La libreta de Levi

38

¡Maldición, lo hice! Dejé mi carta en su mochila. Nunca había sentido tanta adrenalina en mi vida, dime exagerado, pero vi mi vida pasar por un segundo. Por un momento creí que Demian me descubriría o entraría a los vestuarios, (mañana tiene partido, así que debe entrenar).

Nadie me vio entrar o salir de ahí. Lo cual es una suerte, no sabría qué diablos decir al respecto. Prácticamente me comí las uñas cuando miré a todos los jugadores volver a los vestuarios. Demian leyó mi carta anónima, la dejé a la vista. O eso creí en un principio.

Durante el descanso insinué si había tenido una mañana tranquila con el equipo. Luego él murmuró un simple, "todo bien" para seguir comiendo sin preocupaciones. Me harté, así que fingí pedirle una pluma y abrí su mochila encontrando mi carta intacta. Virgen.

Me hice el sorprendido y pregunté por ella. Demian solo miró el sobre sin gran interés.

—Es una carta —dijo simplemente. El idiota la encontró, pero no le dio importancia. No estaba abierta todavía. 

—¿No vas a leerla? —pregunté impaciente. Estaba desesperado. Se la entregué y él sacó su contenido.

—Es una carta igual a todas, ya sabes —se quejó, pero insistí en que la leyera.

Creo que no respiré en todo el momento en que sus ojos estuvieron puestos en el papel blanco, mi carta, la que yo escribí. Fueron los segundos más agonizantes de mi vida. Estaba muy serio, incluso pude ver lo tenso que se puso de un segundo a otro. De pronto sus ojos se clavaron en mí.

—¿Qué dice?

—Nada —se levantó, tomó sus cosas y se fue sin decir nada. ¿Es que acaso me descubrió? Justo ahora me estoy muriendo de la desesperación. 



Liz Covath

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En el texto hay: historia corta, romance juvenil, homosexualidad

Editado: 08.08.2020

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