Los Hijos de Galileo. Crónicas de un Regreso Inesperado

Sesgo de Curiosidad

A pesar de que el proyecto Galileo estaba oficialmente cancelado y la diosa había distribuido los recursos a la búsqueda de “El Cetro de la Diosa” y el desarrollo de la comunidad, aún quedaban algunos partidarios de la búsqueda de otros mundos. Esto se debe a que la programación original del proyecto estaba enfocada a conocer otras civilizaciones más allá del planeta Tierra y esto se implementaba en las nuevas generaciones como parte de su educación, por la cual su desempeño como proyecto de supervivencia fue más bien mediocre.

La tecnología de la que disponen los humanos hasta la fecha, es sin duda alguna, avanzada para lo que tenían al momento de su partida pero la educación de las clases, excepto las exploradoras, no incluía historia. Esto provocó una idealización de los descubrimientos recientes, los que fueron considerados como reliquias de alguna civilización avanzada que no pudo frenar su destrucción y cuyos rastros son la única evidencia de su existencia.

Este punto de vista idealista se encuentra fuertemente adherido a la mentalidad de los colonos gracias a la negativa a aceptar el retorno al planeta Tierra. La posibilidad de regresar al momento de la partida era tan remota que ni siquiera fue considerada, al punto de tratar de borrar de la memoria colectiva todo rastro de su anterior hogar.

Desde el aterrizaje, se han logrado establecer con éxito varias colonias en las cuales se busca asegurar la supervivencia de la especie, pero también la preservación de los conocimientos y recolección de datos. La minería de recursos se realiza con una limitada cantidad de robots especializados por lo que la materia prima aún es un bien escaso, pero se ha obtenido suficiente para desarrollar sistemas de comunicación sencillos cuyo coste energético es lo suficientemente reducido como para servir de apoyo a los grupos exploradores.

A pesar de que cada quien tiene su rol bien definido, el dilatado tiempo que hay entre descubrimiento y descubrimiento provoca que los investigadores se apeguen a un punto de vista sesgado sobre los artefactos que estudian, aunque la información que continúa liberando la diosa, ha permitido crear sistemas intérpretes para los protocolos de comunicación utilizados en el pasado.

Algunos grupos de investigadores, localizados en colonias cuyos recursos abundan continuaron desarrollando tecnologías de comunicación, las cuales combinadas con los protocolos antiguos terminaron enlazando algunas señales de origen desconocido.

Rápidamente, la observación de las ondas de radio se volvió una afición regular entre diferentes colonias.

El tanteo de frecuencias y protocolos llevó a la reapertura de las comunicaciones con algunos satélites en la órbita terrestre, los cuales, al estar al límite, reportaron la información que habían recolectado aunque gran parte de la información pasada había sido sobrescrita debido a su escasa memoria.

Las imágenes del planeta fueron hermosas.

Durante la travesía del proyecto Galileo, muchas fotografías fueron realizadas. Los planetas que se encontraban siempre estaban vacíos, muertos, en silencio o en alguna brutal reacción natural que restringía  la vida en ellos.

Las fotografías que mostraban los satélites, aunque de baja calidad, dejaban ver un planeta lleno de vida y en constante cambio. El ciclo de los océanos alternaba entre inmersiones de grandes franjas de tierra que en muchos casos terminaban enterradas en arena.

Las colonias se agruparon en asociaciones de investigadores para comparar la información que obtenían. Pero no lograron retroceder el tiempo lo suficiente como para observar la caída de la civilización que los creó.

Durante mucho tiempo, los resultados de las observaciones no fueron más que datos geológicos de interés, pero ningún rastro de civilización. Al parecer, simplemente desaparecieron de la historia.

Una noche, cuando los investigadores celebraban toda la información recolectada, muchos estaban jactándose de tener una civilización avanzada entre manos. La posibilidad de que existan seres inteligentes aparte de los humanos los enloqueció de felicidad, al ser la respuesta a su propósito en la vida y, mientras contemplaban el cielo nocturno añorando aquella silenciosa aventura por el espacio, admiraron una hermosa lluvia de estrellas surcando el cielo de un lado al otro.

El grito desesperado de un joven investigador los despertó de su letargo. Una tras otra, las señales de radiofrecuencia quedaron silenciadas ante el desconcierto de los investigadores. Los últimos datos recolectados no mostraron ninguna anomalía aparente, aunque tampoco había evidencia de una lluvia de estrellas en el momento. Tras una fugaz discusión, todos estuvieron de acuerdo en que probablemente esos objetos que entraron a la atmósfera no eran meteoritos sino los últimos vestigios de los satélites cuya órbita finalmente dejó de ser sustento suficiente contra la gravedad y comenzaron a caer.

Resignados observaron las pantallas totalmente en silencio. Solo ruido blanco causado por la radiación de fondo era lo único que captaron las antenas y entonces todos recordaron el mismo silencio que les acompañaba en el espacio.

Mientras unos se comunicaban con otras colonias para mandar expediciones para que consiguieran recuperar los restos de los satélites, otros orientaban desesperadamente las antenas buscando alguna otra fuente de comunicaciones con la esperanza de oír algo más desde el cielo, sin resultado alguno.



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En el texto hay: ciencia ficcion, futuro, distopia

Editado: 24.05.2018

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