La muerte más bella

III

Ver al Coronel exaltado y pegando gritos en la oficina es lo mejor para empezar una bella mañana de trabajo con toda la presión del mundo.
Mientras Kast estuviera en aquella mansión recolectando testimonios previos mi mente estaría tranquila.
— ¿Cuánto tiempo vas a demorar en ese caso?—cuestionó Cassus—. Sí te asigné es porque esperaba resultados inmediatos pero sigues siendo una inútil.
—La llamada de aviso fue hace unas horas, no tenemos la escena principal y el forense sigue haciendo la autopsia, créame, aún no soy capaz de hacer milagros.
—El alcalde y los abogados de esos extranjeros nos harán trizas sí no tenemos noticias para mañana.
—Y eso sería mi culpa, ¿no? Después de todo sólo yo hago el trabajo—solté una leve risita—. La culpa siempre es de la nueva.
Sentí un fuerte ardor en mi mejilla, mis ojos lagrimeaban. Aquella bofetada resonó en la habitación. 
Quedé completamente en shock por el golpe, abrí levemente la boca, tratando de hablar pero realmente dolía. Sólo esbocé una leve sonrisa.
—Hubiera tomado el caso, definitivamente una mujer es incapaz de resolver un caso de ésta magnitud—dijo Cassus—. Vete, queda en vergüenza frente a todo el mundo y luego espero tu renuncia, tienes tres días para eso.
Salí de la oficina y absolutamente todos me observaron. Nunca había sentido tanta vergüenza. Fui inmediatamente a mi oficina, azotando la puerta.
—Qué tontería...—susurré.
Me arrimé a la puerta y tomé mi teléfono, simplemente me quedé viendo la pantalla, para terminar llamando a Kast.
— ¿Teniente?—su voz parecía un leve susurro— ¿Todo bien? —Ah, sí, sólo quería saber que información conseguiste. 
—Bueno, mejor de lo que esperaba—reía levemente—Kang Ma Roo se negó a hablar sino está presente su abogado.
—Tráelos, hay que procesarlos, aún están las patrullas afuera, úsalas y eso—dije con desgano.
— ¿Todo tipo de muestras?
—Sí, conseguir la orden es fácil... Cualquier cosa para acabar con éste caso. — ¿Y por qué su voz está quebrada?—preguntó con seriedad— ¿sucedió algo?
—Voy a quebrarte una taza en la cabeza sí no te apuras, ¿entendido?
Colgué inmediatamente y guardé mi teléfono en el pantalón.
Caminé a mi escritorio y dejé aquellos sobres, que tenía guardados en el saco, sobre el escritorio. Me senté en mi asiento, saqué unos guantes de látex para abrir cada carta.

Querido Patch, 
Realmente no puedo creer que tan cínico y falso podría llegar a ser una persona.

Gracias por demostrarlo, la sangre es algo que no se puedo quitar tan fácil.

"Ein Neger mit Gazelle zagt im Regen nie."

Aquella carta realmente me había dejado demasiado confundida, especialmente la última frase. Encendí la laptop y de inmediato, escribí aquella frase en el traductor: «Bajo la lluvia, un negro con una gacela no vacila jamás», el origen de aquella frase era en alemán, idioma ajeno al de la occisa y al del destinatario.
Decidí dejar aquella carta nuevamente en su sobre y dejarla a un lado, tomando otra de las cartas.

Querido Emrah, 
No todas las personas del mundo son buenas, y lo he comprobado a tu lado.
Hiciste que mi corazón latiera sin control y también lograste detenerlo de la misma forma. 
Fue efímero...

"Νίψον ανομήματα, μη μόναν όψιν"

Escaneé aquella carta, tratando de no contaminarla. Con un traductor de imágenes con texto, logré descifrar lo que decir, «Lavad vuestros pecados, no solo vuestra cara»
Aquellas palabras estaban en griego pero lo desconcertante era el mensaje detrás de estas palabras, era tan diferente y semejante al mensaje anexo a aquella frase.

Querida Anya,
Las mentiras que dijimos en aquel momento sólo nos trajeron lágrimas.
Ahora, sólo deseo que hubieras sentido la traición de la misma forma en que yo la sentí.
Seguramente hubieras acabado con todo.

"Was it a rat I saw?"

« ¿Era una rata lo que vi?», la original en inglés hacía notar un dolor y desagrado ante el destinatario de la carta. Parecía que no tenía relación alguna el idioma de aquellas frases y el contenido de aquellas cartas pero había algo en común con aquellas tres cartas, esas frases eran más que sólo frases al azar, eran palíndromos. Se leían al derecho y al revés, tenían el mismo sentido.

Querido Daniel, 
El peor de todos los pecados fue encarnado, y ese fuiste tú.
Caí tan bajo a tu lado que mi alma sólo llega a asquearse.
Somos tan viles, tanto cómo el mismo demonio.
Gracias a ti, logré ganar y perder absolutamente todo.



Alenna Schwarz

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Editado: 19.02.2018

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