La Profecía de los Elegidos

28. Un destino escrito en cartas *Especial*

Michael se encontraba en su cuarto tratando de estudiar para su examen final de Álgebra. Ya con una vez reprobada la materia, no lograba tener interés mínimo en aprender a factorizar. Logró terminar los ejercicios de su libro de Baldor y cerró la libreta.

Estaba ya harto de ese intersemestral y decidió llamar a Andrea para despejarse un poco de su sesión de repaso. Había decidido esperar hasta el día de mañana para decirle lo que habló con Michelle y Jazmín pero ya que estaba aburrido y charlar con su mejor amiga, le relajaría un poco.

Marcó su número y después de dos timbres:

  —¿Qué onda? —se oyó del otro lado.

  —Mátame porque estoy hasta la verga de Álgebra —le respondió mientras se tumbaba en su cama.

  —Di que yo la pancé si no estaría en las mismas que .

  —Bueno, te hablaba para otra cosa —soltó de repente Mike.

  Suéltala...

******

 

  —¿En serio? ¿De cuál te fumaste ahora?

 

Parecía un mal chiste todo lo que le estaba contando Michael a Andrea, pero no lo era.

 

  —No son malas, sólo viven a la merced de Luzmaría y su manipulación. Al menos escúchalas.

 

  —Ni hablar, no hay nada que escucharles, para mi que se jodan si la otra pendeja las está dejando de lado, no las quiero cerca mío ni de ustedes.

 

  —Por favor, wey... Además ten en cuenta lo de los chicos —el azabache bajó la voz—. Ya sufriste un ataque, ya viviste en carne propia eso y aún así ¿las quieres arriesgar?

 

  —Eso ya no es mi problema, que se las arreglen con ella y de igual manera acuérdate que no podemos decir nada.

 

  —Es por eso que necesito tu ayuda. Hablemos con los chicos y con el abuelo de Aris, necesitan saberlo si es que seguirán junto a Luzmaría o Ricardo.

 

La pelirroja suspiró. No quería verse involucrada en los chismes y la vida de los brujos, pero aunque le doliera admitirlo, su amigo tenía razón. No dejaría a nadie, incluyéndolas a ellas, ser atacadas por una de esas cosas.

 

  —Bien, te ayudo con eso pero no hablaré directamente con ellas ni con la perra mayor ¿te va?

 

******

 

Michael sonrió, se despidió de su amiga y colgó. Ya tirado en la cama se puso a imagina en todas las cosas que habían pasado últimamente. Sus amigos convertidos en hechiceros, criaturas mágicas y demonios, secretos y cosas que no pensó sucederían. Se cuestionó también si los clarividentes eran también una clase de magos o algo por el estilo.

 

De ahí recordó cómo es que supo que era clarividente: viendo el fantasma de una de sus tías en su casa. La vio como una persona de carne y hueso que luego se convertía en haces de luz y desaparecía. Después de eso veía sombras que iban y venían en si casa y la calle. Pensó que se estaba volviéndose loco y todo empeoró cuando empezaba a sonar con acontecimientos en el futuro, que luego indiscutiblemente se volvían realidad.

 

Lo charló con Alí, el cuál al escucharlo no dijo nada, sólo que era un chico especial y lo que hacía debía permanecer en secreto, no podía revelarlo a nadie más. Desde ahí supo que era un clarividente, empezó a informarse sobre su poder y cómo afrontarlo en su vida diaria. Nunca lo confesó a los chicos y siempre pensó en hacerlo, pero no hallaba el momento y no tenía el valor de hablarlo por el miedo a que lo tacharan de loco, sobre todo Andrea.

 

Ahora, al parecer lo suyo era algo menos importante que lo de sus amigos, pero no por eso se desanimaba. Recordó algo que tenía olvidado en esos días, se levantó y fue hacia su mochila, sacó de ella una cajita de plástico que contenía algo que compró por mera casualidad pero nunca usó: su baraja de tarot.



Alex Romanni

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En el texto hay: amor juvenil, mexico, magia y amor

Editado: 27.03.2021

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