La chica nueva

CAPÍTULO 3

Sigo andando y el camino me lleva a la gran puerta que da lugar al exterior.

Mi ceño se frunce al ver como la cerradura se encuentra abierta. La cojo por el manillar abriéndola con cuidado y un fuerte viento hace que me vuelva a meter hacia dentro.

Me tapo la cara como puedo y vuelvo a salir al exterior. Visualizo al chico de pelo rizado correr hacia el bosque y yo empiezo a andar rápido hacia ese lugar.

Un fuerte ruido se escucha desde su interior y yo paro el paso en seco. Dirijo la mirada hacia mi alrededor pero no hay nadie.

Sigo andando un poco asustada y poco a poco me voy adentrando en el bosque.

Al ser invisible las ramas no crujían en el suelo, pero eso no quiere decir que no me puedan tocar. Solo el efecto se desactiva si un humano me toca.

Entre cierro un poco los ojos y sigo andando. Otro ruido se escucha y asustada miro hacia detrás mía.

El chico de pelo rizado mira en mi dirección y empieza a correr, yo me echo hacia un lado y él sigue de largo.

Eso es extraño. Si no me había visto a mí, ¿Entonces a quién? Yo no había visto a nadie.

Se escucha como una rama se cae al suelo y yo meto un fuerte grito. Mi respiración es irregular. MUY irregular.

Segundos después vuelvo a ver como el chico pasa por delante mía y sigue corriendo.

Ya asustada me doy media vuelta y decido volver al interior.

Ando, ando, ando, pero no consigo ver el gran lugar. Ya hacía unos minutos que había salido del bosque. No sabía como me había perdido. Ésto no tiene pérdida y pareciera como si estuviera dando vueltas en círculos.

Cierro mis manos en puños y dejo una fracción de segundos los ojos cerrados. Mis ojos se cambian de color y una fina linea rosa me enseña el camino de vuelta.

Se escuchan dos campanadas que dan el comienzo de la cena. Mi boca se abre y sigo corriendo para no llegar más tarde aún.

Cuando consigo llegar, entro sin abrir la puerta y me dirijo a mi cuarto lo más rápida que puedo.

Al entrar deshago el hechizo y salgo como una persona normal. Bajo las escaleras rápida y me quedo parada delante de la inmensa puerta. Dudando si entrar sin llamar o llamando antes.

Opto por lo más ligero y entro sin llamar. Al escuchar el chirrido de la puerta, todo el mundo, incluidos los maestros y el director fijan su mirada en mí.

Ya volvemos con las miradas.

— Señorita Farmiga.— dice el director casi gritando. Pego un pequeño salto en mi sitio.— ¿Por qué llega tarde?— pregunta andando en mi dirección.

— Usted no me ha dicho ninguna norma sobre el horario de comida.— levanto mis hombros y me siento en mi asiento.

Todo sigue en silencio y algo me dice que no ha terminado.

Me doy la vuelta y lo veo de brazos cruzados mirándome. Yo hago lo mismo cruzándome de brazos y él levanta una ceja. Yo hago lo mismo y algunos de los que se encuentran en mi misma fila se empiezan a reír.

— ¿Qué?— pregunto todavía con la ceja levantada.— ¿Estoy guapa?— pregunto pasando mi dedo índice por mi lengua y llevando restos de saliva a mi ceja levantada.— ¿Ahora estoy mejor?— vuelvo a preguntar.

El director junto con unos chicos y chicas delante mía ponen cara de asco y yo les demuestro mi sonrisa.

— La primera y la última vez que llega tarde.— no le doy importancia y me giro para empezar a comer.

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Termino de comer mi cena y paso la mirada por todo el lugar. Pongo una mano en mi mejilla y empiezo a hacer morisquetas con mi cara.

Lo que puede llegar a hacer el aburrimiento.

Me doy la vuelta dejando los pies para afuera y miro a todo el mundo. Los asientos eran un solo banco a lo largo que cogía toda la mesa.

Se me ocurre algo y empiezo a hacer flexiones. Pongo mis dos manos en el asiento, estiro mis piernas y empiezo a bajar y subir poco a poco. Ya hacía mucho que no hacía deporte.

Uno...

Dos...

Tres...

Cuatro...

Veinte...

No llego a hacer más porque de nuevo noto una mirada posada en mí.

El mismo chico que me miraba mal está sentado delante mía. Lo miro un par de segundos y sigo a lo mio.

Veintidós...

Veintitrés...

Tengo que volver a parar porque una voz me llama.

Subo la cabeza y me encuentro con la mirada del director. Dejo caer mi culo en el frío suelo y formo mi boca en una fina línea.

— ¿Cree que esto es un gimnasio o algo por el estilo?— yo niego con la cabeza y me siento bien en mi sitio.— Pues no lo parece. Que sea la última vez que le llame la atención.— se da la vuelta y se vuelve a sentar en su querida silla de rey.

— Lily. ¿Cuánto queda para que nos podamos ir?- ella mira su reloj.

— Dos minutos.— mi yo interior empieza a aplaudir. SOLO. DOS. MINUTOS.

O yo había cenado demasiado rápido o todo el mundo a cenado muy lento. Creo que he sido yo, porque me estaba entrando una fatiga impresionante.




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