Locura Indemne

Capítulo 8: ¡A la ciudad!

Mientras Atelia recogía las cosas que le había dado, yo fui a la puerta de entrada, viendo al pasar por la cocina a Rin, quién se había quedado muy quieta, supongo que asustada.

─No te preocupes, significa que alguien nos está visitando ─Le dije para que se tranquilizará, pero al abrir la puerta…

“Tiene que ser una broma”

─Talos, amigo mío, hasta que te encuentro ─Un joven de 27 años con ojos azul oscuro, cabello un poco más largo que el mío color plateado (desde que una chica le dijo que le quedaría bien lo tiene así) y vestido con un traje Armani negro, se encontraba en la puerta de la casa con una gran sonrisa.

─ ¿Qué haces aquí Lucas? ─Su amigo de verdad que elegía unos momentos para aparecer…

Súbitamente me vi agarrado por el cuello por uno de los brazos de Lucas quién me estaba “abrazando” por los hombros y me miraba con una expresión seria.

─ ¿Te parece poco, que desaparecieras de la noche a la mañana sin dejar rastro? La señora Helena está muy preocupada porque su ingrato hijo no contesta el teléfono y me tocó venir a mi hasta acá, para saber si seguías vivo ─hablo con una expresión sombría.

─ ¿Talos? ─escuché la voz de Rina que se había asomado desde la cocina. Tan pronto como apareció la expresión sombría de Lucas, desapareció y en cambio mostró una “encantadora” sonrisa.

“Ay no”

─Pero por lo que veo no estás mal acompañado ─Sin mi permiso se abrió paso hasta llegar al recibidor donde se hallaba una confundida Rin─ Que linda señorita ─dijo tomando sus manos de manera delicada.

De repente Lucas se le quedó viendo con mirada analítica logrando poner nerviosa a Rina ─Pero… ¡Talos bribón asalta cunas! Apenas es una niña ─ ¿de quién había sido la brillante idea de poner a un pequeño Lucas a ver las 24 horas del día Inuyasha? No habría problema si acaso hubiera tomado de ejemplo al protagonista, pero ¿por qué tuvo que adquirir la personalidad del monje Miroku? Lo peor era que también creció viendo Ranma ½, ni se digan las mañas que aprendió del maestro Happosai.

A sus 27 años Lucas era todo un don juan que, de no ser por mi madre y las mujeres de mi familia, ya hubiera embarazado a la población femenina de medio país. A diferencia de mí, él es abogado y no le va mal, es inteligente y agradable, pero lo libertino provoca que a veces sea un dolor de muela… y lamentablemente tanta junta con él, también me había afectado. Fue por un pequeño problema que tuve con mi última “novia” lo que provocó mi súbita decisión de ir (huir) a esa cabaña… aunque había que agradecerle, sino compartiera su actitud de vividor, no hubiera logrado conocer a

─ ¿Alguien me puede explicar, por qué ese hombre, sujeta de las manos a Rin? ─Que Dios nos amparé, pensé al ver llegar a Atelia con la pistola en su mano y una cara poco amigable…

El ambiente se tornó muy tenso y pesado, no ayudaba que Atelia estuviera sujetando su pistola, pero alguien lo suficientemente valiente (estúpido) como lo era Lucas no le tomó cuidado.

─Si siguen saliendo mujeres como ella de tu casa, entendería perfectamente tu afán por estar en este lugar y claro, que entenderás el mío por quedarme también ─El albino se acercó lentamente a Atelia (quien lo veía con una clara advertencia pintada en su cara) y cuando estuvo a unos centímetros de esta hizo una reverencia.

─ Me presento para que no haya confusiones. Soy Lucas Ernesto Quiroga.

─ ¿Y eso a mí qué? ─Le pregunté toscamente.

En un parpadeo me vi rodeada de la cintura por uno de los brazos del hombre, el cual tenía su cara demasiado cerca de la mía para los lindes de algo llamado ESPACIO PERSONAL.

─Que ahora sabrás cuál es el nombre del hombre que acaba de conocer a tan bella amazona ─viéndome seductoramente.

Yo no podía estar más tensa de ser posible, era el segundo hombre luego de Talos que tenía contacto directo conmigo y el primero que se mostraba de esa forma tan… ¿abierta?

─Me parece increíble que estés encerrada en este lugar tan lejano, aunque gracias a eso pude conocerte. Dime por favor cómo te llamas, es lo único que te pido, no te haré nada, solo quiero saber el hombre del hada que tengo enfrente ─pidió viéndome a los ojos…

Talos por primera vez veía con mucha molestia a su “querido” amigo. En esos momentos sentía unas tremendas ansias de que Atelia se decidiera y le diera uso a las balas que le había regalado, porque si no, él mismo haría uso de ellas para que Lucas le soltará la cintura a la ojinegra, quién estaba atrapada viendo los ojos oscuros de su captor.




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