La Élite De Swill (libro 1. Saga Demogorgon)

EQUINOCCIO

20-Marzo-1986

Eran las 3.00 a.m. en la casa Sokolov, cuando la alarma del celular de Nyx sonó. Irrumpiendo abruptamente su sueño, Nyx decidió apagar la alarma e intentó conciliar el sueño, algo que no se consiguió tan fácil, pues el sonido que emanaba la habitación de Irina evitaba su concentración. Nyx recordó que ese día era el equinoccio, y abrió sus ojos casi con susto. Se levantó lentamente y se sentó en el filo de la cama, sus pies fríos tocaban el suelo más cálido que ellos, por más horas que pasara cubriéndolos, sus pies no conseguían recibir calor alguno y casi siempre estaban helados. Se dirigió a su armario para tratar de seleccionar un atuendo ideal para el lugar y las actividades que ahí se realizarían. Tomó su baúl azul e introdujo un cambio de ropa más desaliñado: un par de jeans negros, blusa blanca de manga corta, deportivos blancos y una sudadera gris. En el equinoccio no sabía si se harían las pruebas a la intemperie o en el interior de la casa de la suprema, más valía prevenir antes de ensuciar su vestido entallado morado.

Muy rara era la suprema, pues deseaba una excelente presentación al llegar, pero en las pruebas pedía la presencia más sosa y desabrida que se pudiese brindar, como si respetase más a las prendas que a la persona en sí. Nyx cerró el baúl y lo colocó en el suelo, para después dirigir su caminar hacia la puerta del baño; donde aseó su cara y dentadura, se había duchado hacía apenas 4 horas y aun mantenía su cabellera húmeda, por lo que decidió provocar una pequeña ventisca para que este se acomodara un poco.

Dieron las 4.15 a.m. cuando se dispuso a salir de su habitación con baúl y bolso en mano; al intentar dar un paso fuera de su recamara, Francis se encontraba casi como una calcomanía parado enfrente de su puerta, Nyx le dio su baúl y se dirigió hacia el cuarto de sus padres, la pequeña Kalindi sollozaba un poco, pues estaba acostumbrada despertar un tanto más tarde. A Nyx no le gustaban nada los bebés, y tenía que convivir con una por un buen tiempo; a pesar de que fuera su hermana, no podía soportar el llanto de un bebé. Nyx trataba de invadir su mente con ideas y estrategias que sirvieran para las pruebas, pero no lograba hacerlo completamente, debido al recuerdo de lo que había pasado unas horas atrás. ¿Cómo podría el abrazo de Adriel, y el calor que éste emanaba arroparla con tanta calidez, como si el mismo verano la besara en pleno invierno? Nada era tan cálido como sus abrazos, algo bueno tenía que tener el poder de la piroquinesis, el control del sol y del fuego en general.

-Bajen ya- gritando desde la parte inferior de la casa, emanó Alexandro- no puedo creer todo el tiempo que tardan en vestir y asear sus cuerpos.

-Tendrás que lidiar con esto por mucho tiempo- vacilando respondió Amelia, pues no solo tenía a su esposa y tres hijas, los xys tienen un alta esperanza de vida- deberías encontrar una actividad que hacer mientras tanto.

-Ya he sufrido esto por más de 100 años ¿Qué más quiere el señor de mi?- quejándose un poco, habló Alexandro.

Amelia había terminado de bajar las escaleras, y besó los labios de su marido. Irina y Nyx no tardaron mucho tiempo más bajar.

-¿Todo listo Francis?- preguntó el Sr. Sokolov-.

-Así es señor, la camioneta está lista.

-Nos vemos el lunes, cuide la casa por favor.

Francis solo asintió y se dirigió a abrir la puerta del vehículo. El chofer encendió la camioneta y emprendió el camino.  Irina, Amelia y Kalindi se quedaron dormidas al poco tiempo, los únicos despiertos eran Nyx y Alexandro.

-¿Nerviosa?- preguntó Alexandro mientras revisaba su teléfono-.

-No son nervios, es más… preocupación.

-Tranquilízate, siempre te estresas y sale todo bien; tienes nuestro apoyo.

-Claro… empiezo a creer que gracias al estrés todo sale bien siempre, quizá es mi amuleto de la suerte- Nyx soltó una risa inocente-.

-En nuestra familia no existe la suerte- cortando la risa de su hija habló contundentemente Alexandro- lo único que hay es éxito o fracaso, no le des tus triunfos a una simple casualidad y sé responsable de tus fracasos, no los vayas adjudicando o lamentando por todas partes.  

-Solo hablé sin pensarlo, no lo tomes todo tan enserio

-Lo que deberías hacer tú, es empezar a hacerlo. No puedo creer que te esté diciendo esto a tu edad, ni siquiera cuando eras más joven te comportabas de esta manera. En fin, ¿todo bien anoche? En cuanto me enteré, mandé a arreglar todo.

-Sí, afortunadamente Adriel estaba conmigo en el ascensor…



Ixchel Kinich

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En el texto hay: humanos, magia, sangre poderosa

Editado: 17.12.2019

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