Laura Sad

Capítulo I

Le vi nacer el 7 de Junio del año 2,001. Era una niña hermosa, y muy saludable. Escuchar como lloraba en aquella gélida habitación hacía que a cualquiera le asaltara aunque fuese una diminuta sonrisa. Era como si su llanto entraba por los oídos y llegaba al corazón como la más dulce de las melodías. Sus padres: Christian Velázquez y Alejandra Hernández, se veían muy felices al ver el fruto de su amor. Ella (Alejandra) estaba en una cama, él (Chritian) estaba a su lado en sollozos a la vez que sostenía las manos de aquella cansada mujer. Quiero aclarar que, aunque no poseo los sentimientos de nadie, pude deducir que los sollozos de Christian no eran por dolor sino mas bien por la felicidad que le causaba ser papá por vez primera; y si bien he afirmado que tengo sentimientos no puedo mentir en decir que supe lo que aquellas dos personas estaban sintiendo por esa criatura. No sé que se siente tener un hijo, y es algo que nunca comprenderé aunque así quiera hacerlo. Sólo diré lo que vi en aquellas dos personas: El brillo que causa el verdadero amor en los ojos, y esto lo afirmo por la cantidad infinita de personas que he visto en este estado. Estaban realmente felices... Supongo que es el efecto que trae consigo un bebé. El nombre que le dieron a aquella niña fue Laura Monserrath. Dos hermosos nombres, y claro, sus respectivos apellidos. Pasaron algunos días en aquel hospital, y Alejandra se sintió un poco mejor, lo suficiente como para salir de aquel  lugar e irse a disfrutar a la nueva integrante de la familia a casa. Viajé con ellos, yendo la niña en la parte trasera del auto junto a mí..., Sí, es raro, lo sé, pero sepan que yo puedo someterme a las leyes del espacio y tiempo cuando me apetezca, pero claro, esto no quiere decir que los humanos pueden verme. No es la mejor de las opciones. Así que por ésta razón iba en el asiento trasero del coche, mientras los nuevos padres iban en los de adelante. La niña iba a mi lado, durmiendo en un asiento-cuna que por lo visto estaba hecho especialmente para bebés. Llegamos a casa y el recibimiento fue extraordinariamente inesperado: Había mucha gente esperando a la bebé. Hicieron fiesta, hubo regalos y felicitaciones. Yo sólo observé todo desde una esquina. Unos gritaban, otros lloraban... Otros simplemente guardaban silencio y miraban a Laura con ternura en los ojos y una sonrisa "de oreja a oreja". Me imagino que te debes de preguntar si acaso no se me hace muy aburrido mi trabajo. Pues diría, sinceramente, que no. Quizás pensarás que es una existencia monótona, pero la verdad es que ver a los humanos, es a veces, divertido: sufren por simplicidades, se alegran de otras, y una gran cantidad de cosas más que no terminaría ni en cien años de escribirlas. Además, otro punto a mi favor, es que no poseo la facultad de sentir agotamiento físico. Por ésto existir, para mí es simple.  Cesaron los abrazos, las carcajadas, el ruido en general. Esto indicaba que la fiesta había terminado. Siendo así, todos se fueron a sus casas a descansar. Alejandra y Christian llevaron a la nena a la segunda planta de la casa (ésta era de dos), y entraron en una habitación que estaba previamente arreglada para recibir a ese ser divino. Las paredes eran de color rosa, con algunos detalles blancos y pósteres de dibujos animados. La cuna era una obra de arte, ésta estaba tallada delicadamente a mano. Tenía labrado en ella figuras de... ¿Ángeles?... Bueno, de como creen los humanos que nos vemos. Allí acostaron a la bebé, la cual durmió profundamente. No recuerdo que llorara esa noche.



Jhoseph Jiménez

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En el texto hay: amor de infancia, amor y desamor

Editado: 14.04.2018

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