Los encantos de Elijah

Capítulo 22 c.

 

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19 de julio

Contra todo pronóstico Susana luchó para no caer en aquel mar de preguntas que pedían a gritos ser formuladas dentro de su cabeza; ¿Habrá dicho la verdad, acerca de mostrar ese reciente interés por ella? ¿Cuál sería su reacción si así fuera? ¿Va a escucharlo? Eran algunas preguntas. Lo inevitable estaba ahí, frente a sus ojos, tarde o temprano sabría que cualquier cosa trazada en su vida —aun si esto incluyera a Elijah—, tendría que aceptarlo y tragarse sus palabras. Y es que, días atrás fue perseguida por quien aún le hacía perder la cabeza; intentando hacerla entrar en razón, conseguir que de nuevo sea acosado por ella, envolviéndola sin siquiera percatarse con aquellos encantos que tenía.

Dos veces estuvo a punto de perdonarle y olvidar aquellas palabras que manifestó estando molesta, «No pienso ser yo quien caiga de nuevo, él está mintiendo, no creo gustarle sinceramente, debe ser esto una especie de broma. En todo caso, si estuviera diciendo la verdad, tampoco caeré y aceptaré que no debí hacerlo beber de su propio chocolate.» Sin embargo eso no era todo lo que le impedía caer, sino correr el riesgo de aceptarlo y ser ahora a quien rechazan.

No era más que un simple «te perdono» y todo quería solucionado entre ambos.

— ¿Qué si querrás el agua con frutas o sin frutas? —preguntó por tercera vez la adolescente, con gesto cansado.

Le tomó un par de segundos concentrarse donde se encontraba, frente a ella tenía a Lourdes, la nueva inexperta empleada que contrataron en la paleteria a poco menos de una cuadra de su casa, justo en las tres efes.

—Ah... —estaba perdida, no sabía que debía elegir.

Cansada, simplemente señaló los dos contenedores de agua de horchata con colorante rosa.

—Bueno yo... —balbuceó—, creo que, sin frutas, sí, sin frutas —recalcó, ahora decidida.

—Y luego porque uno abandona este trabajo —murmuró entre dientes la joven, atendiendo a su pedido.

Susana la escuchó sin decir palabra, simplemente se limitó a mirar los contenedores de helado de diferentes sabores, algunas paletas y aguas, a través del vidrio, tratando de concentrarse en el aquí y ahora para no perderse lo que pasa a su alrededor.

Pagó la cantidad exacta con una moneda de diez pesos y salió del pequeño local, con el popote entre los labios, bebiendo tranquilamente, mientras se encaminaba de vuelta a casa.

Escuchó perfectamente a alguien gritar "¡Susana, te amo!" cuando pasó cerca de la tortillería, después de haber cruzado la calle. Miró hacia donde se originó el grito, encontrándose con las miradas divertidas de cinco jóvenes mayores a su edad, donde entre ellos se encontraba Joel, quien alguna vez consideró su amor platónico cuando eran solo niños y jugaban frente a su casa. Joel había estado en rehabilitación por consumo de drogas hacia ya un tiempo, ahora las evitada a toda costa, pero seguía con las mismas amistades que respetaban su decisión. El chico se disculpó enseguida, aunque los otros intervenían diciendo que no era verdad, que las palabras salieron desde su corazón, ante la mirada sorprendida de Susana, quien le divertía ver como Joel se sonrojaba.

— ¡Que no hombre, ya párenle! —pedía Joel, riendo.

Lo siguiente que ocurrió fue demasiado rápido como para que Susana asimilara que estaba pasando, ante sus ojos se presentó un hombre fornido, vistiendo únicamente una camiseta blanca, shorts oscuros y tenis deportivos, no pudo ver siquiera su cara, él había ido directamente al grupo de chicos, dándole la espalda.

—Vuelve a dirigiste a ella de esa forma y me encargaré de molerte a golpes —gruñó, descontrolado.

Entonces fue cuando reconoció esa voz. El grupo al instante dejó de reír, Joel se puso de pie, listo para enfrentarlo. Era mucho más delgado que su oponente, incluso de estatura; apenas y alcanzaba a su hombro. Sin embargo contaba con valentía y eso le era suficiente, como para preocuparse si tenía altas posibilidades de perder sí se desataba un enfrentamiento.

—Mira hombre, esa dulzura no tiene novio, así que tú no eres quien para prohibirme nada —sus manos ya estaban hechas puño, preparado para enfrentarle.

Uno de sus amigos se puso de pie con un tubo entre sus manos, que hasta hace un rato usaba para remover la tierra, dispuesto a intervenir si se atrevía a herir a Joel.

Susana no podía quedarse simplemente de pie o marcharse sin hacer nada, fue hasta ellos, se interpuso entre ambos a gritos, pudiendo de esa forma llamar su atención y arreglándoselas para pedirles a los amigos de Joel, se lo llevaran a casa. A Elijah no le gustó ni un poco que Susana le hablase con tanta naturalidad a Joel, de hecho, eso aumentó sus deseos de golpearlo. Si no hubiese detenido la camioneta para pasar a comprar los dieciocho kilos de tortilla que su padre le ordenó, no podría haber escuchado las palabras de ese joven. Cuando escuchó el nombre de Susana, siendo consciente que meses atrás ella misma le dijo que vivía cerca, rápidamente imaginó que era a ella a quien ese chico expresó su amor.

— ¿De dónde se conocen? —exigió saber, sin siguiera mirarla—, ¿No ibas a decirle nada después de lo que te dijo? O es que acaso... ¿te gusta? —continuó pidiendo explicaciones.

—Esas respuestas no te incumben Elijah —se limitó a decir.

—Oh, créeme que lo hacen solo porque me importas —suavizó su gesto al instante, en esta ocasión centrándose solo en ella y olvidando por un momento lo que acababa de pasar—, y aún no me canso de hacerlo, ¿Tú ya lo has hecho?

—Ja, estoy en ello —expresó sin pensarlo.

No permitió que esas palabras le afectaran aún.

— ¿Al menos, has considerado perdonarme? —apenas y fue audible su pregunta.

¿Caer nuevamente a los encantos de Elijah? No más, se repitió.

—No pienso entregarme a otra ilusión, Elijah. No de nuevo, así que, anda, sigue tu camino ya —le animó, deseando que sus pies reaccionaran para irse ahora mismo si él no lo hacía.



L. Enríquez

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En el texto hay: bodas forzadas, matrimonio, seduccion

Editado: 12.07.2020

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