La chica nueva

CAPÍTULO 5

—¿Wale?— pregunto al ver su cara.

— ¿Cómo has echo lo de antes? No creas que no te vi.— formo mi boca en una fina línea y me lo quedo mirando.

— ¿Estás loco? ¿Cómo puedes creer que yo hice eso? A ver... ¿Cómo lo haría?— me cruzo de brazos esperando para que hable.

— No lo se. Tu eres la que lo ha hecho. Tu debes saberlo, no yo.— ahora es él el que se cruza de brazos.

— Pruebas. Dame pruebas para saber que lo he hecho yo y te lo diré. Pero después no llores como un niño al saberlo. Porque una vez que lo sabes, YA NO HAY VUELTA ATRÁS.— cierro los ojos y abro y cierro los puños. Lily se da cuenta de lo ocurrido y le cierra la puerta en su cara.

Me coge de los hombros y me deja caer en la cama. Cojo la almohada y la estampo en mi cara con fuerza. Grito, grito, y lo único que hago es gritar.

¿Qué he hecho? Uno de mis secretos era que no supieran que tenía secretos.— ¡JODER!— grito frustrada.

Lily se acerca a mi y me pone la mano en el hombro para que me tranquilice, pero no lo consigue.

En un acto reflejo saco mis garras y le araño todo el brazo. Un fuerte grito sale de su garganta y es ahí donde me doy cuenta de lo que acabo de hacer. Me quito la almohada lo más rápido que puedo y la veo tirada en el suelo con su brazo lleno de sangre.

Corro bajo mi cama, saco un frasco con un líquido azul y me echo un poco en la mano. Le cojo el brazo pero empieza a retroceder por el miedo. Pongo las manos delante de mi cara y espero a que se relaje un poco.

— Tranquila... Sólo... Sólo dejame echarte esto... Sólo... Sólo te va a curar la herida.— Lily niega con la cabeza. No la puedo dejar así. Si la herida se infecta lo único que le puede pasar es que... que... que... Mue..muera.

— Mira.— le enseño mi mano con el líquido.

Dejo el frasco en el suelo y con esa misma mano saco mi garra con un poco de dolor. La miro a los ojos y veo que no esta asustada. Esta aterrada.

Acerco las garras a mi brazo y empiezo a arañar hacia debajo. Veo como se le salta una lágrima en silencio. Con la otra mano me hecho el liquido y en cuestión de segundos, solo queda de la herida una fina línea, pero con mis tatuajes casi ni se ve.

— Ven.— le hago señas con la mano para que se acerque.— Si no te lo echo podría infectarse y todo se complicaría.— se sigue resignando.

Bajo mi cabeza cogiendo el frasco y echándome otro poco en la mano. Me levanto y me acerco a ella con cautela.

— Intenta confiar en mi, por favor. No te haré daño— le ruego para que acceda.

Unos segundos después accede y extiende el brazo. Lo cojo con cuidado y ella hace una mueca de dolor. Paso el líquido por su piel y en cuestión de segundos solo está la fina línea.

Lily abre la boca asombrada y yo le sonrío. Se que no he hecho bien en mostrarle parte de lo que puedo hacer o lo que soy, pero no podía dejar que le pasara algo si la culpable era yo.

— ¿Co... Cómo has hecho eso?— pregunta asombrada. ¿Y ahora se lo digo o no?

— Em... Solo tienes que quedarte callada. No se lo puedes decir a nadie. Si se lo cuentas a alguien, no solo yo estaré en peligro, tu también.— asiente con la cabeza pero no sabía el porqué, no confío del todo en ella.

— ¿Te puedo contar algo?— mi ceño se frunce y espero a que hable.— ¿Curtis es igual que tu? ¿Puede hacer lo mismo?— ¿Curtis?

— ¿Quién es Curtis?— pregunto sin saber. Nunca había escuchado ese nombre.

— Ya sabes... El que te ayudó cuando te caíste al suelo en el comedor... El que.... El que me gusta...— sus mejillas cambian a un color rosado y en ese momento caigo de quién es.

— No. No creo que haya nadie más. Solo yo. Espero.— como haya más la he cagado. Todo se volvería patas arriba. TODO.

Me levanto de la cama y me acerco a la puerta para abrirla. Ya estaba harta de estar todo el día aquí metida.

— ¿A dónde vas?— me doy media vuelta y la miro a los ojos.

— Voy a dar una vuelta. Sola.— pronuncio más fuerte el sola. Ella asiente y yo cierro la puerta.

Empiezo a andar por los pasillos. Solo me he encontrado con dos chicas que ni siquiera me han mirado. Sigo andando pero noto que alguien me sigue. Miro hacia detrás y hacia delante pero no hay nadie.

Me acerco a las escaleras y miro hacia debajo. Veo que no hay mucha diferencia de altura y lo único que se me ocurre es saltar. Me subo encima de la baranda y extiendo los brazos hacia los lados. Cierro los ojos y me doy un pequeño impulso. Doy una pequeña voltereta y caigo de pie. Miro hacia todos lados para verificar que no hay nadie que me haya visto.

Paso por la puerta de salida y empiezo a andar rumbo a ninguna parte. A mitad de camino me encuentro un banco y me siento. Cierro los ojos relajandome y sigo así unos minutos.



Marta

Editado: 09.04.2018

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