de carne de un solo disparo―Puedo hacer ambas cosas sin problema ― escupió al piso enojado.

Yo por mi parte, para nada asustado ¡ni impresionado! Me espabilé, me molestaba que siguiera agarrándome de esa forma.

― ¡Apártate maricón! ― le grité golpeándole el brazo con el que me sujetaba.

Todos quedaron callados, y por la cara de ofendido que tenía Galban, más mi súper desarrollado cerebro pude deducirlo  < ¡Perfecto!, es gay… y le dije maricón>.



Daniel Ruggiero

Editado: 21.02.2018

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