Los Hijos de Anac y el Jardin del Eden

Prologo

Sus pies descalzos se hundían en la nívea y fría nieve, su cuerpo estaba cubierto únicamente por un ligero vestido blanco de ceda y su cabello castaño caí como una cascada sobre sus hombros deslizándose por su espalda hasta su cintura. Sus ojos verdes recorrían cada centímetro del insólito boscaje, los árboles se elevaban muy altos con sus ramas desnudas extendiéndose al cielo y el silencio era tan profundo que si una pequeña ramita se rompiera su eco resonaría en cada minúsculo rincón de ese bosque mágico.

Una pequeña gota de sangre cayó tiñendo el blanquísimo manto con el carmesí de un dolor que reconocía. La pequeña gota se solidifico formando una especie de piedrecilla, la tomo entre sus manos y la admiro como si fuese el tesoro más preciado que existiera sobre la faz de la tierra. La sostuvo con fuerza entre sus manos y cuando las abrió nuevamente la pequeña piedra de sangre ya no se encontraba. Ahora colgaba de su cuello atada a una cadena de plata.

El corazón se le acelero, de pronto el bosque comenzaba a girar a su alrededor y el silencio era sustituido por los ecos de una voz que no conseguía comprender. Era una mujer, eso lo sabía. Pero no lograba descifrar el mensaje que intentaba darle y su corazón le gritaba tan alto para que respondiera que dolía.

Entonces, su imagen se hacía corpórea frente a ella. Sus penetrantes ojos azules la miraban fijamente, su piel blanca vestida con un largo vestido negro y su cabello igualmente negro caía en ondas sobre sus pechos. Una ligera sonrisa se dibujaba en sus labios mientras sus brazos se abrían de par en par para ella.

Quería correr y abrazarla, quería estrecharla entre sus brazos y decirle que la recuperaría a como diera lugar pero sus pies estaban fijados al suelo por raíces de árboles que la aprisionaban. Ambas se miraban fijamente, ambas eran tan diferentes y contradictorias que bien se podrían explicar sus diferencias como el blanco y el negro, la noche y el día, el bien y el mal.

“Encontrare la manera de estar a tu lado”

Le susurraba mientras una sombra se abalanzaba sobre la mujer y se la arrebataba una vez más. El dolor, la angustia y el terror la hacían gritar con todas sus fuerza, luchaba con todo lo que tenía para liberarse y correr hacia ella y retenerla a su lado pero todos sus esfuerzos eran inútiles. La sombra siempre la consumía.

_ ¡Clío, despierta!_ Él acariciaba su rostro con suavidad y le hablaba al oído devolviéndola a la realidad._ ¡Clío, regresa!

Sus ojos se abrieron lentamente con pequeñas lágrimas avanzando por sus mejillas, siempre era el mismo sueño, siempre terminaba igual. Clío miro a los profundos ojos verdes de Kayden y se sintió renacer, él era el único capaz de regresarla de sus pesadillas, él único capaz de cuidar de su corazón y su alma.

_ ¿Otra vez el mismo sueño?_ Kayden limpio sus lágrimas con sus pulgares mientras Clío apoyaba sus manos sobre su pecho desnudo.

Ella asintió.

_ Quizás…_ deslizo sus dedos por su cuello y termino con la piedrecilla roja entre sus dedos._ si te quitas esto podrías comenzar a dormir mejor.

_ Es todo lo que tengo de ella, Kayden. Nunca la conocí, no realmente y esto es la única cosa que alguna vez tendré de ella.

Kayden asintió. Comprendía la necesidad de sentir que alguna pequeña cosa las conectaba pero desde que el padre Jorge le había entregado el regalo de Caeli las pesadillas habían comenzado a atormentarla cada noche robándole las energías casi completamente.

_ Solo estoy preocupado por ti.

Clío sonrió y le acaricio el rostro, se encontraba tan agradecida por sus cuidados y sobre todo por el amor que le mostraba cada día.

_ Lo sé, solo… no puedo apartarme de ella.

_ No volverá, aunque Owen y tú se aferren a la posibilidad de traerla de vuelta._ Kayden suspiro cansado._ Debes dejarla ir.

Esa podría ser la única solución para ponerle fin a sus pesadillas pero cada vez que tenía ese mal sueño algo cambiaba, avanzaba un poco más y su voz se hacía un poco más clara. Sentía que ella quería decirle algo y necesitaba descubrirlo. Clío acuno su rostro y lo jalo hacia ella para poder besarlo, sus labios se unieron en un suave y apasionada beso mientras las manos de Kayden avanzaban por la delicada y sensible piel de su cintura.

Kayden soltó sus labios y recorrió su cuello dándole pequeños besos y fue bajando hasta su clavícula al tiempo que sus manos recorrían su cuerpo con veneración. Un pequeño gemido se escapó de los labios de Clío y Kayden sonrió contra su piel con satisfacción. Adoraba cada sonido que escapa de su boca, amaba hacerle el amor y unirse a ella como una única alma que permanecía en dos cuerpos que habían sido creados para amarse profundamente.



Angeles Esquivel

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Editado: 24.04.2018

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