Los ratones de la cocina

Capítulo 17

-No tienes vergüenza -le dijo Regine, con todo el desprecio que pudo reunir en su tono-. Presentarte aquí… ¿Sabe el Príncipe que no eres más que una mugrienta criada? ¿Una criada que ni siquiera lo es por sus propios méritos?

-¿Presentarm…? Es igual. Malgastas tu energía, Regine. Y estás quedando en ridículo delante de ese chico tan apuesto que te mira desde el rincón.

-No puede oírme.

-Pero tus gestos se expresan por sí mismos. ¿Crees que querrá estar con alguien que odia de esa manera a su propia hermana sin ninguna razón?

Regine apenas podía contenerse de agarrarla por el cuello.

-Te odio con todo el derecho del mundo -se conformó con decirle-. Durante muchos años has ocupado un puesto que no te correspondía. No eres más que la hija de una sirvienta: una prueba viviente de la traición de Padre. Ni siquiera me explico cómo mi madre puede aguantar mirarte.

-Sólo una mujer enamorada sentiría verdadero dolor. Y tu madre nunca lo ha sido.

-¿Cómo te atreves?

-¿Ocurre algo? -La voz masculina que vino a poner paz no era la primera en la lista de posibilidades que habría barajado Herta.

La sorpresa fue mayúscula para ambas, sobre todo dadas las circunstancias personales de él en ese momento.

Ninguna respondió. Regine se limitó a alejarse, abochornada por haber llamado la atención de su primo, el Príncipe, con una actitud tan poco digna.

-Adalberht desea hablar contigo -la informó Kasimir.

-¿Adalberht? Y ¿por qué… por qué venís vos a decírmelo? -respondió, sin poder controlar el vínculo excesivamente directo entre su mente y su boca, a pesar de ser totalmente consciente del estatus de él, e incluso del brevísimo tiempo que hacía que se conocían, que no podían otorgarle de ninguna manera el grado de confianza que la demanda de Herta acababa de pretender.

Él no dijo nada y, simplemente, alargó su mano para que la de ella la cubriera, y acompañarla así adonde era requerida.

 

Adalberht aguardaba en uno de los muchos salones del palacio. Uno mucho más pequeño que el elegido para la fiesta, y también más oscuro.

Sus ojos conectaron con fuerza, imantados, desde el momento en que ella entró. No había nadie más que ellos tres; ni siquiera sirvientes, en el interior o en la puerta: El fallecimiento tan repentino del Rey en medio de un marco de fiesta había causado, como mínimo, un pequeño caos a nivel organizativo doméstico.

-Bien, aquí la tienes.

-Gracias -respondió el hermano mayor con sinceridad y satisfecho.

-¿Vas a contarme ahora lo que ocurre? -solicitó Kasimir.

-De lo principal acabas de ser tú testigo -le respondió sin ninguna intencionalidad en la voz-. Sin embargo -continuó, sintiendo que procedía extenderse un poco-, no estaría de más que supieras que no me marché por voluntad propia.

Entonces, Kasimir incluyó a Herta en la conversación con la mirada.

-¿De qué os conocéis? -le preguntó a Adalberht.

-Nos conocemos. De momento, el cómo no importa. Pero quiero que tengas claro que ella no supone una amenaza, y que si está aquí esta noche no es por nada relacionado conmigo. Se trata de una acción de la Duquesa, totalmente ajena a la relación entre Herta y yo.

Ella escuchaba atentamente; conmovida en algunos momentos, halagada en otros, y también asustada de verse allí. Todo estaba ocurriendo tan deprisa… Y no sólo hoy. Desde la muerte de su padre, la vida parecía haberse vuelto un torbellino extraño y difícil de asimilar.

Kasimir interpretó el silencio que siguió a las palabras de Adalberht como el pie para que él saliera de la sala. Cuando lo hizo, la distancia entre los dos que permanecían resultaba poco estética… y grosera, sin que ya Kasimir ocupara parte del hueco.

-Me alegro de que Flora haya podido cambiarte -dijo ella, deseando hacer desaparecer la incomodidad de ese primer momento.

-Es estupendo -dijo él, sonriendo por primera vez ante Herta y salvando los pasos que los separaban-. Sobre todo, me siento aliviado por ella: Flora no llevaba nada bien nuestro estado.

Herta le devolvió la sonrisa con un gesto de afirmación, compartiendo el cariño por su amiga común-. Y ¿qué me dices de vuestro otro compañero? No recuerdo su nombre.



Monica Euen

#8853 en Fantasía
#18549 en Novela romántica

En el texto hay: magia, misterio, amor

Editado: 26.08.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar