La reina del cementerio

Capitulo 44

Cap 44

Era una trampa de Herbert. No los dejo ir.

Los policías salieron de todos los autos con las armas en manos y apuntaron al auto de Jerome.

El padre de Ela estaba analizando la situación dando golpecitos con los dedos sobre el volante.

- ¡Salgan del auto! - gritó uno de los uniformados que tenía los parcnes de sargento.

- Agáchense chicos - dijo Jerome.

- ¡Papa no! - dijo Ela asustada.

- Tranquila hija, no tenemos otra opción.

Jerome apretó acelerador. El auto se tiró adelante espantando a los policías. Ellos se saltaron a los costados disparato de todos los cañones.

Ricchi y Ela se agacharon.

Las balas martillaban el auto perforándolo como una lata.

Bajo fuego cruzado era difícil de escapar.

Las ventanas se trizaban turando los trozos de vidrio llenando el salón.

El auto de Jerome avanzó a toda la velocidad y chocó a los autos policiales sacándolos a los costados. Un tremendo golpe sacudió a Jerome y a los chicos.

Pero ellos pudieron seguir adelante.

El auto de Jerome corrió por la calle.

Ricchi levantó la cabeza.

"Parece que salvamos".

Pero de repente escuchó que el padre de Ela largó un rugido del dolor.

La cabeza del hombre se apoyó sobre el volante.

El auto empezó a correr en zig-zag.

Finalmente se fue al costado arrastrando un contenedor de basura.

Atrás ya se escuchaban las sirenas. Los policías estaban llegando.

Jerome estaba inconsciente.

El auto corría sin dirección, llevando por delante todo lo que encontraba en su camino.

Ela empezó a gritar del susto.

El vehículo avanzó unos metros más y a toda velocidad se incrustó a un negocio atravesando de la vidriera.

El vidrio se disparó a pedazos tirando una lluvia sobre el auto.

El auto entró al negocio hasta el fondo tirando los maniquíes y estantes.

Se detuvo golpeando el mostrador.

Ricchi miro atrás.

Los autos de policías llegaron y se quedaron en la vereda. Los agentes salieron y con cuidado empezaron a entrar al negocio con armas en las manos.

Los rayos de linternas recorriendo la oscuridad de la tienda.

- ¡Papa! - gritó Ela y lo tironeó al hombro a Jerome.

El padre de Ela no se movió.

- ¡Papa! - la chica lo tironeó más fuerte. El cuerpo de Jerome se deslizo y cayó al asiento de al lado.

"Lo mataron" - pensó Ricchi.

Una ola de rabia le lleno el pecho.

Ricchi estaba a punto de explotar. Si tendría un arma, empezaría a dispararlos.

Pero las armas tenían ellos, no él.

Y todos apuntaban a los chicos.

- ¡Salgan todos del auto ya o vamos a disparar! - gritó el sargento.

Un rayo de linterna policial iluminó a Ela.

Ella miró a Ricchi. La chica no estaba llorando. Solo estaba furiosa.

Ricchi la agarró de la mano.

- Salgamos del auto. Despacio. - dijo Ricchi con la voz temblando de rabia.

Ahora los ojos de Ela largaban fuego.

Ella empujó la puerta y salió.

Ricchi se apuró de salir tras ella.

Ela caminó a paso firme hacia los policías con los puños bien apretados. Se detuvo a unos metros delante de ellos.

- ¿Que hicieron bastados? - gritó Ela. - ¡Mataron a mi padre!

El sargento hizo un paso adelante y apuntó a la chica con la pistola.

- ¡Manos en la cabeza! ¡Date vuelta!

Ricchi se puso al lado de Ela y levantó las manos.

Ela los miro fijo a los policías.

- ¡Fuera de acá! - gritó ella. - ¡Asesinos!

Los cinco agentes se miraron entre ellos.

- ¡Te dije, manos en la cabeza! - repitió el sargento.

- Y yo les digo - ¡fuera de acá!

El sargento guardó el arma y agarró a Ela del brazo. Ela lo miro fijo.

De repente la cara del hombre se estiró del asombro. Los ojos se abrieron bien grandes. El cuerpo se aflojó. Las piernas se doblaron en las rodillas. El hombre se desplomó en el piso.

La chica libero el brazo de la mano del sargento e hizo un paso a los otros policías.

- ¡Fuera de acá! – gritó ella.

Los agentes apuntaron a la chica listos para disparar. Pero no llegaron. Sus cuerpos también se cayeron al piso uno por uno. Las almas abandonaron a sus dueños y se volaron libres.

Ela se dio vuelta y corrió a Jerome. Abrió la puerta del auto.

- ¡Ricchi ayúdame a sacarlo!

El chico estaba en estado de shock mirando a los policías que parecían muertos.

- ¡Ricchi!

El "se despertó", ayudó a Ela a sacar a Jerome y acostarlo en el piso.

Ela abrazó al padre y lo miro a los ojos cerrados.

- ¡Vuélvete! ¡Te ordeno que vuelvas! – gritó Ela.

Jerome no reaccionaba.

Ela miro arriba como tratando de encontrar el alma de su padre.

- Vuélvete, por favor. Papa, ¡vuélvete! No puedes ir.

Ricchi se arrodillo al lado de la chica. La abrazó del hombro.

Ela empezó a llorar.

- Papá, no. Te tienes que volver. No me puedes dejar.

De repente los ojos de Jerome se abrieron. Los chicos quedaron asombrados. Ela lo sacudió al padre.

- ¡Está vivo! – dijo Ricchi.

Pero fue solo un momento que el alma de Jerome se volvió al cuerpo para despedirse de la hija. En unos segundos la mirada del hombre se puso vidriosa. El cuerpo otra vez se aflojó.

El alma de Jerome los miraba a los chicos de arriba, cada vez subiendo más alto. Hasta que Ela dejo de sentir su presencia.


Hola chicos. Les queria avisar que en un par de dias voy a terminar de publicar los capitulos que faltan (en total son 54 capitulos). Por favor aprovechen a leer el libro completo porque lo voy a tener que borrar de Litnet dejando solo la parte promocional,  por un compromiso que tengo. Pero por el compromiso que tengo con ustedes que me acompañaron leyendo mi libro, lo voy a publicar completo y no los voy a dejar sin terminarlo. Voy a tener que borrar el libro el dia sabado 28 de Septiembre. Si no llegan a leerlo completo por favor envienme e-mail a vittodeleone@gmail.com y les mando una copia en PDF. Mas adelante voy a estar publicando en Litnet mis trabajos nuevos. Espero sus comentarios y les agradezco mucho por darme oportunidad de presentar mi libro a ustedes.



Vitto De Leone

Editado: 27.09.2019

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