Los ratones de la cocina

Capítulo 7

Al día siguiente, Cecilia recibió una nota inesperada. Su hermana Wilhelmina deseaba verla en Palacio para tratar un asunto importante.

Enseguida estuvo lista y se puso en marcha ─esta vez, ella sola─, dispuesta a contentar a la Duquesa y a satisfacer su propia curiosidad.

Cuánto la irritaba no disponer de suficientes criados y tener que conducir ella misma la calesa.

-Te he hecho llamar -dijo, empleando ese tono de superioridad que desquiciaba a su hermana-, porque creo que entre las dos seremos capaces de encontrar una buena pareja de baile para el Príncipe. Una que pueda convertirse en la candidata más adecuada a ser su esposa.

Cecilia se sorprendió. Era extraño que Wilhelmina no tuviera eso ya, como mínimo, previsto. ¿Estaba perdiendo facultades?

-No me mires así. Mis planes han cambiado y, por ello, las opciones que tenía en mente ya no me sirven.

-¿En qué han cambiado?

La Duquesa paseó su esbelta figura por la habitación.

-Bueno… Digamos que mi hijo ya no necesita una buena esposa… a largo plazo.

Cecilia conocía demasiado bien ese brillo en los ojos de Wilhelmina.

-Así que tu presencia en Palacio no es sólo como madre de su Alteza.

-Aún sí. Pero el panorama se presenta prometedor. El Rey está disponible ─más de lo que lo ha estado en mucho tiempo─, y yo también. Es un momento propicio para elevar mis aspiraciones.

Tú siempre estás disponible, si así te interesa, pensó Cecilia.

-¿Incluso a costa de Kasimir?

-¿A costa de Kasimir? Pues ¿qué más podría él desear? Lo he llevado a lo más alto y ahí se quedará. ¿Hay algo de malo en querer lo mismo para mí?

Incluso aunque Cecilia no hubiera compartido su punto de vista, la Duquesa, a veces, llegaba a intimidarla ─a su pesar─ hasta el punto de infundirle miedo. No sabía, pero sospechaba, de lo que podía alcanzar a ser capaz. Procuró que sus siguientes palabras estuvieran carentes de cualquier tono de reproche o desafío.

-Necesitas a alguien de quien, llegado el momento, puedas deshacerte con facilidad -resumió.

-Exacto. Nadie con una familia detrás que proteste o investigue demasiado. Y la necesito pronto. Si no, me temo que mi hijo se encaprichará por su cuenta y luego todo será mucho más difícil. Este baile podría jugar muy a mi favor o muy en mi contra. Todo depende de que lo prepare con la suficiente antelación.

Cecilia se puso a pensar.

-¿Y bien? -la increpó Wilhelmina, pasados un par de minutos.

-No se me ocurre nadie -su objetivo era posicionar a sus hijas, lo cual, al ser parientes tan directas, no era posible en este caso. El resto de doncellas casaderas la verdad es que no habían sido nunca su preocupación.

-¿No conoces a ninguna joven a quien pudieras manejar y que sea mínimamente aparente para engatusar a Kasimir? Pasaría primero por mis manos, así que la materia prima tampoco es necesario que sea especialmente espectacular.

¿Una joven a quien pudiera manejar? Sí. De hecho, sí que conocía a una.

-Me parece que hay alguien que podría servir. Puliéndola mucho, claro está. Se trata de…

-No me importa quién sea. Confío en ti para que, llegado el momento, no me dé problemas. Yo me encargaré de vestirla y prepararla adecuadamente. Tráemela cuanto antes. El baile es prontísimo. Tenemos muy poco tiempo.

 

Mientras tanto, Herta estaba segura de que todo lo acontecido la noche anterior no había sido más que un sueño. No había ni rastro de los ratones… Aunque, tampoco había ni rastro de su chal. Hasta bien entrada la mañana, no tuvo tiempo de echar un vistazo por la cocina sin que la cocinera estuviera presente.

Cecilia había salido, por lo que aprovechó también esa circunstancia para apropiarse de unas hojas de papel de su dormitorio ─el único lugar de la casa donde había.

Se acercó a todos los rincones con trampas colocadas y las retiró. Las escondió bien para que la cocinera no se percatase ─inmediatamente, al menos─ de que estaban quitadas. Luego, fue hacia el agujero de la pared por donde, varias veces ya, los había visto salir.

Por allí no se veían. No obstante, introdujo por la abertura el papel y un carboncillo que cogió de la chimenea. Si existían y querían volver a comunicarse con ella, al menos que lo tuvieran fácil.



Monica Euen

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En el texto hay: magia, misterio, amor

Editado: 26.08.2019

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