Las navidades de Helena

Las navidades de Helena

 

Las luces adornaban la casa como el vestido naranjo recién cocido adornaba sus tiernos 7 años. sus pies descalzos no sentían el frío corriendo por el patio a las 11 de la noche, buscando en el cielo algún atisbo de un trineo volador.

—Aún no es la hora Helena —Karina, su hermana le hablaba mientras emergía desde el umbral de la entrada a la casa. — ven, tomemos chocolate caliente, mamá lo acaba de servir.

Helena se apresuró hacia la entrada, Karina sonrió al verla pasar a su lado, era apenas 3 años mayor, pero tenía cierto aire de madurez desarrollada que la separaba de su hermana y hacía que siempre estuviera cuidándola. "Debe ser porque ella recuerda a su padre" le escuchó una vez decir a su madre mientras le contaba sus preocupaciones a la vecina. Helena en cambio solo tenía dos años cuando él decidió irse, ningún recuerdo, ninguna fotografía sobrevivió al paso del tiempo, así que creció protegida del dolor del abandono.

Se sentaron a la mesa con rapidez, su madre pasó por su lado dejando las tazas humeantes frente a ellas, una caricia cariñosa reposo en sus cabezas, revolviendo un poco sus cabellos para luego sentarse a su lado.

— Las luces son hermosas mamá, gracias.

Helena estaba feliz, su madre no había tenido dinero suficiente para poder adornar la casa años anteriores, pero este año había hecho un esfuerzo adicional, trabajando dobles turnos en la fábrica para poder comprarlas, con todo ese trabajo, Karina era la que cuidaba la casa, y la cuidaba a ella. Su madre les regaló una sonrisa que les llenó el corazón de amor.

—Siempre haré todo por ustedes.

Un bocinazo la despertó, se sentó en la cama, mientras tomaba sus lentes desde el velador, aún rebotaban las palabras de su madre en las paredes de su mente, era verdad, "siempre hizo todo por nosotras" pensó. Un largo bostezo le lleno el cuerpo de aire mientras se levantaba a mirar por la ventana, afuera un hombre llamaba la atención de unos niños que jugaban en el medio de la calle, los niños de los López siempre eran una molestia, miro el reloj, eran las 11 de la noche en punto, "que coincidencia pensó", el sueño había unido las historias de navidades tan distantes en el tiempo, el recuerdo de aquellos días con su madre eran atesorados con gran orgullo, una madre sola que lo dio todo para que crecieran felices, a pesar de la pobreza, a pesar de estar solas. Afuera todas las casas iluminadas le parecieron sosas comparadas con las que coronada por la sonrisa de su madre acababa de ver en el onirismo, las de ella estaban llenas de amor y sacrificio, estas en cambio parecían puestas para competir con los vecinos, la casa de Helena era la única oscura en esta fecha, ya llevaba un tiempo sin comprar luces, sin regalos, sin adornos, la muerte de su esposo 5 años antes había significado el fin de cualquier tipo de celebración, la felicidad se había ido con él, nunca supo cómo volver a vivir en esa gran casa desde que había quedado sola, sola... Se sentó en la cama mientras los recuerdos se agolpaban en su mente sin pausa.

— Abre tu regalo Helena, — Karina la miraba con una sonrisa dibujada en su rostro mientras le alcanzaba una pequeña caja con un moño dorado —Este te lo trajo Héctor.

Héctor estaba de pie detrás del sillón mirándola mientras su madre se acercaba con la bandeja llena de tazas humeantes.

— Le ayudo suegra 

Él se apresuró a quitarle la bandeja de las manos mientras la ayudaba a sentarse en el sillón, la vejez y su esforzada labor durante tantos años la tenía al filo de la inmovilidad, pero aún su alma llena de vida le daba fuerzas para preparar su famoso chocolate caliente, el mismo que cada navidad estaba abrigando sus entrañas con el suave sabor del amor, el mismo que en las noches mientras Helena estudiaba, a pesar de sus largos turnos llegaba a darle fuerzas acompañada de la sonrisa de su madre —Esfuércese mija, que no tenga que quebrarse el lomo como yo— lo decía cada vez que algún de las dos hermanas flaqueaban, ambas habían seguido su esfuerzo, habían valorado su sacrificio, y juntas, luego de ser profesionales, le habían comprado la casa que en ese momento ella llenaba con su andar lento y su amor infinito.

—Gracias Héctor —la sonrisa brilló entre las arrugas de su piel mientras sus pardos ojos se posaron en Helena —Ábralo pues mija.

Desanudando la cinta, en las manos de Helena quedó solo un pequeño cofrecito, que al abrirlo dejó al descubierto un anillo dorado que brilló al rebote de las centelleantes luces del árbol de navidad, la sorpresa la inundó y al volver la vista hacia el sillón descubrió a Héctor de rodillas frente a ella,

—Cásate conmigo.

La felicidad la sobrepasó de golpe y se abalanzó a los brazos de él mientras comenzaban a brotar lágrimas de sus ojos, lágrimas llenas de dicha, distintas a las que provocadas por la añoranza corrían por sus mejillas en la oscuridad de su solitaria habitación ahora, se pasó la manga de la bata para secarse, y se levantó de la cama, "basta", pensó "se me antojó un chocolate caliente", se puso sus pantuflas y tomó su bastón, y a paso lento empezó a caminar en dirección a la cocina.



Melgard Azael

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En el texto hay: navidad, cuento, amor

Editado: 06.11.2018

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