Lazos Oscuros (libro 1)

11.- Claro de fuego vivo.

AMELIE.

Después de que Rainer se fue a su casa, me reuní con mis amigos en el salón de estar. Jackson ya les había puesto al tanto de todo lo que había pasado con el castaño y de la situación en la que se encontraba, lo cual trajo consigo quejas por parte de Joshua, y miradas interrogativas por parte de mis mejores amigas.

La verdad aun no sabía cómo sentirme con respecto a la noticia. Rainer era un sobrenatural, y yo no tuve ni la más mínima sospecha de que lo fuera. ¿Cómo pudo evadir mi detección?

–¿Cómo sabemos si es de fiar el chico ese?– dijo Joshua con tono molesto.

–Aquí vamos de nuevo– susurró Janett.

–No tenemos idea de lo que es, y ahora debemos aceptarlo aquí, en nuestro territorio –continuó el rubio.

Vi a Leah voltear los ojos.

–Rainer es alguien de fiar–miré al vampiro. –lo conozco de hace tiempo, y no es mal chico.

–¿Cómo puedes estar segura de eso?, apenas lo volviste a ver– se quejó.

Lo mire con el ceño fruncido.

Joshua tenía la capacidad de sacarte de quicio con facilidad, con razón Leah explota cada dos segundos con él.

–¿Y quién dice que él no es la criatura Steinfield?– continuó el rubio. –Es nuevo en la ciudad, y en nuestra investigación descubrimos que entro en la ciudad en los mismos días que esa creación letal, él podría traer a los Steinfield hacia nosotros.

La sangre me hirvió como lava ardiente

–¡Ya basta!– solté con rabia mientras no apartaba la mirada del rubio, noté que todos nos prestaban atención. –¡Rainer no es la criatura, y los Steinfield no vendrán aquí!, así que mantén tu maldita boca cerrada de una vez ,Joshua Miller o si no afróntate a las consecuencias.

Todos me miraban sorprendidos pero la verdad no me interesaba, ya estaba harta de tantos problemas. Me levanté del sillón y caminé hacia el patio, necesitaba estar sola.

Inhala, exhala, inhala, exhala.

Solo déjame salir, nos merecemos ser libres, la voz en mi mente cada vez era más tentadora.

No, no vayas ahí, no.

Sabes que lo deseas, sientes lo mismo que yo.

¡Sí, maldición!, lo deseo.

Deseo tanto liberar mi poder, dejar de contenerme por miedo a que me descubran. Me senté en una banca de madera mientras intentaba manejar mis pensamientos. Para muchos su peor enemigo es otra persona, pero para mí es mi mente, mi mente y yo misma.

–¿Amelie?

–Quiero estar sola, Janett, por favor– dije sin mirarla.

–Está bien, pero creo que necesitas esto– se paró frente a mí y me tendió un talismán con líneas restas grandes y pequeñas.

El amuleto de la protección.

Lo tomé. –Gracias.

–No dejes que la negatividad te ciegue, brujita– me dijo antes de irse. –recuerda que la oscuridad es la enemiga natural de las brujas.

Escuché sus pasos alejarse y apreté el talismán en mi mano. La oscuridad siempre ha sido un enemigo para muchos, mientras para otros es una compañera permanente.

Vamos, sé que quieres hacerlo.

Tome una gran bocanada de aire y me coloque el talismán en el cuello con los dedos temblorosos. Podría jurar que ahora es acido lo que me está corriendo por las venas. El golpe de unos zapatos contra el piso activo mis sentidos.

–He dicho que quiero estar sola– mi voz salió grave.

Una mano rodeó mi brazo y me obligó a levantarme. Mire con enojo a Jackson, quien me guio hacia el bosque con rapidez, alejándome lo más posible de la escuela. Cuando estuvimos cerca de uno de los claros que rodea a Golden Valley, el médium me soltó y me puso frente a la laguna de agua cristalina.

–No debiste hacer ese hechizo, Amelie– dijo él, me gire para verlo. –Esa magia te está haciendo daño.

–No tenía más opciones, no iba a permitir que le borraran los recuerdos a Rainer– solté con enojo. –Tú eras mi única esperanza.

Sigue así, Amelie.

Estamos cerca.

–Está bien, tranquila, lo entiendo, el chico te preocupa– levanto los brazos en señal de paz. –ahora necesito que te concentres, debemos sacarte esa magia de la mente.

Carcajeé. –¿Y por qué debería?, no hay razón para obedecerte. No tienes ni la menor idea de lo que soy capaz de hacer con toda esta magia.

– Amelie, por favor– su voz sonaba tranquila, aunque notaba que estaba nervioso. –tienes que liberarte un poco, la rabia te está afectando.

No lo escuches. Estas en el camino correcto.

Sabes que debes ser libre.

–Solo estira tus manos hacia el claro de agua y grita–hablo despacio. –hazlo por tus amigos, por tu familia.

Familia. Mi familia.

Tenía que actuar rápido, conocía mis límites y los estaba rozando. Antes de pensar o escuchar cualquier otra cosa, me gire hacia el claro con las manos estiradas, y grite con todas mis fuerzas. En menos de un segundo, el claro de agua se vio envuelto en fuego, un fuego tan intenso que parecía salido del mismísimo infierno. Podía ver como algunas piedras volaban a diestra y siniestra, incluso algunas entraban en el fuego vivo. Jackson, que se había escondido detrás de una roca gigante, miraba asombrado lo que estaba haciendo.

Lo dejes salir, pero no de la forma que tu querías.

Cuando sentí que toda esa magia había salido de mi deje de gritar, inmediatamente el fuego se extinguió del claro y las piedras que estaban en el aire cayeron con fuerza a la tierra. Jackson salió de detrás de la roca y se acercó a mí.

–¿Mejor?– preguntó.

–Mejor– dije volviendo a respirar.

–¿Habías hecho algo así antes?– se rasco la cabeza, seguramente pensando en lo que vio.

–La verdad no– me sinceré. – nunca había incendiado un claro.

–Pues acabas de crear un claro de fuego vivo en vez de agua– me sonrió ligeramente. –Estoy seguro de que Janett amaría aprender a hacer eso.



Fernanda C

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En el texto hay: demonios, licantropos, brujas

Editado: 02.01.2021

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