Locura Indemne

Capítulo 3: ¿En qué me metí?

Llegamos sin contratiempos a mi casa, durante el camino la niña me hizo preguntas ocasionales, pero la mujer no volvió a hablar…

─Oye ¿crees poder mantenerte en pie así yo abro la puerta? ─Le pregunté a la mujer que iba en mi espalda mientras volteaba a verla, pero me alarmé al ver que estaba inconsciente y que también mortalmente pálida─ Carajo, ¡oye niña en esa maceta hay una copia de la llave de la puerta! ¡agárrala y ábrela, rápido! ─le indiqué mientras bajaba a la mujer y revisaba sus signos vitales.

Rina no tardó en hacerme caso y apenas el camino estuvo despejado agarré a la mujer por debajo de las rodillas y sujetando con mi brazo sus hombros, la cargué y entré rápidamente a la casa seguido de la niña. Recosté con cuidado a la mujer en el sofá de tres puestos y corrí en dirección al despacho en donde había dejado mis instrumentos médicos.

Una vez con estos regresé rápidamente a la sala en donde me encontré a ambas mujeres en la misma posición. Me acerqué a la que estaba inconsciente y de una vez agarré su pierna derecha que es donde estaba la bala. Mojé un algodón con alcohol y lo pasé por la herida abierta, pero ella no mostró reacción alguna, lo que sí hizo fue agarrarme la mano, parándome, cuando estaba por inyectarle morfina para que no sintiera nada al momento de sacar la bala.

─ ¿Qué…? ─Contrariado levanté la vista y mis ojos toparon con los entre abiertos de la mujer, que había recuperado parcialmente el conocimiento.

Vi que movió débilmente los labios, pero ningún sonido salió.

─ ¿Qué? No te preocupes es morfina, es un sedante para que no sientas dolor mientras atiendo la herida ─intenté nuevamente inyectarla, pero me volvió a detener.

Subí una vez más mi vista y sorprendentemente me encontré con una mirada ¿temerosa?

─No… no me gustan los sedantes, los detesto. No me importa si se siente como el diablo, pero prefiero aguantarme el dolor a que me inyectes ─hablo claramente sin rastros de miedo en su cara. ¿Será que fue una alucinación esa mirada?

─ ¿Segura? ─Le pregunte seriamente. Vi cómo sin vacilar asintió y así mismo guardé la jeringa, y sin ceremonias hurgué en la herida buscando la bala.

Durante los minutos que me tardé en curarla no soltó ni un solo sonido, estuvo tensa, pero no dio indicios de que le estuviera doliendo, aunque si pareció aliviada cuando terminé de atenderla.

─Listo ─dije levantándome.

─ ¡Yai! ¡Lía va a vivir! ─grito Rina saltando alegremente mientras abrazaba feliz a su hermana…

─Suelta ─murmuré por lo bajo logrando que Rin me soltará y el flujo de aire volviera a correr por mis pulmones.

─ ¿Te duele algo más? ─Rin me miró preocupada y también atrajo la atención del medicu… doctor.

Intenté sentir las demás partes de mi cuerpo y me di cuenta de que el hombro me incomodaba…─ ¿A ti te duele algo? ─Le pregunté con la vista cansada.

─Nop, estoy bien, tú me protegiste ¿recuerdas? ─dijo con una sonrisa cerrando los ojos…

─ ¿Tienes el hombro malo, cierto? ─Talos se volvió a acercar a donde estaban ambas chicas hablando─ Lo noté por la tensión que mantienes en el lado izquierdo de tu cuerpo ¿me equivoco? ─más que una pregunta eso fue una afirmación hecha seriamente.

Atelia movió lentamente dicho hombro y sintió una punzada de dolor, mirando al hombre sin expresión alguna en su cara, hablo ─ De todas maneras, es una herida menor, sanará en unos días ─cerré los ojos y dejé que mi cabeza reposará en el respaldo de ese sillón.

Súbitamente sentí una mano en la frente y por reflejo apunté con la pistola al hombre que me miro sorprendido por el drástico movimiento ─ No te confíes de más, una cosa es que nos hayas ayudado, otra que te puedas tomar ciertas libertades ─Una gota de sudor resbaló por mi frente debido a la fiebre que me había vuelto a asaltar.

─Keh, relájate no está en mis intenciones el involucrarme de más con una mujer como tú ─dijo sarcástico─ Solo confirmaba lo que ya sabía, todavía tienes fiebre y dudo mucho que baje si no curo TODAS tus heridas ─explicó mientras se volteaba para buscar algo en su maletín y luego se daba la vuelta con unas gasas en su mano.

Duramos varios minutos viéndonos hasta que con molestia me giré dándole la espalda y me aflojé la “camisa” mostrando mi hombro izquierdo bastante rojo, casi llegando a morado.

─ ¿Y bien? ¿no pretendes que me cure sola? O ¿sí? ─dije sarcásticamente recordando las palabras que él había dicho horas atrás. Un momento después sentí como el sofá se hundía levemente y algo frío cubría mi hombro.



Athenea

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En el texto hay: magia y amor, thriller psicologico, suspensos

Editado: 11.10.2018

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