La Profecía De La Llegada - Libro 1 de la Saga Del Círculo

SEGUNDA PARTE: El Marcado - CAPÍTULO 22

Cerré los ojos y volví a apoyar la cabeza en la pared.

            —¿Estás bien?

            —Estoy muy mareado. No sabía que una carta podía tener ese efecto.

            Ella se mordió el labio inferior:

            —No es la carta. Es el té— explicó ella—. Puse unas hierbas para ayudarte a dormir.

            —¿Me drogaste?— le grité, enojado.

            —El dolor no te iba a dejar descansar. Estas hierbas anestesian el dolor, relajan el cuerpo y ayudan a curar las heridas. Mañana te sentirás como nuevo— explicó ella a toda velocidad a modo de disculpa.

            —¿Y no pensaste en advertirme?

            —Lo lamento. La conversación tomo otros rumbos y... lo olvidé.

            Dana corrió a mi lado y me ayudó a recostarme en la cama de paja. Al estar en posición horizontal, el mareo cedió un poco y comencé a sentir una sensación de bienestar. Dana me miró preocupada:

            —¿Todavía conservo mi trabajo?— preguntó débilmente.

            —Eso depende de cómo me levante mañana— dije con los ojos entrecerrados.

            Dana encontró la manta que estaba en mi mochila y me arropó con ella. Luego, chequeó el fuego y se acostó en la cama que había armado del otro lado de la habitación.

            Con los ojos cerrados y el cuerpo totalmente relajado, sonreí y pensé: ¿qué dirían los hermanos si supieran que tengo a una chica durmiendo en mi habitación?

            Mi mente comenzó a divagar y a percibir los patrones de las plantas que me rodeaban, trepando por las paredes de la cúpula. Las plantas me hicieron sentir que dormiría en paz y armonía con la naturaleza, porque aquellas plantas no habían sido forzadas a estar allí sino que ellas mismas habían decidido crecer en las paredes, adoptando aquel lugar como su hogar.

            Mientras seguía adormeciéndome, pude sentir la satisfacción que emanaba de los patrones vegetales, pude distinguir las individualidades. Cada individualidad tenía su encanto, su especial misterio, y cada una era única.

            En medio ya de un sueño profundo, sentí de pronto que podía percibir y analizar mis propios patrones, y que haciéndolo me hacía daño, y las plantas tan saludables y satisfechas a mi alrededor, se marchitaban por mi acción. Incluso Dana que flotaba ante mí, invitándome a disfrutar de las maravillas naturales que me traerían serenidad de espíritu, se derrumbaba de pronto, agarrándose la cabeza con las manos, gritando frenéticamente. Y al mismo tiempo que la veía sufrir sin poder hacer nada, un terremoto feroz comenzaba a agitar todo el pueblo. Las casas una a una caían por mi causa. Luego,  apareció un horrible rostro desfigurado que reconocí como el de Gin. Podía ver su figura entera ahora: estaba junto a la inconsciente Dana y le gritaba: "¿Dónde está él?". Era una voz profunda, penetrante, que hubiera podido llegar hasta los oídos de los muertos... ¿Estaba Dana muerta?

            Hubo un golpe muy fuerte, acompañado de un gemido. Me desperté de golpe y supe que aquellos últimos sonidos no habían sido parte de mi pesadilla. Aunque todavía no estaba del todo despabilado, pude percibir varios grupos de patrones, entre ellos reconocí el de Dana. Todos presentaban emociones fuertes, como si estuvieran furiosos o excitados.

            Intenté levantarme y descubrí que estaba enterrado bajo una pila de trozos de sillas, mesas y ramas. Aparté toda la basura lo más rápido que pude y me puse de pie.  La luz difusa del amanecer bañaba la habitación. Pude ver que las plantas de las paredes seguían igual. Mi mente no las había marchitado. ¿Tal vez el resto había sido también parte de un sueño?  Me dirigí a la puerta, tanteé el picaporte, estaba trabada: alguien me había encerrado. Forcejeé hasta que me dolieron los brazos, pero no puede abrirla. Entonces comencé a gritar:



Adriana Wiegand

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En el texto hay: mundos paralelos, fantasiaepica

Editado: 24.03.2018

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