La Profecía de los Elegidos

19. El infierno de una oscura Navidad pt. 3

Verlos fue sencillamente desgarrador. A pesar de cargar con sentimientos tan fuertes el simple hecho de observar cómo su prima besaba a aquel joven que había causado una revolución en su cabeza y su corazón. Su boca se entre abrió por la sorpresa e impotencia, quiso gritar y correr pero sus piernas y su garganta no reaccionaron. Fue entonces cuando una mano en su hombro la devolvió a la realidad.

—Aris... ¿Qué..? —la voz de su mejor amigo se apagó al ver la misma escena—. Vaya perra, con razón su cuento de "soy Teresa de Calcuta y...". Hey ¿qué pasa?

Los apagados ojos avellana de su amiga preocuparon al rizado al ver que se entristecían lentamente.

—¿Arisbeth? ¿Qué está pasando? ¿Por qué...?

Sin tiempo a contestar, por fin sus piernas volvieron a la vida y corrieron hacia atrás sin decir palabra alguna. Había presenciado semejante acto y sus sentimientos fueron martillados por algo llamado desilusión.

—¡Aris! —dijo el rizado no sin antes ver de nuevo la escena del beso, y siguió a su amiga.

■■■■■■■MINUTOS ATRÁS■■■■■■■

La noche se puso algo tensa. Todos los demás hablaban con alguien y sin embargo, Dante seguía callado frente a la morena. Mientras ella revisaba su teléfono el chico se impacientaba. No sabía si era el hecho de estar en aquella casa lo que hacía el ambiente más incómodo o la presencia del viejo Solares y su imponente mirada en la cena lo que cohibió su tranquilidad.

—Bueno, ¿y si dejamos este silencio? Ya estoy algo aburrida —sentenció la azabache mientras observaba detenidamente al castaño.

—Siento que... no ocupo lugar aquí... Será mejor que me vaya —y así se levantó, quedándose paralizado al escuchar a la chica a su lado volver a hablar.

—¿Y cómo te irás? Los choferes de mi abuelo se han ido y tomar un taxi créeme no es una opción. —Luzmaría logró hacer que el chico se sentara de nuevo—. Ahora, me gustaría escuchar el por qué dices que no es tu lugar acá.

El chico tragó con un poco de dificultad.

—Porque no estoy acostumbrado a algo así, es decir a una casa de este tamaño y más en una fecha importante.

—Bueno, entonces ven conmigo —dijo la morena y se puso de pié para extenderle una mano al castaño.

El chico tardó un poco pero se levantó, y acto seguido comenzaron a alejarse de la mayoría de la gente.

—¿A dónde vamos?

—Dices que no estás familiarizado con algo así... Entonces vayamos a donde te sientes más cómodo —sentenció la azabache.

Pasando cerca de los corredores hacia las escaleras, el castaño no se percató de dos presencias cercanas y siguió hacia donde le guiaban. Vio más adelante las grandes puertas con ventanales que daban al patio trasero, y en unos segundos le atravesó. Al parecer la bruja no mentía y lo llevaba a un lugar el cual conocía ya anteriormente y en el cuál abundaba su elemento.

—Bien ¿ya te sientes más cómodo? —inquirió la azabache.

El chico no respondió pero sonrió. Algunas luces iluminaban los árboles del inmenso espacio de naturaleza que se conectaba a lo que el viejo Solares le decía "el límite de la zona de los mortales", un inmenso prado con más árboles y plantas, e incluso algunas nopaleras crecían alrededor. Un lugar verde en el cuál, a pesar del límite, el chico se sentía libre.

—Tienes razón...

La bruja, decidió hacer algo que, en otras circunstancias, no habría hecho... Como impulso, se abalanzó hacia el castaño y unió sus labios a los de ella, sellando el momento con un beso. La chica había leído una advertencia en el libro de magia negra acerca del conjuro de amor negro: se tenía que acompletar el ritual con un beso que el hechicero le proporcione a la víctima, pues de este modo, se aseguraría de atarlo completamente a su lado hasta que el mago decida.

El joven, por lo mientras, se sorprendió totalmente al acto de la chica, pero algo captó su atención; cerca de la entrada y con unos ojos tristes y apagados, la castaña de piel pálida les observaba mientras el beso ocurría. Luego todo fue oscuridad. El chico sintió algo dentro de él romperse, como si fuese un hilo tenso.

Era algo raro, pues no sabía describirlo. Sus ojos se pintaron de color negro en su totalidad y luego, en un segundo regresaron a la normalidad. Fue entonces cuando el beso terminó, y la bruja se colocó en la posición de antes, para tomarle de las manos.

—Lamento aquello pero... Debía hacerlo... —se disculpó la chica y observó el rostro confundido de Dante. No supo si era idea de ella pero el chico no se veía bien. Nada bien. Llegó a pensar que ese conjuro tal vez no era buena idea.

—Yo... —comenzó el chico pero Luzmaría le calló con su dedo índice.

—No digas nada, no es necesario... Sé que te asusté y a lo mejor me vi como una cualquiera pero... Debes entender que me gustas, Dante. Me gustas mucho —y de nueva cuenta se acercó para darle un beso pero se impactó al ver que el joven le soltaba las manos y retrocedía.



Alex Romanni

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En el texto hay: amor juvenil, mexico, magia y amor

Editado: 27.03.2021

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