La Cala: Perdida en la gran ciudad

TERCERA PARTE: OTOÑO

 

LA GRAN CIUDAD

PARTE IV

 

 

Algo está cambiando.

Lo noto en el aire. Lo siento en la tierra.

Los cielos, durante largas jornadas aburridos como planas superficies pintadas con mal gusto, comienzan a adquirir la profundidad de la vida misma…

 

Hace mucho tiempo, en la gran guerra por la supremacía de la elección del bando a escoger, el Monstruo tenía ganada la batalla final.

Era tanta la presión sobre una sola persona, que su cerebro brotó tornándose creyente de un rol de Elegido.

En las cimas del monte de la psicosis, una última alianza de Tylerskar y sus leales guerreros plantó cara, en una valiente resistencia, a la oleada de terror y crueldad que nacía y se propagaba como el cáncer.

 

Un colgante, un simple amuleto, otorgaba energía infinita al portador.

Mutaba sus neurotransmisores, haciéndole cabalgar con furia los cielos del ánimo multiplicando su agilidad mental.

Cuando el ejército de Tylerskar estaba derrotado por mero agotamiento, algo sorprendente sucedió.

El Monstruo le entregó el colgante, desapareciendo como ceniza esparcida al viento.

 

Durante lo que se le antojaron milenios, más como criatura que como humano, Tylerskar protegió ese poder de propios y extraños, tratando de controlarlo. Enloqueciendo y marchitando su alma.

El trastorno mental tenía vida propia. Deseaba con todas sus fuerzas regresar con su legítimo amo para conquistar el mundo que tan hostil le resultaba y que tanto ansiaba subyugar.

Abandonó a Tylerskar, que vio como en poco tiempo el peso del desgaste pudría su cuerpo y su mente.

Pero fue a parar al ser más imprevisto.

Un pequeño Niño, que gustaba de dar largos paseos en solitario, dio con el colgante.

 

Y así, el destino de millones de seres contuvo el aliento por un instante en el tiempo.

Pues había una oportunidad de que esa alma se salvase.

 

 

 

 

Me he permitido el lujo de hacer un guiño tolkieniano.

Un lujazo, más bien, teniendo en cuenta el agobiante calor que, unido a la falta de sueño, llama a las puertas de mi mente con la intensidad de quien quiere derribarla.

 

Ansío con todas mis fuerzas días de tiempo alborotado. De viento, lluvia y gente corriendo a refugiarse mientras yo opto por todo lo contrario.

Es por ese motivo que he tomado la voz de Cate Blanchett, tras apagar todas las luces de mi hogar y sumirme en la lenta y meticulosa redacción de las palabras que, una vez más, brotan alegres de mi cabeza.

 

La jornada que ha servido de puente entre dos épocas bien diferenciadas me ha reportado un cansancio mental considerable.

Una resonancia del cerebro en plena madrugada ha coincidido con una analítica de sangre a primera hora de la mañana. La alteración del sueño, así como su reducción, ya son factores a tener en cuenta si uno se encuentra en la rampa de una fase alta bipolar.

Si además sumamos la siempre insistente adicción a un tóxico, resultará sencillo imaginar que, nada más salir uno de la máquina de los mil ruidos, lo primero que desea es tomar un buen trago.

Si sumamos una espera de horas en ayunas, más unas pocas horas de sueño salteado, el resultado salta a la vista que apunta mentalmente a una gran jarra espumosa de cerveza bien fría.

 

Aún es pronto pese a encontrarnos en una cuarta parte de este proyecto ensayístico.

Si bien el ‘mono’ físico quedó atrás hace varias jornadas, el psicológico me da la mano con fuerza, con esa dependencia manipuladora de la que sabes no será fácil librarse.

Quedan pues, múltiples jornadas, semanas y meses enteros, de pelea en las trincheras. De arduo batallar por el simple hecho de resistir a beber alcohol.

 

En tiempos de consumo, yo mismo me fabricaba las tormentas desde el interior de mi propia mente. Bastaba con rebasar la quinta copa desde un consumo compulsivo. Mi cerebro ardía, escupiendo llamaradas hacia mí mismo y los demás de las que al día siguiente ni siquiera me acordaba. La sensación, eso sí, era de reinicio. Una especie de reset rebosante de malestar y arrepentimiento.



Víctor Fernández García

#11780 en Otros

En el texto hay: drama, fantasía y amor, salud mental

Editado: 17.01.2020

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