La Rosa Blanca

01. Rosa Blanca.

Actualmente...

De nuevo, ésas ganas de gritar y correr atormentaban cada fibra de su ser, y le desesperaba más el hecho de no poder hacer ninguna de ésas acciones.
Estaba ahí parada, helada y sus pies estaban pegados al piso mirando la escena más horrorosa y.., sangrienta que en su vida haya visto.

Era notablemente de noche, el viento movía las hojas de los árboles que la rodeaban causando un susurro entre las ramas que a Amy le provocaba escalofríos. Los tenues rayos de la luna alumbraban la sádica escena y no sentía sus pies responder para poder darse vuelta y huir de una vez.

Era igual de ancho que un oso, la cintura y los músculos de la espalda se marcaban igual a los de un hombre, tenía largas orejas puntiagudas que se alzaban por su cabeza. Pelo negro y brillante era lo que cubría cada rincón de su cuerpo, una larga y peluda cola se levantaba firmemente.

Estaba levantado en dos patas, su altura era impresionante... Mientras con las otras dos patas delanteras sostenía algo, o más bien a alguien.

Amy tenía un nudo en la garganta, el mismo que le impedía articular algún sonido. Se limitó a soltar silenciosas lágrimas.

A pesar de la oscuridad que abundaba el lugar, podía ver perfectamente los rastros de sangre que estaban por debajo de la descomunal criatura.

Alguien le dio un leve empujón por la espalda, algo que la hizo regresar un poco a la realidad y también causó que diera un paso adelante, uno de sus pies pisó una ruidosa rama.
Un bufido salvaje se escuchó proveniente de la criatura, Amy abrió los ojos como platos comenzando a temblar.
El depredador, giró levemente la cabeza en dirección a ella, un hocico largo adornado por brillantes y largos colmillos se dejaron ver. El espeso líquido rojo goteaba por el pelo de la boca y unos grandes, brillantes e iluminados ojos amarillos se dirigieron a buscarla a ella.

La víctima cayó al suelo de repente, total y notablemente inmóvil. El enorme lobo se había volteado y posicionado en las cuatro patas, sus garras rasgaron la tierra, y gruñendo sonoramente dio lentos pasos hacia ella.

Amy retrocedió despacio, el terror la carcomía y aún así no se atrevía a gritar. Y entonces nuevamente sintió que alguien más la tomaba de la muñeca haciéndola girar. Pronto comprendió que debía comenzar a correr lo más rápido que pudiese si es que quería sobrevivir.

No identificó a la persona que iba delante suyo jalándola y corriendo al mismo ritmo que ella. Sólo era consciente del sonido del lobo corriendo y bufando tras de ellos y del panorama que cada vez se hacía más borroso por la velocidad en la que ella iba.

Más, y más borroso...

 

 

 

Sintió de pronto un peso sobre ella, y también que tiraban de su rubio cabello. Amy soltó un quejido intentando abrir sus pesados párpados. Sintió un vuelco en el estómago y una enorme holeada de alivio al notar que sólo se trataba de un sueño... Un muy real, y espantoso sueño.

—¡Levántate!— Gritó una infantil y aguda voz —Tiana dice que el desayuno está listo.

Dio vuelta sobre el colchón y abrió de a poco los ojos, encontrándose con una niña pequeña e igual de rubia que ella.

—Enseguida voy...— Respondió con voz ronca, y procedió a tallar sus ojos.

La niña se levantó, Amy lograba oír sus pequeños pasos por su cuarto y no pudo levantar la vista a mirarla ya que el sueño aún le ganaba.

—¿Qué es esto?— Preguntó de repente Judy, la pequeña niña.

—¿Qué cosa?— Amy apenas se levantó un poco para buscarla con la mirada.

Judy se inclinó hacia un rincón del clóset que se encontraba abierto, metió ambas manos y sacó de allí una caja metálica, del tamaño de una caja de zapatos. 
Era color crema, pero con el paso del tiempo ésta se fue estropeando y perdiendo color.

Al verla, Amy abrió los ojos completamente y se levantó rápidamente apartando las cobijas de ella y se dirigió a Judy.

—¿No deberías ir a desayunar también, Judy?— Apartó la caja de sus manos.

—Primero quiero saber qué es eso.

—¿Nunca te han hablado de algo llamado "privacidad"? — La posicionó arriba del closet, donde era lo suficientemente alto que hasta Amy se debía poner de puntitas para poder alcanzarla.

—Creo que Tiana lo ha mencionado...

—Pues deberías hacer caso a las palabras de Tiana— Amy se estiró recogiendo su cabello hacia un lado—. Por cierto, también ¿no deberías estar en la escuela?

—Es sábado— Respondió la niña de ojos marrones, frunciendo el ceño —día libre.

—Oh, es cierto... Entonces, dile a Tiana que en unos momentos bajo.

Judy se encogió de hombros y saltando, se dirigió a la puerta para salir de allí causando que la tela de su vestido rosado se moviera al compás de sus movimientos. La vio desaparecer una vez cruzó la salida, suspiró y volvió a dejarse caer sobre su cómoda cama.



Jacky Aranda

Editado: 04.04.2018

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