La Gema de la Reina

Capítulo XX. “La Beawuth”.

Brian.

Ambas cazadoras escapan con el rabo entre las piernas, sonreí victorioso hasta que el miedo se hace presente, cuando Tay se desmaya. Al momento en que intento moverme un fuerte dolor atravesó mi costado y un líquido tibio manchó mi ropa.

—!Mierda! — exclamó con furia, pensando en cómo haré para salir de aquí sin ser vistos.

Me acerco a ella, y mido su pulso. Era muy firme, así que, aun seguía con vida. Sonreí mirando su rostro, sintiendo orgullo de ella. Desde que la conocí sabía que era la persona más fuerte que he conocido. Saco mi celular del bolsillo y le reportó a Isaak un texto de lo sucedido.

Al instante de enviar el mensaje, escucho la puerta de donde salieron esas cazadoras. Inhalo profundo, preparándome para atacar, cuando veo a cierta rubia entrar un poco ebria acompañada de su amiga.

—!Maldición, Vicky! !Me asustaste! — digo soltando el aire de mis pulmones.

—¿Qué sucedió aquí? — pregunta la vampiresa.

—Cazadores — le respondo.

La mirada de Hela de repentes cambió, sus ojos estaban observando la sangre que derramaba mi costado. El olor la estaba dominando. Veo como sus ojos se oscurecen y da un paso al frente. Cuando...

—Hela regresa a fuera y vigila — le dice su amiga sosteniéndome del brazo.

Hela retrocede con un gran esfuerzo, y desaparece en un parpadeo.

—Ha estado peor — aclara con seguridad,mientras se aproxima a su amiga desmayada. — Lo reportaste.

Asentí sin poder hablar. Ella me ve a los ojos y se queda observando, luego su mirada se desvía a mi camisa rasgada y manchada de sangre en mi costado.

—Te hirieron — dice acercando su mano a la daga clavada en mi costado.

—No — me aparto de ella, negándome a que me toque. — Abre esa puerta que da al aparcamiento de carga.

—Si no te la sacas, no te...

—Lo sé — la interrumpo. Tomando a Taylor entre mis brazos — yo me encargo. Tú solo...

—Esta bien.

Se pone de pie, y se dirige a la puerta. Aparta los estantes y cajas que obstruyen el paso, y de un golpe con la mano rompe la manilla.

Mientras yo pasaba mi brazo izquierdo por sus piernas y el otro por debajo de su brazos para cargarla. Antes de levantarme, tomo aire y con todas mis fuerzas, sin importar el ardor que sentía. Con un solo impulso me coloco de pie, con Taylor cargándola en mis brazos.

—Vamos — dice Vicky después de ver que no había peligro.

Avanzamos con cautela. Vicky me iba caminando adelante, mientras yo le daba las indicaciones de donde nos buscarían.

Al llegar, el auto ya estaba estacionado. Vicky me abre la puerta de atrás y entró como puedo al auto sintiendo el dolor mucho más intenso al sentarme. En el auto estaba Isaak con esa mirada sin expresión, diciéndole a Vicky que volviera. Ella cierra la puerta y corre de vuelta al instituto.

Avanzamos en dirección al centro. De seguro iríamos al hotel en donde se estaba hospedando Tom. En menos de cinco minutos llegamos. Isaak entra por el estacionamiento, dirigiéndose al ascensor de cargas.

—Sube al último piso — dice mirándome de reojo — ahí se encuentra Tom.

Abrí como pude y bajé del auto con Taylor en brazos. Cierro la puerta con el pie y camino al ascensor. Isaak se va a estacionarse, o eso creo cuando, noto que avanza hacia la salida. “Esto no me gusta”, pensé al momento en que se abren las puertas del ascensor. Subo al último piso, tratando de contener el agotamiento. La sangre me había empapado casi toda la camisa y parte del pantalón.

Se abren las puertas y lo primero que veo es la mirada de Tom llena de preocupación e ira. Me hace señas con la cabeza para que lo siguiera. Caminamos por el pasillo, pasando por dos puertas. A la tercera se detiene y le pasa una tarjeta para abrirla. Me da espacio para que entre y la lleve a su cama.

Luego de dejarla acostada en la cama, me quedo admirando lo hermosa que se veía durmiendo. Una oleada de dolor me desgarró y me desplomo en el suelo, ya no soportaba el ardor de la herida. Tom se acerca y me la saca sin previo aviso.

—Oh... — dice mirando como un liquido purpura se mezclaba con mi sangre.

Traté de ponerme de pie, pero no sentía mis piernas. La daga estaba diseñada para cuando el momento en que me la sacara, el veneno saliera y me matara. Deja la daga en la mesa de noche. Y me ayuda a levantarme del suelo. Me lleva el mueble y me acuesta. Se acerca al minibar, rebuscando en la nevera.

Poco a poco sentí como me desfallecía. La luz del candelabro me cegaba, mi cuerpo ardía en fiebre, y mi pulso se aceleraba. En el siguiente segundo quedó completamente ciego. Cambió mi vista a la de lobo para ver mejor, pero esta iba por el mismo camino. Mis manos empezaron a cambiar de forma a unas largas manos peludas y con garras afiladas. Me sujete del mueble clavando las garras para soportar el dolor y la inmensas ganas de atacar. Podía sentir que mi animal quería salir de su encierro.

—Bebe — dice Tom colocándome un frasco cerca de mi boca.



B. B. Muria.

Editado: 30.03.2021

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