Letra & Música

Capítulo 19. Confrontando al pasado.

Miedo, ira y desesperación era lo que estaba sintiendo en este preciso momento, todo mi cuerpo temblaba y no dejaba de hacerlo ante lo que había visto, ante lo que había vuelto a mi vida de un modo repentino que jamás imaginé.

Él había vuelto.

Él ha regresado con todos mis miedos.

Él me ha recordado mi dolor.

¿Por qué? ¿Por qué ahora que me siento feliz y con la fuerza suficiente para romper mis cadenas él aparece? Pasó ambas manos por mi cabello en un intento de alejar la desesperación, de alejar el miedo que parece quemar mi cuerpo.

Hace como veinte minutos me encerré en el baño y no he salido, tenía la intención de calmarme, pero ha sido una mierda total, sigo temblando al recordarlo. Muerdo mi labio con fuerza, pero eso hace que me lastimé y un poco de sangre salga. A este paso, mis labios serán un asco de mordidas y heridas.

Sé que los chicos deben estar confundidos de mi actitud tan rara y evasiva, y aunque me duela y odie hablar de esto, debo de hacerlo, no puedo mantenerlos en la oscuridad, ellos merecen y tienen derecho a saber esta parte de mi pasado porque más que amigos se han convertido casi en mi familia.

Con poca fuerza de voluntad y un peso mayor de pereza, me levantó del suelo, yendo por un poco de papel para limpiar mis lágrimas, y es en ese preciso momento cuando chocó con mi reflejo en el espejo del baño.

Odio mi reflejo.

Odio esa mirada llena de ira, tristeza y dolor.

Odio esta imagen tan jodida y débil de mí.

Desvió mi mirada, limpió mis lágrimas, mojó mi rostro y acomodó mi cabello antes de respirar hondo y salir del baño en dirección a la sala para hablar con ellos. Escuchó un poco de alboroto y curiosa voy a asomarme, paralizándome en mi lugar.

Él está ahí. Él esta con los chicos. Mi cuerpo tiembla ante el miedo e intentó huir, pero cuando notó que alza la mano con claras intenciones de golpear a JungKook la ira se apodera de mí, es como si de pronto llamas se apoderaran de mi cuerpo y alejarán el miedo, trayendo todo el odio que siento por esa persona.

Caminó rápidamente hacia ellos, dejando a JungKook detrás de mí en un intento de protegerlo, mientras detengo con una mano el brazo de ese hombre que tanto daño me hizo en mi niñez, sorprendiéndolo ante mi acción, porque nunca me rebelé en contra suya, pero hoy no va a ser el día en que vuelva a esa vida sumisa.

–No te atrevas a tocarlo –dije entre dientes antes de empujarlo lejos de nosotros.

–Anya, yo...

–Tú nada, tú vas a largarte sino yo te sacaré a golpes –amenacé con voz dura.

–Pero, ¿cómo voy a irme cuando al fin he encontrado a mi querida hija? –preguntó con una sonrisa que pretendía ser cariñosa.

–Yo no soy tu hija.

–Claro que lo eres.

–No, no lo soy y tú no vas a venir a decirme lo contrario luego de que has desaparecido quince años de mi vida. ¿Qué es lo que quieres de mi ahora?

–Anya, yo sé que te sientes enojada porque no estuve contigo, pero entiéndeme... –mencionó, pero yo cerré los ojos e ignoré lo que decía.

Otra vez excusas.

Otra vez mentiras.

Otra vez intentando herirme con sus palabras.

Ya no más.

–¡Maldita sea, lárgate ya! –exploté, callándolo –¡Quiero que te largues de aquí! ¡No quiero hablarte! ¡No quiero verte! ¡No quiero escucharte! ¡Vete ya!

–No me hables así, Anya –me dijo molesto –Yo soy...

–¿Quién? ¿Mi padre? No me hagas reír, no has sido eso desde que te largaste de casa, desde que nos abandonaste como si nada. ¿Por qué apareces ahora? ¿Por qué justamente hoy regresas?

–No podía encontrarlos.

–¿En serio esa es tu excusa?

–No es ninguna excusa. Tu madre los ocultó de mí y jamás me permitió verlos. El día de hoy cuando vi ese video donde bailabas con esos chicos no podía creerlo y vine a buscarte –dijo él, haciéndome reír.

Ya sabía porque regresó, quiere disfrutar de lo que antes no pudo: una vida con comodidades, donde es tratado como rey sin mover un solo dedo. Qué asco de persona, no sé cómo mamá pudo soportarlo, ni yo como soy parte de él.

–¿Y ahora que soy reconocida es que vuelves? ¡Qué gracioso! ¡Qué casualidad! –dije entre risas.

–No te burles de mi –dijo serio.

–¿Cómo no hacerlo? Tus razones me son patéticas al igual que tu persona.

–Te dije que no me hablaras así –dijo alzando la mano, con claras intenciones de golpearme.

Lo miré con determinación, apartando su mano con fuerza, tomándolo de las solapas de la chaqueta que traía, y empujándolo con toda mi fuerza hacia la pared, haciendo que jadeará por el impacto.

No dejaré que me lastime una vez más.

Nunca más.



Danna M Muñoz

Editado: 03.02.2021

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