Las Cosas que Nunca Fui

Capítulo 12: Secretos

La Gran Vía, en pleno mes de Julio, es un hervidero de gente. Cada tienda, cada terraza, cada rincón de Madrid está atestado y aunque a Casandra , normalmente, le encantaba rodearse de personas hoy se encuentra especialmente abrumada. Los últimos días la están afectando más de lo que esperaba y su peculiar júbilo se ha convertido en desgana y antipatía. Suerte que nosotras, sus amigas, nos encontramos centradas en otras cosas y no podemos darle la chapa. Martina está centrada en su viaje a Estados Unidos y yo me he embarcado en una aventura que no sé cómo acabará. Mi amiga acaba de pasar la parda de Callao y se encuentra de enfrente con el edificio al que se dirige. Que haya tanta gente por todas partes la pone de los nervios. No quiere que nadie la vea entrar allí porque no tendría forma humana de explicarlo. No recuerda haber estado asi de nerviosa nunca. Ella, que siempre cree comerse el mundo, que planta cara a cualquier desafío sin inmutarse... A ver si ahora va a resultar que no es más que fachada, una farsa que ha fingido ser, toda su vida, otra persona. Se acerca hasta la puerta principal con cautela. Ella jamás hubiera elegido aquel lugar pero no ha sido su decisión. Lo único que ha hecho es acceder a sus deseos como hace siempre. Se ha planteado mil vece empezar a decir que no pero , ¿a quién quiere engañar? Es incapaz de negarle nada. Odía a la persona en la que se ha convertido por su culpa. Una persona vulnerable y débil que no es capaz de imponerse.  Atraviesa la puerta nerviosa, le da una vergüenza enorme, ¿qué pensará la recepcionista al verla entrar? Es fácil suponer para qué , una chica como ella, va a un lugar como este.  Se dirige apresuradamente hasta el ascensor más cercano para bajar a la planta inferior.

- Sesenta y siete- se repite así misma recordando el número de habitación que le ha pasado.

La encuentra con facilidad y antes de llamar a la puerta echa un último vistazo a su aspecto en la pantalla de su móvil. Un mensaje de texto aparece en la pantalla de su móvil interrumpiéndola.  Sonrie tímidamente. No puede evitar el torrente de sentimientos que la invaden. Respira hondo y llama a la puerta.

- Cariño empezaba a pensar que no vendrías- Dice mientras la coge en volandas.

ella se deja hacer, siempre lo hace cuando está con él. Se abraza a su cuello con fuerza, cuanto lo echaba de menos. Respira su perfume y los pelos de su piel se erizan. Jamás había tenido una reacción así con nadie por eso siente miedo. Por eso y por todo lo que conlleva esta relación. 

- ¿Cómo no iba a venir?- pregunta con voz melosa.

- Has tardado demasiado...

- Perdona pero perdó el metro y tuve que esperar al siguiente. Además ya sabes como es cruzar la gran Vía a esta hora.

- Ya será para menos.

- Claro, como tu entras con tu coche hasta aquí.... Algunas no llegamos a tu nivel. 

El se sienta en la cama y la coloca sobre sus piernas. Casandra se derrite con cada contacto de sus manos y siempre se queda con ganas de más.

- Tu superas todos los niveles cariño- ríe.

- Pero que pelota eres- se queja Casandra mientras le besa en la boca.

Él gira bruscamente tumbándola sobre la cama mientras sigue besándola. Le acaricia con una suavidad extrema que hace que Casandra se encoja de placer. En este poquito tiempo la ha hecho sentir tan especial que ya no puede imaginar una vida sin él sin embargo es consciente de que no las tiene todas consigo y de que aunque él esté allí, con ella, no le pertenece. De repente se siente mal y su cuerpo deja de responder como al principio.

- ¿Qué te pasa cariño?

- Nada...- miente.

El no puede evitar sonreír , la conoce bien, sabe que su cabeza está dando vueltas a algo y le da miedo preguntar porque puede imaginarse que és lo que Casandra está pensando. Esta chica es tan transparente que no resulta difícil averiguar sus pensamientos. A veces su inocencia y su juventud le pasan factura pero a él eso le encanta. Adora sus pataletas de niña, su dulzura, su locura, su espontaneidad... Le encanta que ella sea todo lo que el no es. 

- Sabes que a mi no me puedes mentir- le dice - Ya te conozco aunque tu no lo creas.

Ella disfruta escuchándole decir eso porque la hace sentir más cerca de él.

- Es que... no sé....- le acaricia la cara con dulzura no quiere estropear el momento con lo mismo de siempre - Odio no poder pasar más tiempo contigo.

- Y yo también mi vida- le contesta él con una amplia sonrisa- Pero ya sabes que si pudiera lo haría. Lo único que deseo cada día es volver a verte.

Ella está feliz. Sus palabras son suficientes para que se deje llevar por la pasión y aparque sus dudas nuevamente. Ja




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