Los cuervos

La promesa

―Te amo como no había amado antes ―dijo él.

―Yo solo te amo, no podría compararlo, jamás creí amar hasta que te conocí. ―Sus labios danzaban como papelillos al viento.

Se besaron. Besarla es tomar el cielo. Arturo no cansaba de ella, ni de hacerlo. Apenas llevaban unos meses de relación, y su amor crecía a los límites que un humano no podría comprender. Vidya empezaba a representar su vida entera, a abarcar todos los ámbitos de su personalidad, y eso le gusta.

Ella también lo amaba, le gustó desde que lo invitó a comer a casa el primer día en que lo conoció. Se comportó tan tierno con ella. Era un caballero, a sus 16 años. Hasta entonces no conocía lo que sus amigas llamaban amor, nunca dio un beso, y no porque no tuviera la oportunidad. Sabía bien que es bella, y no intentaba aprovecharse de eso, era madura para su edad, y para las amistades que tenía.

―¿Qué te parece hacer una alianza? ―preguntó él, muy emocionado.

―¿Una alianza? ―repitió sorprendida, sin saber a lo que se refería.

―Claro. Mira, tenemos este árbol al frente, tengo una navaja y tenemos nuestro cariño, es lo único que necesitamos.

Le gustó la idea. Le tomó el rostro con sus manos y le dio otro mimo. Sacó una nota con discurso que preparó durante toda la noche del día anterior. Cogieron juntos la cuchilla y muy despacio marcaron el árbol con un corazón mientras repitieron juntos: «Prometo estar contigo, para siempre, ser tu apoyo y tu aliento para seguir; prometo también amarte y cuidarte hasta que ya las fuerzas se me agoten, y si la vida se me acaba primero, desde arriba también lo haré».

Ah, tonto Arturo, con muchos sueños y pocas metas.

Al terminar, la madera del árbol tenía una nueva cicatriz y la pareja tenía un nuevo templo.

―¡Tenemos que tomarnos una foto para recordar el momento para siempre! –solicitó el emocionado.

―Pero estoy con un buzo blanco, salgo fea. ―Hizo un puchero con su rostro que la hizo ver aún más angelical.

―Estás usando el pañuelo rosa que te regalé para nuestro primer mes, es especial. Además, tu siempre te ves hermosa, corazón.

Esa última palabra era la única que necesitaba para convencerse.



Martín Távara

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En el texto hay: cuervo, amor, muerte

Editado: 28.02.2019

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