Los Duros Golpes de la Vida

Capitulo IV Encuentros inesperados

La brisa se estampaba de forma abrupta sobre mi rostro, el caminar me daba tiempo para pensar y analizar un poco toda la odisea que albergaba en mi cabeza. Mi vecindario es muy concurrido y por primera vez lo agradecí, ya que me mantenía entretenida y dejándome llevar sin rumbo alguno llegue al parque. Los niños corriendo de un lado a otro, sus risas, gritos y quejas llenaban mis oídos. Me senté bajo un árbol contemplando aquella vista tan hermosa y nostálgica. Me traía recuerdos muy hermosos aquel lugar. He vivido desde pequeña aquí y siempre venía a jugar con mis padres y pasaba mis tardes en los incontables juegos que había, mi padre me mecía en los columpios mientras mi madre nos miraba desde lejos o en otras ocasiones nos tomaba fotos. Alzando mis piernas y acunando mi rostro en ellas las lágrimas dieron gala de bienvenida al dolor que abundaba en mi corazón.

Perdí el sentido del tiempo sin saber cuánto tiempo estuve llorando y estando recostada de esta forma, hasta que sentí un fuerte golpe en mi cabeza. El dolor fue inmediato y por el impacto supe que fue alguna pelota o balón de algún niño o niña que estaba en el parque, maldije por lo debajo y me dije en mi mente que tanta desgracia junta solo puede pasarme a mí. Tome la pelota de goma entre mis manos y me dispuse a ver todas las direcciones para dar con quien pudiera ser aquel que me había golpeado.

Pasaron algunos segundos cuando llego un hermoso Golden Retriver a donde yo estaba, su cola danzaba de un lado a otro y su mirada era de una ansiedad profunda, este se movía por todo mí alrededor en busca de algo. Le mostré la pelota y su emoción fue más evidente. Se lanzó encima de mí, lo tuve entre mis piernas y empecé a acariciarlo mientras él me lamia el rostro. Me encantan los animales desde que soy muy pequeña, pero por cuestiones médicas era alérgicas a los gatos y solo podía tener perros y mis padres jamás optaron por tener uno, así que mi infancia fue un poco solitaria sin un compañero ya que soy hija única.

 

  • Así que tú y tú dueño fueron los causantes de esto, ¿sabes que me causaron un gran dolor de cabeza? Pero eres tan lindo que eso lo recompensa.

El seguía lamiéndome y moviendo su cola sin cesar, cuando escuche los gritos de un chico, desvié mi mirada del perro y la dirijo a dónde provenía la voz.

 

  • ¡Tom! Amigo ven aquí, vamos ven aquí – Gritaba aquel chico a lo lejos mientras corría viendo a los lados en busca de alguien.

 

Al escuchar aquello tome al perro del cuello en busca de su placa y llevándome la sorpresa de que él era a quien tanto aquel chico llamaba.

 

  • Amigo con que aquí estas, ¿Dónde te habías metido? – dice aquel chico acercándose a mí y agarrando al perro y en un movimiento rápido le abrocha la correa.

 

  • Creo que tú y tu perro me deben una disculpa – dije mostrando la pelota que mantenía oculta en mi mano a mis espaldas.

 

  • ¡No me digas que te golpe!, discúlpame en verdad, no fue mi intención, la lance muy lejos y no me percate de a donde la tiraba – dijo aquel chico tapándose el rostro un momento por la vergüenza.

 

  • Si me golpeaste, mira no estoy de humor, para la próxima fíjate más a donde tiras el juguete de tu perro, pudiste lastimar a alguien – dije alterándome un poco por la imprudencia de aquel chico.

 

  • Oye ya me disculpe ¿sí?, además no fue mi intención, tendré mas cuidado la próxima, lo prometo – dijo aquel chico ya con una postura más calmada sosteniendo la agitada correa de su mascota que se movía de un lado a otro.

 

  • Está bien, espero que sea así – le dije para luego levantarme, sacudirme un poco y regresar a casa, ya que sin darme cuenta ya había oscurecido y mi madre debe estar con los nervios de punta.

 

  • Espera dime tu nombre por lo menos – dijo aquel chico deteniendo a seguir mi camino.

 

  • Mi nombre es Maydelin, al menos así no olvidaras el nombre de la victima de tu imprudencia – dije para apartarme y seguir caminando.

 

  • El mío es Alejandro, fue un placer conocerte, toma quiero que tengas esto para cualquier cosa – dice aquel chico para luego entregarme una tarjeta con su nombre y datos en la cual especificaba que era un fotógrafo.

 

  • Te llamare, así me darás la indemnización por el daño que me causaste, espera un momento ¿eres fotógrafo? – dije mirándolo incrédula sin poder creérmelo.



Maria Castalia. Escritos de una chica

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En el texto hay: romance

Editado: 23.07.2018

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