La Pocima

Capitulo 2

En dos semanas Mayra recorrió a varias instituciones, habló con una docena de abogados, gritó las acusaciones en la cara del maldito gordo Devlin y a su padre. Rompió dos vidrios del hall de la clínica. Pasó una noche entera en la comisaria esperando al Jefe de policía para que agilice la denuncia.

Todo se terminó cuando Mayra recibió una amenaza por teléfono y al día siguiente un auto la rosó por la cadera tirando la chica a la vereda.

Cada hecho fallido la dejaba con menos fuerza. Un día Mayra se despertó en su cama y no quería levantarse. Ya no había nada que se podía hacer.

Al menos que...

Mayra se levantó y empezó a buscar el teléfono. Hay que llamar a Evelyn. ¿Qué es lo que le decía de la brujería?

Cuando la vida te pone a pruebas fuertes, empiezas a creer en Dios y a todo lo que está relacionado con El. En este caso Mayra no tenía ganas de rezar por las almas del gordo Devlin, hijo de perra, y su padre. Tenía ganas de mandarlos al infierno. O mejor todavía, hacerles el infierno en la tierra.

Es allí donde Evelyn le dio la dirección de una bruja que conocía por unos amigos. Esto se convirtió para Mayra en un asunto vital.


Mayra anotó la dirección que le pasó Eve y miro la hoja.
La bruja vivía en otra ciudad, serian ocho horas en el tren.
Mayra apretó el papel que se arrugo en su palma y se quedó pensando. Todavía hay tiempo de cambiar la opinión. Se puede dejar a estos bastardos en paz, y olvidar de todo. Seguir con la vida y esperar que tiempo sana las heridas. Pero la chica tenia bien claro que no va a poder vivir tranquila. Algo tiene que hacer. Pasados dos semanas el dolor y la rabia por la injusticia no se habían calmado.

Con la poca plata que Mayra tenía, compró un pasaje, preparó unos sándwiches y puso toda su esperanza en este viaje sin saber cómo puede terminar.
El viaje fue aburrido. El paisaje era monótono. La gente cansada, sin ganas de hablar. Un viejo adelante de Mayra, la miraba todo el camino incomodando a la chica.
En un momento Mayra pensó que cualquier bruja debe tener tiene poder sobre la gente. Sintió un poco de envidia. 
Con los pensamientos tristes llegó a la ciudad donde vivía la mujer.

¿Tenía miedo? Un poco. No sabía cómo hablar con brujas, ¿qué le va a pedir la bruja a cambio? Capas que no dinero, sino algo más valioso que tiene ella.

¡Deja nena! — Pensó Mayra — leíste muchos cuentos de chica. No va a pasar nada de esto. Es solo un negocio para las brujas. También son personas y tienen que comer. Al menos que comen algo raro, una rata frita por ejemplo.


Ya casi de noche entró en el barrio y encontró la casa indicada. La casa no era grande pero era muy bien cuidada. Tenía estilo antiguo por más que la madera no era vieja ni arruinada. De dos pisos y un orden impecable. Un farol a la antigua colgado en la entrada alumbraba un circulo en el piso.
Allí Mayra sintió algo de miedo. Sin embargo entró en el círculo alumbrado.
Tomo el aire y tocó el timbre.
"Dzin-dzen!" - sonaron las campanillas adentro de la casa.
El corazón de Mayra empezó a saltar de nervios. Verdaderamente la chica no sabía con se podía encontrar. En un momento sintió tanto miedo que se le aflojaron las piernas.
Todavía tenía tiempo de volverse, abandonar la idea.
Pero el corazón de Mayra estaba exprimido del dolor. Parecía que la propia madre no puede descamisar en paz hasta que la hija haga la venganza.

Ya que intentó por las buenas y no hubo resultado, llego la hora intentar por las malas. Pensando así Mayra levantó la mano y apretó el timbre una vez más, con más firmeza y determinación.
"Dzin-dzen!" - repitieron la llamada las campanillas.
De repente la puerta se abrió por la mitad. Una luz tenue amarilla provenía de la casa.
No se escuchaba ningún sonido. Nadie salió a recibir a Mayra.
La chica empujó la puerta. Hizo un paso adelante, después otro y entró a la casa.

***  

 

Mayra miró alrededor. El comedor de la casa no era muy grande. Tenía techo bajo hecho de pilones de madera. Las paredes estaban cubiertas con las telas con dibujos de paisajes de los bosques oscuros. Una mesa antigua en el centro, un par de sillones y una araña de cobre brillante en forma de víboras colgada en el techo.
Mayra dejo su bolso de viaje en el piso y paso al medio del comedor. Se quedó esperando.
De repente se escucharon unos pasos lentos.
Entró una mujer alta como de 35 años. Estaba vestida de pollera larga al estilo antiguo y una blusa moderna. La combinación de dos estilos tan diferentes le hacia una apariencia perfecta. Tenía ojos grandes oscuros y pelo largo y suelto.
La miró a Mayra con interés y sonrió.
-— Siéntate niña, ¿vienes de lejos?
Mayra agradeció con asentar la cabeza y se sentó en un sillón crujiente. La mujer se sentó enfrente y puso las manos entre las rodillas.
-— Hola señora. Soy Mayra. Vengo de Thorn Creak. Busco a la señora Beatriz Willington.
-— Soy yo. Conozco la ciudad maldita. ¿Qué te trae por aquí?
Mayra se puso tímida. Bajo la mirada sin saber cómo empezar.
La mujer sonrió.
-— Tranquila. Cuéntame todo. Hoy tuve un día aburrido como tantos otros de mi vida y una historia interesante me viene bien.
Los ojos de Mayra largaron chispas. Ella no esperaba que para alguien la historia de suma angustia y dolor puede ser divertida. Mayra vino acá a pedir ayuda, no para hacer un show.
Pero la mujer no pareció estar afectada por la mirada de odio de la chica. Solo la quedo mirando sin dejar de sonreír.
-— Te escucho — solo dijo la bruja.
Mayra guardó el orgullo, tomó el aire y empezó a contar. En principio un poco desconcentrada y después con más expresión del dolor.
Al finalizar su historia Mayra ya estaba llorando desconsoladamente. Pero la mujer no dejo de sonreír en ningún momento. Parece que la divertía el dolor ajeno o por lo menos ella tomaba todo con calma de hierro frío.
La bruja le miró a Mayra directo a los ojos tratando de penetrar su alma.
-— ¿Y tú no supiste manejar la situación? -— solo dijo la mujer.
Mayra la miró sorprendida.
-– ¿Manejar cómo?
-— Por ejemplo, ¿perdonarlos y dejar en paz? ¿Después vivir tu vida, olvidar de todo y reconstruir tu corazón con todo lo que tienes por delante?
-— ¿Le parece que se puede hacer así?
— Muchos lo hacen y el mundo no se cae.
Mayra miró al piso. En un minuto se le levanto la ola de rabia contra la injusticia.
— No. No puedo manejarlo. Ellos tienen que pagar — dijo Mayra con un suspiro.
La mujer se levantó. Se agarró de los hombros es como tenía frío.
— Que mal que estas. No sé quién te puede ayudar.
— Pero me dijeron que usted es una...
— Yo se lo te dijeron. — la interrumpió la mujer impaciente. — si no, no estarías acá.
La mujer se dio vuelta y se fue a la ventana. Abrió la cortina y miró la noche.
En el ambiente se colgó una pausa pesada.
"No me quiere ayudar" — pensó Mayra.
— El asunto es que — la mujer se dio vuelta. — yo dejé de hacer toda clase de trabajo que hacía antes.
— ¿Por qué? — dijo Mayra sorprendida.
La mirada de la mujer se puso triste. — Porque esto me arruinó la vida. Me trajo la soledad y el odio de la gente. A veces tener un poder te aísla de la vida común y de todo lindo que tiene para ti.
Mayra se puso triste.
— Es que no puedo vivir así. 
La mujer suspiró. 
— Yo no hago más trabajos oscuros. Pero tú puedes decidir tu propio futuro.
— ¿Como? — dijo Mayra con esperanza.
La mujer se acercó. La agarro de la mano.



Vitto De Leone

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En el texto hay: brujeria, brujeria magia, hechizos

Editado: 16.11.2018

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