La Profecía de los Elegidos

6. Todo cambió

Lucas no creía aquello. La mujer más poderosa que jamás conoció había muerto.

Hacía ya varios minutos que había llamado a Gerardo, avisándole de la situación. Le hizo jurar al mayor que no lastimara al chico con la noticia.

Esperaba afuera en su auto. No soportaba estar ni un minuto más adentro. Estaba en shock.

No comprendía que esa mujer, la cual le había abierto las puertas de su casa y lo acogió aun a pesar de...todo lo que había sucedido con su hija y su nieto, se había marchado del mundo de los vivos.

Margarita era una mujer de carácter fuerte, nada fácil de convencer. Sacar adelante a su hija sola no había sido una labor sencilla y teniendo en cuenta la responsabilidad mágica que cargaba como una pesada cruz, no podía darse el lujo de caer.

Siempre fue compasiva y noble, a su manera, aunque su pesado mal genio era motivo de sacar impulsos demasiado arriesgados para su integridad. Los años no pasaron en vano y el tiempo le cobró muy caro su buena labor. Su salud física y su cuerpo fueron el monto más valioso, al grado de hacerla caer en un hospital varias veces.

Al morir su hija, todo empeoró notablemente y sus ganas de vivir se apagaron lenta y dolorosamente. El único que impidió su muerte fue Alessandro, a quien protegió a capa y espada desde su nacimiento.

Al enterarse de que su nieto era uno de los Elegidos, se asustó y anuló sus poderes por un tiempo, ya que no tenía la magia suficiente para quitarlos completamente. La única manera de revertir el bloqueo era si lo hacía por voluntad propia o si moría, y al parecer el destino siempre elige las peores opciones. Ahora, Margarita ya no estaba y Alex tenía que enfrentarse sin su ayuda a un mundo totalmente desconocido y peligroso.

Una fuerte lluvia sacó a Lucas de sus pensamientos. Aún se encontraba fuera del hospital. No quería ver la situación, pero aunque le doliera, lo tenía que asimilar. Él también estaba solo, sin la ayuda de la Gran Bruja ¿qué pasaría si no podía hacerlo del modo correcto?

Antes de todo, tenía que decirle a su pequeño la noticia... No quería... No quería hacerlo sufrir más.

******

—¡Está despertando!

La morena comenzó a escuchar el ensordecedor ruido de la música, su mente se aclaraba poco a poco y sus ojos se encendían con dolor. Un fuerte aroma le llegó hasta lo más profundo del cerebro, lo que hizo sacarla de ese estado somnoliento en el que estaba.

—¡Quita eso de mi cara! —le gritó a la pelirroja que se encontraba colocándole un algodón con alcohol etílico en su nariz. Se levantó con un fuerte dolor de cabeza y miró a uno de sus costados. Ricardo también se reincorporaba lentamente, también con un dolor de cabeza inmenso.

Se encontraban en una de las habitaciones de la planta alta. Después de su desmayo, una chica avisó a Jazmín y Michelle y de inmediato, corrieron a auxiliar a sus amigos. Al principio creyeron que se habían puesto muy ebrios, pero al ver que no reaccionaban se preocuparon y trataron de despertarlos como fuese posible.

Luzmaría no soportaba el ruido de la música, aunque estuviese arriba, el retumbar del suelo le taladraba el cerebro dolorosamente. Le ordenó a Michelle que bajara y acabara la fiesta de una buena vez. La española no hizo nada y al ver esto, la morena se puso de pie violentamente, las chicas trataron de pararla sin éxito, como pudo, bajó hacia las bocinas y agarró el micrófono.

—¡La fiesta se acabó! ¡Salgan inmediatamente!

Muchos le abuchearon e hicieron caso omiso. Al ver eso, la morena sintió que su sangre hervía.

—¡No se los voy a repetir! ¡Salgan de aquí aho...!

El fuerte sonido de un rayo asustó a todos, después las luces se apagaron junto a la música. Los invitados decidieron correr hacia la puerta cercana, incluso los que estaban en la piscina salieron hacia la puerta principal, unos venían empapados y dejaron rastros de agua. La lluvia comenzó a caer de manera salvaje. Los invitados corrían hacia los coches en que venían evitando mojarse. Muchos autos se alejaban rápidamente conforme la lluvia crecía. Al cabo de unos minutos, los únicos que estaban en esa casa eran los cinco anfitriones.

Luzmaría se encontraba sentada en uno de los escalones. Las otras dos buscaban en la cocina alguna luz. Lalo dormía totalmente ebrio en una de las mesas y Ricardo bajaba las escaleras lentamente.

—Aquí hay unas velas —Jazmín dijo emocionada y justo en ese momento, las luces se encendieron. La chica bufo molesta al ver que su misión fue en vano.

Lalo despertaba quejándose y al ver que todo estaba vacío, empezó a gritar.

—¡Hey! ¿¡Dónde están mis chicas!? —volteaba hacia todos lados sin respuesta.

—¡Cállate! Mejor haz que se te baje la borrachera y me limpias este desastre —escupió Luzmaría agarrándose la cabeza con ambas manos.

—Si, claro... ¡Yo me largo! —Lalo se dirigió a la puerta para salir.

—No me retes animal ¡Te he dado una orden!



Alex Romanni

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En el texto hay: amor juvenil, mexico, magia y amor

Editado: 27.03.2021

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