La vida de un escritor

Capítulo 7: Desayuno para dos

1

Su reloj biológico lo despertó así como estaba acostumbrado por las mañanas, era una alarma natural entrenada durante años. Lo primero que observó al abrir los ojos fue a aquella bella mujer que se encontraba a su lado, completamente desnuda y tan sólo cubierta por una delgada sábana pegada a su cuerpo, él no lo sabía pero estaba sonriendo, lo hacía cada vez que la observaba y sus pupilas se dilataban, cayó en cuenta de que había dejado de respirar y tomó una gran bocanada de aire. Se incorporó y tras una última mirada hacia ella para cerciorarse de que aún seguía descansando, salió de la habitación. El cuarto contiguo se encontraba en pleno desastre, con un cuaderno lleno de notas, una computadora con una hoja incompleta y tres títulos de capítulos anotados en la libreta. Colocó sus manos sobre el teclado en la misma posición donde acostumbraba hacerlo y comenzó a escribir después de dar un vistazo rápido a lo que anteriormente había escrito.

2

Ella abrió los ojos y observó el lado vacío de la cama, recorrió la habitación con la mirada en busca de aquella persona con quien había pasado la noche, pero, no se encontraba. Se incorporó y descalza comenzó a caminar a través de la casa, pasó por la cocina y miró una taza de café hecha sobre la barra, aún tibia, la tomó en sus manos y observó el jardín tras el cristal, tomó un sorbo y escuchó ruidos en aquella habitación contigua al cuarto donde durmió, se acercó a la puerta y la abrió lentamente, él se encontraba allí, concentrado tecleando palabras en la computadora y completamente feliz dentro de su mundo, maravillado por aquellas palabras que salían de su mente para crear una historia que para ella era hermosa aún sin haberla leído, porque a Stephanie le encantaba, le encantaba todo lo que él escribía y también le encantaba él.

— ¿Por qué lo hiciste? —Preguntó ella situándose tras de Víctor.

Él se sobresaltó y volteó a verla con cara de sorpresa.

—No te he escuchado entrar.

Ella repitió la pregunta.

— ¿Hacer que cosa?

—Ahora me dirás que los Troyan que están sobre la mesa de noche se usaron solos ¿verdad?

Él soltó una pequeña risa.

—Oh, te referías a eso.

— ¡Yo estaba ebria!

—Oye, tranquila, no grites —Respondió él colocando sus manos en la cabeza— Pensé que tendrías resaca ¿Cómo puedes gritar?

—No eres esa clase de persona famosa que se acuesta con un fan y después lo olvida ¿verdad? —Ella se encontraba al borde del llanto.

Él dejó de escribir y se puso en pie, caminó hacia ella y se colocó a unos cuantos centímetros.

—Por supuesto ¿Cómo no lo pensé antes? Sólo era diversión, sólo soy una…

La besó. La besó y después secó sus lágrimas; dejó de hacerlo sólo para darle un fuerte abrazo y sentir la respiración de ella en su nuca.

—No soy esa clase de persona ¿Sabes? —Le susurró sin soltarla y la apartó unos centímetros. La sujetó por los hombros y la observó directamente a los ojos, a esos hermosos ojos cafés. Sonrió abiertamente y le plantó un delicado beso en los labios, esa clase de beso que normalmente es el primero, un beso que sólo implica tocar los labios del otro, sentir su piel, la respiración y el nerviosismo— Toma tu café antes de que se enfríe, date un baño y te colocas algo de mi ropa en lo que yo preparo el desayuno.

Ella mostró una hermosa sonrisa, abierta y sincera.

— ¿Acaso ya tenías todo esto planeado? Víctor.

—Improviso sobre la marcha —Comentó, haciendo un ademán para que saliera de la habitación.

3

Él cumplió con sus preparativos previamente dispuestos y tras terminar de cocinar la lasaña ella salió del dormitorio con una camisa negra que él no había usado en años y con su bóxer favorito puesto.

 — ¿Tenías que escoger esos? —Preguntó.

— ¿Tienes algún problema con que los use? Amor.

Él calló por un momento, aquella última palabra le resultaba extraña, jamás se habría imaginado que ella la utilizaría.

— ¿Pasa algo? Víctor.

—La comida se enfría, nunca me ha gustado comer cuando pasa eso. Y el jugo de naranja se está calentando.

Ella sabía que no era sólo eso, había algo que le hacía retroceder en la situación, no a avanzar como anteriormente estaba dispuesto. A Ross le inquietaba eso pero decidió callar durante el desayuno y disfrutar de la compañía matutina de su escritor favorito tras la barra.

«Y pasé la noche con él. Pensó. ¡No puede ser! ¡No recuerdo nada!»



Dirk Blackmore

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En el texto hay: escritor, amor, fan

Editado: 21.11.2019

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