La Profecía de los Elegidos

12. ¡El Poder de los Elegidos nos liberará!

Al escuchar la voz del patriarca decir aquella exclamación, Dante enmudeció. Recordó atentamente las palabras de la sombría llamada y el miedo se hizo presente. "Te llevarán al Santuario de los Solares", la frase se tatuó con fuego en su mente.

—¿Qué ha dicho? —preguntó con terror.

El mayor suspiró. Un aire de preocupación entró a su pensar y llegó a meditarlo unos segundos.

—Tal vez no entiendas nada de lo que está pasando, pero es verdaderamente importante que nos ayudes en esto, no hay alternativa.

El aire se tensó donde los presentes. Los tres amigos no dijeron palabra alguna y un inminente y pesado silencio reinó en la sala de la mansión, el cuál se interrumpió cuando las puertas de la misma se abrieron. De afuera, entraron dos figuras ya bastante conocidas y nada agradables para la mayoría del lugar.

—Buenas tardes abuelo... —Luzmaría quedó en silencio al ver a los tres chicos junto a ese extraño que para ella no lo era tanto—. Veo que tienes visitas.

Dante reconoció a la chica. Esos intimidantes ojos color plata eran imposibles de olvidar. La morena le miró indiferente y giró hacia su novio.

Ricardo sólo dijo un tenue "buenas tardes" y no comprendió qué hacía ese chico en la casa. Acto seguido, ambos dejaron sus mochilas en un sillón cercano.

—Pasen, bienvenidos —el arquitecto se acercó a su nieta y le saludó de beso en la mejilla. Se giró hacia el moreno y le tendió la mano de mala manera, la cuál el chico estrechó por respeto—. Ahora que están los seis reunidos, es el momento para continuar un asunto pendiente.

Arisbeth, Zoe y Alessandro sabían a qué se refería el mayor. Sin embargo, Luzmaría, Ricardo y Dante estaban demasiado confundidos con aquello, pues ni siquiera sabían el por qué estaban allí. Gerardo hizo una seña para que le siguieran a la planta alta. Los tres amigos guiaron a Dante, mientras la morena junto a su novio iban al paso del patriarca Solares. Caminaron hacia las puertas blancas de una habitación que extrañamente la nieta mayor nunca había visto durante el tiempo que vivió y visitó la Mansión. El arquitecto abrió la Biblioteca del Aquelarre y entró sin cuidar que los demás lo hicieran. El rizado, la castaña y la rubia entraron despreocupados mientras los otros tres quedaron atónitos al ver el interior de ésta. Gerardo tomó el libro con el símbolo Solares, el hexagrama unicursal y lo abrió, hojeó algunas páginas y se detuvo en la que estaba buscando. Alzó la mirada e hizo un movimiento con la mano para que los jóvenes se acercaran. Al hacerlo, las puertas de la Biblioteca se cerraron.

—Ustedes cinco -dijo observando a todos menos a Dante—, saben que hacía falta el sexto guerrero, el Elegido de la Tierra —miró al castaño—. Hemos esperado este momento desde que los hermanos predijeron la llegada de los Guerreros. Al parecer, después de cuatro siglos, la profecía se cumplió y hoy, aquí están los seis descendientes Solares, destinados a luchar contra el Mal. —Gerardo mostró las páginas del libro, las cuales tenían, de la página izquierda una serie de versos, y de la página derecha una serie de símbolos, los cuales todos reconocieron—. Necesito que se tomen de las manos y lean todos juntos los versos de esta página... Cuando lo hagan, empezará todo.

Sin rechistar nada, los seis chicos se tomaron de las manos y observaron las palabras de aquel extraño cántico. Como si estuviesen en algún modo automático, empezaron a recitar en voz alta y sin detenerse.

"Escucha las palabras de los hechiceros, y ocultados en la noche los secretos. Llamamos al Poder Ancestral, a las fuerzas que nuestra alma reclama. Llamamos, nosotros Los Elegidos a las Fuerzas de la Naturaleza, que nos brinden su poder para cumplir nuestro destino. Abrimos las puertas del Cielo y del Infierno, del Día y de la Noche, del Principio y el Final, para finalmente combatir al Mal."

Los chicos cerraron los ojos y despegaron sus manos. Como si estuvieran en trance comenzaron a levitar. Gerardo se alejó un poco y presenció el espectáculo sin intimidarse. Los seis jóvenes comenzaron a emitir un brillo de sus cuerpos y en un instante se transformaron en seres hechos de cada elemento de la naturaleza. Arisbeth en una chica de agua, Dante en un hombre de barro, Zoe un ser hecho de electricidad, Luzmaría una silueta de consistencia parecida a un cielo nocturno estrellado, Alex se transformó en un cuerpo de neblina y Ricardo ardió en llamas. Fue así durante unos segundos y de nuevo emitieron otro brillo que terminó con una pequeña onda de energía. Los cuerpos de los chicos empezaron a descender y apagarse. Unos momentos después se encontraban de pié y con los ojos abiertos.

—¿Qué acaba de pasar? —recriminó Alex llevándose una mano a la cabeza.

Gerardo sonrió triunfal. Por fin juntos los Elegidos, los hechiceros más poderosos jamás conocidos. Pero tras esa sonrisa, se ocultaba el más grande terror del patriarca; sus nietas estaban destinadas a combatir a muerte con el Mal.



Alex Romanni

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En el texto hay: amor juvenil, mexico, magia y amor

Editado: 27.03.2021

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