La Promesa de Cupido

Capítulo X

Cuando Amor abrió los ojos, lo primero que vio fue un techo azul del cual colgaban estrellas doradas, a su derecha había una gran ventana que ocupaba casi toda la pared y ella observó que era una mañana cálida; el cielo estaba completamente despejado y de un azul intenso. Recordó que estaba en la habitación de Jordan y una sonrisa se dibujó en su rostro.

Enterró su cara en la almohada de él sólo para percibir un poco más su olor, del que estaba completamente impregnada; claro, había dormido en su cama, con sus ropas y bajo sus sábanas.

Recorrió la habitación con la mirada y sonrió una vez más, su habitación parecía la de un niño pequeño; desde las estrellas que colgaban del techo, pasando por las figuritas de cohetes a escala, hasta las revistas de comics y otro par de figuras de acción. Aunque también había algunos lienzos en blanco, pero más que todo, obras enmarcadas que le llamaron mucho la atención.

No pudo detallarlas como le hubiese gustado, ya que en ese momento su estómago rugió y sintió que era el momento perfecto para irse, solo que aún no sabía a dónde. Aun así, sentía que quedarse en casa de Jordan no era lo correcto; sería como abusar más de su confianza.

Estuvo cinco minutos más estirándose y dando vueltas en la cama, sin querer levantarse realmente, hasta que con un suspiro puso los pies en el piso y se obligó a bajar hasta la sala. En cuanto salió del cuarto un delicioso olor la envolvió, haciendo que su boca se volviese agua.

—Buenos días —le dijo a Jordan quien se encontraba en la cocina.

— ¿Qué tal dormiste? —le dirigió una sonrisa.

—Muy bien, aunque creo que ya es tiempo de que me vaya.

—De eso nada —dijo, desechando la idea con una mano—, te he preparado el desayuno.

Amor rió, su dulzura le causaba cosquillas en el estómago.

—Arriba, en el baño, hay un cepillo de dientes extra —continuó él—, el de color azul. Te espero aquí abajo.

 

 

Cinco minutos después, Amor y Jordan se encontraban desayunando panqueques con huevos revueltos, tocino y un poco de café. Ella se sintió en el cielo ante esa mezcla tan peculiar de alimentos para un desayuno.

—Sabes que puedes quedarte todo lo que quieras, ¿no? —él la miró mientras se metía un pedazo de tocino en la boca.

—No me parece lo correcto... —él la interrumpió.

—Por favor —dijo haciendo un puchero. Aquello solo hizo que Amor sonriera más ampliamente, era inevitable; se veía tan tierno.

—No quiero que sigas durmiendo en el sofá.

Jordan se rio a carcajadas y el rostro de Amor se tiñó se rosa. Descubrió que le gustaba ver como echaba su cabeza hacia atrás mientras reía a todo pulmón, y las cosquillas en su estómago se hacían presentes nuevamente.

Una melodía producida por violines hicieron que la risa de él cesara, se levantó rápidamente de la mesa y fue en busca de su teléfono. No se dio cuenta de que el teléfono estaba justamente frente a sus narices, por eso Amor pudo saber quién lo llamaba y aquello no le gustaba nada; Melody Ross, el alma gemela de Jordan.

Él tomó el teléfono, dos segundos después.

— Buenos días, ¿quién habla?

Se escuchó una vocecilla al otro lado de la línea, rodó los ojos y luego sonrió.

—No, aún me faltan detalles —continuó luego de una pausa—. No, estoy seguro de que eso no pasará —luego de otra pausa, agregó—: Lo siento, no puedo ir, pero si quieres lo podemos dejar para otro día, aunque no sé en qué podría serte útil; no sé nada de eso.

—Solo necesito la opinión de alguien que no sepa nada del tema, y tú pareces el indicado, ¡por favor! —escuchó Amor, aquello no le gustó en absoluto.

—Te enviaré un mensaje si puedo ir, ¿vale? Hasta entonces, cuídate.

Colgó sin esperar una respuesta. Amor volvió a sus panqueques y Jordan caminó hasta la cocina para dejar su plato ya vacío, luego volvió a sentarse a su lado.

— ¿Y, qué quieres hacer hoy?

— ¿No estarás ocupado? —le preguntó.

—Para nada —sonrió dulcemente—. Estaba pensando en que, si gustas, podríamos salir esta noche con Dean y Amanda, quizás podríamos ver una película o algo.



Pandemonis

Editado: 11.01.2019

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